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Angostura: en defensa de la lectura de Mariana Bernárdez. Por Dr. Manuel F. Medina

 

 

 

 

Angostura: en defensa de la lectura de Mariana Bernárdez

 

Dr. Manuel F. Medina

 

Department of Classical and Modern Languages

Louisville, KY 40292

 

 

En los últimos años los ataques a las humanidades se han agudizado, continúan siendo tildadas de obstáculos en la carrera de los científicos que sólo quieren aprender detalles relacionados con su campo. Resulta refrescante recibir un texto de la envergadura de Angostura: en defensa de la lectura de Mariana Bernárdez. Reconozco que mi propia evaluación de libro se basa en que combina magistralmente el tema y la técnica, dos detalles que siempre me fascinan como consumidor de textos tanto visuales como gráficos y este texto califica como los dos. Hago paréntesis en mi comentario, para recalcar el cuidado que se la ha dedicado al diseño del libro y a las impresionantes ilustraciones de María Bastidas Herrera y Rocío Solís Cuevas.

Como poeta de oficio, Mariana obviamente ha publicado prolíficamente títulos de poesía. Como intelectual, con las debidas acreditaciones académicas, ha publicados ensayos o textos largos. Este tipo de publicaciones siempre han subvertido o amagado subvertir las convenciones de género literario, lo que resulta importante mencionar al hablar de una escritora con una predilección por los clásicos griegos. Al recibir mi copia de Angostura: en defensa del leer y mientras lo leía para participar en la presentación del libro, asumí que se trataría de una nueva recolección de poesía o de un ensayo. Al examinarlo detenidamente percibí que resultaba complicado ubicarlo nítidamente bajo un membrete. Se lo ha escrito con la maestría lírica a la que Mariana nos tiene acostumbrados y que se basa en el uso de un lenguaje muy bien trabajado, metáforas cuidadosamente construidas, reflexiones que invitan a la deliberación profunda de temas intelectualmente avanzados, y sobre todo, a re-lecturas. Este texto habita muchos territorios sin permitir que se lo asuma cómodamente como parte de uno o de otro. El libro mismo juega auto-referencialmente con este aspecto del mismo con la simple frase “El libro es.” (107).

De entre las múltiples partes del libro que me obligaron a iluminarlas o subrayarlas destaco el capitulo XII por la lectura referida a uno de mis cuadros favoritos, Una muchacha en la ventana de Dalí. Repito, la hablante del poema hace una lectura de un cuadro:

 

Navega navegadamente, recitaría otro poeta primordial, tal vez al recordar el mar azulísimo apresado por Dalí en Una muchacha en la ventana. La figura se fusiona con la del pintor en la ejecución del cuadro, se atiende al cuerpo de espaldas de la muchacha absorta y acodada, que observa el oleaje calmo.

El ojo en su triple salto mortal reinventa la multiplicidad de los planos. Cualquier rastro es una intersección y los siglos se estrechan en su distancia (95).

 

Nótese la combinación intertextual partiendo de la lectura del verso del poema enlazada o tejida en las emociones que provoca la manera en que Dalí ha “ejecutado” el cuadro. Aunque la pintura provoca todas las sensaciones descritas, éstas no se podrían manifestar sin el lenguaje que eventualmente nos permite articularlo: “este es el periplo del lenguaje, éste, el de las ideas, esto o aquello, o los dos.”

La ventana era muy azul y el mar también, y ganó para sí el imaginario que develaría su destierro en la “Variación I. Azules” (95).

Y el énfasis en el rol del lenguaje para poder “materializar las emociones que provocan las artes”: ¿Qué se prolonga en la víscera del lenguaje?

 

Menciono igualmente las secciones en que la escritora conversa con su futuro lector dándonos una nueva versión del acceso al acto creativo que se inicia con contemplar una página en blanco y que generalmente asumimos con un acto solitario. En el libro se lo vuelve dinámico en las conversaciones con un posible lector futuro, y con la escritora mismo que re-lee lo que ha escrito y se convierte en parte de la audiencia para la que se ha creado el texto o para la que crea el texto en el momento en que se construye el poema.

