Reseña de “Las manos en la Madre” de Marisa Martínez Pérsico

 

 

La memoria como personaje. La escritura disemina los géneros

y las estructuras en Las manos en la madre

Fernando Salazar Torres

 Alrededor del mundo, sobre todo en el ámbito occidental, la literatura, especialmente la escrita desde el principio de las vanguardias, se ha puesto con toda intención en quiebre, sus hacedores todavía desestabilizan los parámetros y los códigos de género para hacer, se afirmó a lo largo del siglo XX, con poéticas, manifiestos y actas, la nueva literatura. En Latinoamérica se logró con bastante entusiasmo y éxito. La postvanguardia continuo, con modificaciones en el lenguaje y la alteridad de las formas, pero la narrativa tuvo su cúspide en el boom latinoamericano. Desde entonces han sucedido cambios notables en la comprensión estética, si también se considera que muchos de los distintos autores igualmente son estudiosos de las teorías literarias y ejercen como críticos de poéticas. Este cruce da por resultado, muchas veces, obras notables. Tal es el caso de Las manos en la madre (RIL editores, 2018), de Marisa Martínez Pérsico, autora de origen argentino, que vive en Italia, pero publica en España. La genealogía ya es hibrida como híbrida es la novela señalada.

¿Qué es un híbrido literario? No es simple, no se trata de la mera mezcla de los géneros literarios. Un híbrido de la desterritorialización de marcas tipológicas, la diseminación de la escritura, la diáspora genérica hacia otros campos literarios.

En nuestro tiempo es un tema principal entre estudiosos y creadores, inquieta no tanto por su ambigüedad genérica como por la variedad de procedimientos dispuestos en la estructura escritural. En el caso específico de la obra mencionada, se trata de una novela, pues en la portada el editor  marca la seña, no obstante también es un diario de viaje, pero es el diario de la reminiscencia, acaso el personaje central de la obra ni siquiera es la propia autora, que se construye a sí misma en la narración —autonarración o autoficción—, pero tampoco el eje son sus singulares personajes quienes a través de sus historias se crean saltos temporales, paréntesis textuales, cruces semánticos, sino que la memoria es el personaje real e histórico, y, así, la memoria adquiere autonomía respecto del yo empírico.

La memoria también es escritura, crea sus metáforas y metonimias. Paul Ricoeur escribió un libro central, tres volúmenes, Tiempo y narración (2009), en el cual desarrolla la idea del impacto de la narración y sus variaciones, el tiempo en la narrativa es la extensión del ser humano, de la vida misma. Las manos en la madre sí es el diario de la memoria, pero está inacabado. “Un diario no es otra cosa que un diálogo postergado con el futuro” (Martínez Pérsico, 132). La dimensión textual es la vida de un pasado hecho presente, manifiesto por una serie de recuerdos escritos, de tal índole que “la composición de la trama se enraíza en la pre-comprensión del mundo de la acción: de sus estructuras inteligibles, de sus recursos simbólicos y de su carácter temporal” (Ricoeur, 1983: 116). Esto mismo es lo que sucede con la novela con un hondo dilema, como dije antes, el inacabado pasado, pues justo en la página 133 la autora escribe “Ayer lo vi de nuevo y [Segmento de páginas arrancadas]”.

Este cambio tipográfico destaca que la oración entre corchetes no corresponde a la voz elocutiva de la narradora o el yo autonarrado, sino otro yo o alguien que hace percatar al lector que se presenta un vacío. ¿Qué es exactamente eso que había en el diario, en la memoria, en la narración, de las páginas arrancadas? No lo sabremos, quizá tampoco la autora lo recuerda, pero sí existe en la memoria, está en el tiempo, o bien, quedó atrapado en la escritura que se hizo salir del diario.

El final, sin decir de qué trata, pues el lector debe descubrirlo al leer la novela, es la abertura de esa extensión temporal infinita; es decir, la narración, a manera de diario memorioso, novela, fragmentos, digresiones o fugas expresivas y textuales, cuenta una historia personal de hace mucho tiempo, que trae de nueva cuenta mediante la memoria incrustada en la literariedad de la obra, de tal modo que la escritura, es decir, el mismo libro, la obra acabada o inacabada, ambas variables resultan factibles, me refiero a Las manos en la madre, también es un borrador que está destinado a ir de mano en mano del viajero o paseante (metonimia del lector). Final encantador e inesperado.

Ahora bien, la historia cruza otras historias, la diégesis son varias diégesis cuyos personajes también son memoria y tiempo. Desconcierto. ¿De qué va Las manos en la madre? Detrás de todo esto existe un intencional maquinaria de procedimientos que manipulan la textualidad para romper con los códigos del género, hay una pretendida descodificación de la novela como estructura. Está presente también la conciencia de las teorías literarias, por ejemplo Benveniste o Gerard Genette.  Este último autor, en Palimpsestos: la literatura en segundo grado, señala el mecanismo de la transtextualidad. Eso se sitúa para crear sentido y son varios paratextos: las citas de Jean-Paul Sartre (Las palabras), Silvina Ocampo (La promesa), Donald Winnicott (El hogar, nuestro punto de partida), Gustave Flaubert (Bouvard et Pécuchet) y James Joyce (Finnegans Wake).

Tales epígrafes sirven más como mecanismos de escritura que como vías de lectura, fórmulas incrustadas, obras, ideas, teorías de otros autores que dialogan más con los procedimientos que con los temas de la novela. Por último, el final, que es otra historia, abre las posibilidades de otras historias, es la renuncia de la protagonista, del yo ficcional que renuncia al diario, lo deja para que alguien más lo tome. Y a manera de ficción, espero ese tiempo para encontrarme con ese diario y leerlo para cumplir un capricho que ya está escrito y volverme así un personaje configurado por una memoria que no es mía.

 

 

Bibliografía

Martínez Pérsico, Marisa (2018), Las manos en la madre, Barcelona, RIL editores.

Genette, Gerard (1989), Palimpsestos. La literatura en segundo grado, Madrid, Taurus.

Ricoeur, Paul (1986), Tiempo y Narración, vol. I, México, siglo XXI.

Fernando Salazar Torres. Poeta, ensayista y gestor cultural. Licenciado en Filosofía por la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Iztapalapa (UAM-I), Maestría en Humanidades (UAM-I). Estudia el Doctorado en Literatura Hispanoamericana en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP). Ha publicado los poemarios Sueños de cadáver y Visiones de otro reino. Su poesía y ensayos se han publicado en distintas gacetas y revistas literarias impresas y electrónicas. Director de la Revista Literaria Taller Ígitur, coordina las mesas “Crítica y Pensamiento en México” y Diótima. Encuentro Nacional de Poesía. Dirige el Taller Literario “Ígitur”. Colabora en la revista literaria “Letralia. Tierra de Letras” con la serie de poesía mexicana “Voces actuales de México”.

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