Reseña. ‘Volver a casa’, de Alejandro Aura por Carlos Sánchez Emir

 

Volver a casa, de Alejandro Aura

 

Carlos Sánchez Ramírez

 

Hace ya un poco más de diez años llegó a México la triste noticia de que en España acababa de fallecer el poeta Alejandro Aura; no sé cómo fue recibida la noticia, seguramente llenó de pesar, la noticia, a sus amigos y lectores; quizá ocurrió algo similar en aquellos televidentes que lo vieron bailar, reír y hablar de poesía a través de una pantalla. Lo cierto es que el pasado Julio se cumplieron diez años sin Aura.

Alejandro hizo una y mil cosas. Fue promotor cultural, bailarín, actor, dramaturgo y teatrero, pero sobre todo, y hasta el último de sus días, fue poeta. Dedicaré las siguientes líneas a reseñar Volver a casa, libro con el cual ganó el premio Nacional de Poesía Aguascalientes, con este libro Aura logra establecer su figura en las letras mexicanas y figurar como digno representante de la generación del 40, al lado de otros importantes poetas como José Vicente Anaya, Max Rojas o Francisco Hernández.

Inicio apuntando: el poemario consta de dos partes: “I. Hacer Ciudades” y “II. Volver a Casa”. “Hacer Ciudades” nos introduce a un primer y único personaje: la Ciudad, la Ciudad no es solo ese lugar donde ocurre la vida, no es el lugar para la reflexión de la soledad como se puede leer en los versos de Bonifaz Nuño, tampoco ese sitio de profunda somnolencia humana como sucede en Efraín Huerta. Aura habla desde lo hondo de la Ciudad, por eso recurre a dos metáforas en esta primera parte; primera, la Ciudad como la mujer amada; segunda, la Ciudad como una gran casa. Ciertamente, en esta casa está la contradicción, la amargura y la ironía; esta mujer causa todo tipo de emociones y sentimientos, desde el odio profundo hasta el amor casi conseguido. No obstante, no siempre la Ciudad se puede explicar, totalmente, a sí misma; por lo tanto, entre versos aparecen el vagabundo, el enamorado, la muchacha e, incluso, “el dueño de la ciudad”. Aquí me detengo, ese “dueño de la ciudad” sirve para expresar la nostalgia y el apresurado cambio de todo, y repito: los personajes sirven para explicar la urbe.

 

El dueño de la ciudad

tendrá pavor cuando la mire,

sus pobres ojos se querrán salir

a platicar con alguien,

el dolor de sus venas no tendrá remedio

las palabras se le irán estrellando

al tocar el aire,

(...)

 

En “Volver a casa” la Ciudad continúa siendo ese entrañable personaje, pero, mientras en “Hacer ciudades” todo era un continuo presente; en esta parte, el tiempo se quiebra. Entonces, si es presente, pasado o futuro importa poco, lo importante aquí es la Ciudad. Por los poemas pasa el México prehispánico, ese México Tenochtitlan dialoga con el México conquistado y con la Ciudad de México actual. Se vuelve al mito, pero se elimina la solemnidad. Adán y Eva caminan al lado de los Pérez, los García, los Martínez y todos los demás apellidos que trajeron los “barbudos”. Juan de Mena escribe su epitafio y nos hereda el español. Todo puede suceder en la Ciudad de Aura. “No, la ciudad es todito” escribe Alejandro.

El hilo conductor entre estas dos partes va más allá del tema, en la primera parte la Ciudad es una gran casa; en la segunda, nuestra casa es la Ciudad. Por eso Alejandro vuelve a casa, y nos habla de ella como se habla de cualquier casa, con tristezas, amarguras, alegrías y amigables risas. El poeta, o el yo lírico, nos guía y enseña su casa que también es la de nosotros. Por eso, volver a esta casa que es la Ciudad, también, es volver a Aura.

Carlos Ignacio Sánchez Ramírez (Ciudad de México, 1998). Ha sido becario, un par de ocasiones, en el Curso de Creación literaria para jóvenes de la Fundación para las Letras Mexicanas y la Universidad Veracruzana y, de igual manera, becario del Festival Cultural Interfaz ISSSTE-Cultura/Los Signos en Rotación. Forma parte del “Taller literario Igitur” y del proyecto “Crítica y Pensamiento en México”. Actualmente es estudiante de Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Textos suyos aparecen en diversas revistas digitales.  Cultiva la poesía.

 

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