Para un retrato de Mariana Bernárdez. Por Vicente Quirarte

 

Fotografía: Rogelio Cuéllar

 

 

 

 

La mirada a veces podrá desdoblarse

y asistir puntual al despliegue alterno

de una conciencia obstinada

en no querer saber

si la palabra que encierra

es temblor o sentir inasible

que atruena y se derrumba

ante el sueño que la fustiga

por la espina de un árbol

no caído del cielo

o por esa tu indolencia

de herirte en mí.

 

 

 

 

Rumor de Niebla, Ediciones Del Lirio/Bonobos, México, 2020. 122 páginas.. El poemario puede adquirise en el siguiente enlace. https://edicionesdellirio.com.mx/index.php/product/rumor-de-niebla/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para un retrato de Mariana Bernárdez

 

 

Vicente Quirarte

 

 

El título del presente libro equivale a un manifiesto de la poesía. Esta nace del silencio y su misión es llegar a oídos del otro para hacerle comprender las múltiples posibilidades de ese territorio donde la palabra está por nacer. Pero Rumor de niebla es igualmente una definición y un retrato de la propia autora de estos versos: Mariana Bernárdez es como la niebla que nace con el nuevo día, nos envuelve en su manto protector, crea la ilusión de que la realidad no existe, acentúa paradójicamente cada una de las formas y se disuelve a lo largo del día para ofrecernos el privilegio de su transformación en agua, gracias la paulatina caricia del sol.

Su poesía, como su persona: suave pero llena de estridencias, de sonido y furia que pretenden y logran despertar al dormido. Sacudir al indiferente. Para lograr tal objetivo, Mariana ha utilizado las dos alas que la impulsan: la filosofía y la poesía, ambos deberes del espíritu, y que pretenden llegar a comprender la actuación de este breve “animal metafísico cargado de congojas”, pero también de súbitas iluminaciones y relámpagos que nos permiten por instantes ver del otro lado.

A lo largo de este libro hay numerosas intertextualidades, cruces, coincidencias que la poeta comparte con su potencial lector: la presencia constante de Pablo Picasso, los aletazos de San Malcolm Lowry, ya para siempre unido a tierra mexicana, síntesis del espíritu creador que al indagar descubren nuevas vetas para la curiosidad del cuerpo y del alma; las palabras y los hallazgos de Rainer Maria Rike, Paul Celan, San Juan de la Cruz, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Pedro Salinas hacen de Rumor de niebla no un libro  de cultismos sino una provocación y un desafío. En este sentido es agradecible la humildad de la autora, que nos invita a experimentar con ella las emociones que le provocaros sus visiones y lecturas.

El ciervo. Sus huellas finas y permanentes recorren el bosque de este libro.  Emblema de la renovación cíclica, Cristo llamando al alma, mediador entre el cielo y la tierra, mensajero de los dioses. Sus múltiples significados encuentran en los versos de Mariana Bernárdez morada pasajera, pues el ciervo, siempre inquieto y nervioso, con el olfato presto para captar la dirección del viento, está en perpetua huída. Lo mismo sucede con las otras actuaciones de la realidad, que Mariana encuentra y recupera en este libro lleno de interrogantes y de dudas. Otro posible título sería Libro del desengaño, pues Rumor de niebla se yergue como un faro que no pretende dar respuestas, sino obligar al lector a completar los huecos, las preguntas y las dudas que nos vuelven humanos, gloriosos, imperfectos.

Al principio de estas líneas hablé de la obligación contraída por una mujer de palabra, como lo es Mariana Bernárdez. Tiene plena conciencia de que el deber implica saber y viceversa. Hacia un saber del alma, exige su admirada María Zambrano. Ambas se han valido de maneras arriesgadas para aproximarse al abismo, de bordearlo como corresponde a una persona de gran alma, como exigía el gran Eliseo Diego.

Mucho podría añadirse de Mariana Bernárdez, de su amor y habilidad por la caligrafía, de la seguridad que muestra en cada uno de sus actos, de la firmeza de sus convicciones que parecen estar en permanente contradicción con la suavidad amable de su persona. Debajo de cada uno de estos versos arde un mar de lava. La desnudez de sus  versos está plena de significado, del espíritu que al despojarse de sus estorbos elementales, llega a la esencia:

 

Sé que dirás que nada pasa

pero yo sé

que en este nada pasa

sucede el pasar

 

Nada pasa pero todo sucede. La afortunada ambigüedad del verbo pasar permite que en su sonido de viento, en sus alas mágicas, todo tenga lugar. Bienvenidos a la lectura de este libro, que inicialmente nos perturba el alma para dejarnos preparados para el siguiente desafío. De otra manera no existiría el arte. Las palabras de Mariana Bernárdez demuestran su carácter invencible, necesario.

 

 

 

 

 

Vicente Quirarte. Nació en la ciudad de México, el 19 de julio de 1954. Poeta, narrador y ensayista. Estudió las maestrías en Lengua y Literaturas Hispánicas y en Letras Mexicanas, y el doctorado en Letras en la FFyL de la UNAM. Ha sido profesor de la UIA, la FES Acatlán, la UAM-Azcapotzalco, el Austin College, Texas (profesor visitante), la División de Estudios de Posgrado y la FFyL de la UNAM; investigador del IIFL de la UNAM; director del Instituto de Investigaciones Bibliográficas; miembro de la comisión consultiva del CONACULTA; director general de publicaciones de la UNAM; fundador de la colección El Ala del Tigre; fundador y miembro del consejo de redacción de Sin Embargo; miembro del consejo de redacción de Vaso Comunicante; secretario de redacción de Revista de la Universidad de México y de Amatlacuilo; director de la Biblioteca Nacional. Colaborador de Amatlacuilo, El Economista (columnista de Geografía Literaria), Revista de la Universidad de México, Sin Embargo, Unomásuno Vaso Comunicante. Miembro del SNCA en 1997 y 2000. Miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua desde 2003. Miembro del SNI desde 2004. Miembro de El Colegio Nacional a partir de 2016. Becario del INBA / FONAPAS, 1977. X Premio Punto de Partida, 1977. Premio Nacional de Poesía Joven de México Elías Nandino 1979 por Vencer a la blancura. Medalla Gabino Barreda 1989 para estudios de posgrado. Premio Nacional de Ensayo Literario José Revueltas 1990 por El azogue y la granada: Gilberto Owen en su discurso amoroso. Premio Xavier Villaurrutia 1991 por El ángel es vampiro. En 1994 recibió la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de Creación Artística y Extensión de la Cultura. Premio Sergio Magaña 2000. Premio Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde 2011. Premio Universidad Nacional 2012 en la categoría de Creacíón Artística y Extensión de la Cultura.

 

 

 

 

 

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