El libro Angostura: en defensa de la lectura de Mariana Bernárdez me ha impresionado mucho. Probablemente mi percepción del valor estético del libro se refleje del que lo haya leído dos veces consecutivas, algo que rara vez acostumbro hacer, debido al entusiasmo alucinante que ha despertado en mí su lectura. Aclaro que soy un lector muy asiduo y que leo libros con una voracidad vertiginosa. Y por ende ideológicamente me alineo con las propuestas estéticas, temáticas y formalistas del mismo. Pertenezco a un grupo de lectura al que me siento muy orgulloso de formar parte y que hemos venido leyendo 11 novelas por año desde hace 23 años. Como grupo, el domingo pasado discutimos cuentos de Borges en una sesión de celebración de un aniversario más. Al leer textos provenientes de Ficciones, hice eco de la inclusión de Borges de parte de Mariana Bernárdez sobre lo que Peter Brooks llamaría “la coherencia final’ y a lo que Borges califica de “el apremio del llamado del libro” (18).   Mariana Bernárdez compone una experiencia estético-visual sugiriendo que la misma procura satisfacer el deseo narrativo que se inicia desde el momento en que un lector coloca un libro nuevo en sus manos:

 

Cierra los ojos, siente el peso del papel, toca las hojas que lo entrañan y adivina el gramaje distinto que compone sus guardas y sus tapas; presiente los tejuelos, sigue el entalle de su lomo con costillas y entrenervios, repasa el refinado de su corte delantero cóncavo, la solapa…

Aguarda, repara en su encuadernación, cosida con hilo de seda… Acércalo a tu rostro, deja que el olor de los pigmentos atormente tus sentidos.

Maravíllate ante su perfección.  115

 

La hablante (o quizá deba decir la voz narrativa o narradora) de Bernárdez alude así a este acto o a la sensación que representa la lectura de los textos en busca de una coherencia final que satisfaga el deseo de los lectores que abren las primeras páginas de un libro procurando sus propios fines. Y toda esta conversación sobre la lectura encajó dentro de nuestra sesión en que nos dedicamos precisamente a leer cuentos de Ficciones como que si deshebráramos un tapiz para reconstruirlo después de haber analizado hasta quedar exhaustos cada detalle dejado allí de manera magistral por uno de los maestros del oficio de escribir. Y que como lectores tratamos de complementar su juego haciendo la parte que nos corresponde. Como profesor, me fascina ver cómo se iluminan los ojos de los lectores al descubrir detalles dejados en la página como pistas escondidas a plena vista por el escritor argentino. Y una vez llegado a ese punto, poder “entender” la trama y satisfacer esa pasión que nos induce a leer con el celo de un deseo lacaniano de llenar un vacío que nos acosa y que no podemos llenar. Pero que seguimos intentando cubrirlo leyendo otro libro más:

 

¿Quién no ha sentido el apremio del llamado del libro? Difícil no responder a esa pasión de querer saber qué habrá de ocurrir con la trama recientemente estrenada. Sin más se quisiera que las horas de lectura fueran una amorosa dilación, y que el placer perdurara. (Bernárdez 18).

 

Mi última observación que me remonta a los palimpsestos en los que al borrárselos para poder re-escribir otro libro en su lugar, naturalmente quedaban huellas de libros anteriores que habían habitado el mismo espacio.  El libro menciona los libros de viejo que almacenan las miradas de los que los han consumido antes como parte integral de libro que ahora se compone también de todas esas miradas (gaze) que se han posado en las páginas al estudiarlas y disfrutado de haberlo leído. Extiendo la conversación para incluir dispositivos como electrónicos actuales como Kindle o iPad que permiten que lectores que nunca se han conocido puedan compartir sus reflexiones provocadas por sus lecturas al momento de estudiar cierto pasaje. Las posibilidades de disfrutar de la lectura se vuelven aún más exponenciales de lo que pensábamos posible; en conclusión, se puede comparar a la invención de la imprenta.

No hay que defender la lectura. Las emociones que provoca resultan irremplazables. Vamos a seguir leyendo aunque se alteren los medios en los que se puedan disfrutar de los libros.

Los invito a deleitarse con la lectura de este libro que provoca tantas reflexiones sobre el acto de leer, escribir, consumir la lectura y satisfacer el deseo de todo lector de alcanzar la coherencia final.