Cartas: José Juan Tablada-Ramón López Velarde. Discusión sobre Guillaume Apollinaire

 

 

 

 

 

 

La presente publicación forma parte del libro Apollinaire en México. Zone. La jolie rousse editado por el poeta Víctor Manuel Mendiola en el Tucán de Virginia (2017).

 

 

 

México, 18 de junio de 1919

 

Señor don José Juan Tablada,[1]

en Caracas,

 

Muy querido amigo: cálculo que llegaría a sus manos la que le dirigí a Bogotá. Hoy me refiero a su muy grata y muy interesante de abril.

Rafael López, que la considera, como yo, un verdadero documento, quiere que la publiquemos. ¿Da usted su autorización? Yo creo que omitiendo lo relativo a los periodistas, podrá y debería ver la luz. ¿Qué me dice?

Por otra parte, la propaganda que ha hecho usted allá de nuestras cosas es conocida y apreciada aquí más de lo que usted mismo se figura. Todos hemos recibido los periódicos que usted afectuosamente nos envía.

Llegando al punto de su poesía ideográfica, quiero hablarle con absoluta sinceridad, como si me confesara, declarándole, desde luego, que sabré cumplir, espontáneo y gustoso, su encargo, que tanto me honra, de “preservar su obra de odiosas contaminaciones”.

Mi actitud, en suma, es de espera. Hasta hoy, lo ideográfico me interesa, más que por sí mismo, por usted que lo cultiva. Desde que conocí lo de Apollinaire, se me quedó la impresión de algo convencional, y esa impresión persistió después de reproducirse aquí los poemas de usted en La Habana: Los ojos de la máscara me iluminarán, seguramente, ayudándome a concluir mi criterio. Hoy por hoy, dudo con duda grave de que la poesía ideográfica se halle investida de las condiciones serias del arte fundamental. La he visto como una humorada, capaz, es claro, de rendir excelentes frutos si la ejercita un hombre de la jerarquía estética de usted. De cualquier modo, le repito que sabré estar a su lado, con mi convicción de que la prosapia de su musa es una garantía permanente de respetabilidad, aun en los procedimientos más desusados de la belleza. No se resfríe por mis confesiones; al cabo, yo antepongo la responsabilidad de usted a los sistemas exteriores, y me dispongo, además, a entender mejor todo lo que deba esclarecerse en mi conciencia. ¿Cuándo aparecerán Los ojos de la máscara? Dígame también, si no es indiscreto rogárselo, un poco de su vida personal. ¿Está contento?

Ya sabe que lo quiero y admiro.

 

Ramón López Velarde

 

 

 

 

 

 

México, 13 de Noviembre de 1919

 

Mi querido amigo:[2]

 

¿Vio usted en Social de La Habana unos poemas míos que llamo “ideográficios”, dos madrigales y una “Impresión de La Habana”? Pues bien, ellos son los avant coureurs de toda una obra, más de treinta poemas que integrarán mi próximo volumen: Los ojos de la máscara. Hace muchos años leí en la Antología griega de Planudes, que un poeta heleno había escrito un poema en forma de “ala” y otro en forma de “altar”; supe por mis estudios chinos que en el templo de Confucio se canta cierto himno cuyos caracteres escriben, con el movimiento de su danza, los coreógrafos, sobre el pavimento. Por fin vi aquello de Jules Renard: “les fourmis, elles sont: 3333333333”… con lo que sugiere tan admirablemente la inquieta fila de hormigas… En New York hace 5 años hice los “Madrigales ideográficos”. Luego vi algunos intentos semejantes de pintores cubistas y algún poeta modernista. Pero no eran más que un balbucir. Mis poemas actuales son un franco lenguaje; algunos no son simplemente gráficos sino arquitectónicos: “La calle en que vivo” es una calle con casas, iglesias, crímenes y almas en pena. Como la ‘Impresión de la Habana’, es ya todo un paisaje. Y todo es sintético, discontinuo y por tanto dinámico; lo explicativo y lo retórico están eliminados para siempre; es una sucesión de estados sustantivos; creo que es poesía pura…

Lo que me dice de la ideografía me interesa y me preocupa. Le parece a usted convencional… ¿más convencional que seguir expresándose en odas pindáricas, y en sonetos, como Petrarca?... La ideografía tiene, a mi modo de ver, la fuerza de una expresión ‘simultáneamente lírica y grafica’, a reserva de conservar el secular carácter ideofónico. Además, la parte gráfica sustituye ventajosamente la discursiva o la explicativa de la antigua poesía, dejando los temas literarios de calidad de “poesía pura”, como lo quería Mallarmé. Mi preocupación actual es la síntesis, en primer lugar porque sólo sintetizando creo poder expresar la vida moderna en su dinamismo y en su multiplicidad, en segundo, porque para poder subir más, en llegando a ciertas regiones, hay que arrojar lastre… Toda la antigua mise en scéne, mi vieja guardarropía, ardió en la hoguera de Thais convertida…

Cinco años permanecí absolutamente desinteresado de los viejos modos de expresión, buscando otros más idóneos para mis nuevos propósitos. ¡Un lustro! La entomología moderna ha descubierto que la cigarra permanece diecisiete años en un limbo subterráneo antes de surgir y cantar su himno al sol, que estremece el éter primaveral y perdura en las noches del trópico…

Si usted, mi querido amigo, no fuera tan grande poeta, si en su obra no manifestara un ejemplo tan encantador deliberación personal, tomaría a mal esa frase suya: “Dudo que la poesía ideográfica se halle investida de las condiciones serias del arte fundamental”. Estas condiciones y ese arte, ¿no serán, en último análisis, el respeto a la tradición que nos abruma, nos iguala, impidiendo con la tiranía de sus cánones, la diferenciación artística de las personalidades?...

Más bien creo, y me confirma su actitud expectante [sic], en que aún no tiene usted documentación para hacer juicio definitivo. Además, mi poesía ideográfica, aunque semejante en su principio a la de Apollinaire, es hoy totalmente distinta; en mi obra el carácter ideográfico es circunstancial, los caracteres generales son más bien la síntesis sugestiva de los temas líricos puros y discontinuos, y una relación más energética de acciones y reacciones entre el poeta y las causas de emoción… Mis libros “Un día” y “Li-Po” le explicarán mis propósitos mejor que esta exégesis prematura...

 

José Juan Tablada

 

 

 

 

[1] Ramón López Velarde, Obras, Ed. José Luis Martínez, FCE, p. 857.

[2] “La nueva lírica del poeta José Juan Tablada” (El Universal Ilustrado , 13 de noviembre 1919), en José Juan Tablada, Obras Completas, V. Crítica literaria, UNAM, PP. 341-343.

 

 

 

 

Un comentario en "Cartas: José Juan Tablada-Ramón López Velarde. Discusión sobre Guillaume Apollinaire"

  • el mayo 18, 2021 a las 4:25 pm
    Enlace permanente

    Mi admiración a ambos poetas por el uso de la lengua española, mi adhesión a Tablada por la magistral defensa de su estilo poetico con los ahora conocidos como caligramas. A la distancia, ambos me dejan un grato sabor de la diplomacia lirica. Mi nombre es José Antonio García Pérez, li encido en Letras Españolas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Chihuahua.

    Respuesta

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *