Apuntes sobre el miedo. Por Mariana Bernárdez

 

 

 

 

Apuntes sobre el miedo

 

Mariana Bernárdez

 

El miedo legendario repta y atenaza, crepúsculo de los días erigido en portal de fuego que acompaña al corazón del hombre, y cuya incisión revela la sabiduría de una condición primaria que no es la bandera de la racionalidad, sino una grieta de punzante filo y de hondura vasta. Y se le invoca para apaciguar su rostro de mil demonios, pero la razón es vana ante su danza. Y se trata de articular un sentido para exorcizar su poderío, pero es tan sólo el discurso del merolico que pretende engañar al incauto con cuentas de espejo falsas simulando nudos de plata. Y se pretende ignorarlo para no adjudicarle existencia alguna o se le niega para no darle cabida, pero el galope desenfrenado de su voracidad apremia y el sonido de su respiración jadeante va acortando la distancia. Y el oído escucha, paraliza el cuerpo como si en esa detención concentrara su fuerza para dar un salto, como si pudiera librar el pozo dibujado entre una y otra franja del acantilado, y cuando da cuenta de la imposibilidad, los músculos se distienden con la consabida consecuencia del vacío inevitable del terror que lo ha colmado.

In-vacío. Los minutos se demoran aletargando y manteniendo la conciencia en otro plano distante al del hecho. La conciencia, o lo que por ello se pueda entender, se aferra al lugar de su exilio, resiste los embates que le urgen a internarse en la arboleda del cuerpo electrificado. Desconoce el artificio que le lleva a sujetar la consabida descarga de adrenalina porque intuye que su golpe será capaz, además de dilatar la pupila de sus poros, acelerar en desenfreno el latido. Sabe que su condición de intocable se resolverá en un espasmo de naturaleza secreta; de ahí, a la reacción en cadena es cuestión de la disolución de los amarres que ha creído invencibles. A final de cuentas la exploración interior es un tantear terreno desconocido que termina por construir un escenario con mayores alternativas de salvación, porque afuera ya sabe esta mente acróbata lo que la espera.

In-cordura. El miedo conlleva a la indefensión al grado de que el delirio se vuelve la morada inevitable. En dicha zona otra es la argumentación desarrollada, por no decir que la razón derruida sólo acierta a saberse sometida por una oscuridad que no logra atajar, encrucijada que la arrincona hasta el punto de considerar que el ejercicio de libertad es uno de los tantos espejismos a los que ha estado sujeta. Entonces acuden en tropel imágenes cuya evanescencia escapa el concebir de la palabra que arrastrada hacia lo inexpresable yace en testimonio de su fracaso. ¿O será al revés?, la cualidad elusiva del miedo rebasa la definición permisible a pesar de que se conozca con precisión exacerbada su sintomatología. A veces pareciera una primera piel el calosfrío con el que se acompaña su aparición entrecortando el ritmo del respirar, semejando que el aire contenido en los pulmones pudiera desterrar la caricia sigilosa y letal de su autoridad. Su serpentear es señal que advierte, y quizá ello sea el ardid más certero de cualquier artilugio de los que se vale para asentar su señorío.

In-callado. Traspasado el litoral del silencio y rebasada la naturaleza del balbuceo, la mente muda cae al cuerpo, se extiende a través de las ramificaciones dibujadas por la carretera neuronal. La alerta del peligro poco le vale ante el atolondramiento implícito en todo descenso, como si en el recorrido aquello que la ha afligido de forma inmisericorde hubiera desaparecido sin exigencia alguna y el alejamiento hubiera alzado una trinchera de salvoconducto. Cada juntura, y la singularidad de su tensión, la predisponen.

No obstante, permanece con los ojos cerrados tratando de imponerse, por unos cuantos segundos, sobre la carrera del desenlace, porque a veces no es capaz de sobrepasar la inmensidad o el abismo, porque a veces sobrevivir la ferocidad no es suficiente ni lograr seducirla a favor de una serenidad engañosa, y porque a veces cuando la pérdida es consabida la cuestión se dirime en apurar la cicuta para ganar la dignidad.

 

 

 

 

 

Mariana Bernárdez, poeta y ensayista; realizó estudios de posgrado en Letras Modernas y en Filosofía especializándose en el vínculo entre poesía y filosofía; aborda una tradición de autores para quienes la poesía sobrepasa la orilla del lenguaje eficiente y comunicativo. Sus diferentes oficios le han acercado a autores definitivos en la literatura mexicana como Dolores Castro, Ramón Xirau, Raúl Renán, Angelina Muñiz Huberman, entre otros. Su trayectoria enlaza la creación poética con el ámbito académico y el editorial. Es una de las voces más singulares de su generación por su concepción metafórico-simbólica; Ha sido traducida al inglés, italiano, portugués, catalán y rumano; cuenta con más de una veintena de libros publicados entre poesía y ensayo; algunos títulos Don del recuento, 2012. Nervadura del relámpago, 2013. Escríbeme en los ojos, 2013; traducido al portugués por Nuno Júdice, 2015. En el pozo de mis ojos, 2015;  Aliento, 2017, traducido al portugués por Nuno Júdice, 2018. Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte (2018-2021) en el área de Poesía.

 

Fotografía: Gabriela Bautista