Conferencia sobre dadá: Tristan Tzara

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Conferencia sobre dadá

 

Tristan Tzara

 

 

Señoras y Señores:

 

 

No tengo que decirles que para el auditorio en general y para ustedes, el público refinado, el dadaísta es igual a un leproso. Pero esto no es meramente una forma de hablar. Cuando estas mismas personas se acercan a nosotros, nos tratan con aquel dejo de elegancia que proviene de sus antiguas costumbres de creer en el progreso. A diez yardas de distancia, el odio vuelve a hacer su aparición. Si ustedes me preguntan, por qué no sabría qué contestarles.

Otra característica del dadá es que continuamente se están alejando nuestros amigos. Todo el tiempo se están marchando y renunciando. El primero en presentar su renuncia al Movimiento dadá fui yo. Todo mundo sabe que el dadá no es nada. Romí con dadá y conmigo mismo en cuanto aprendí las implicaciones de la nada.

Y si sigo haciendo algo, es porque me divierte, o porque necesito hacer algo que pueda yo utilizar y satisfacer en donde quiera que yo esté. Básicamente, los verdaderos dadaístas siempre han estado alejados del dadá. Aquellos que actuaron como si el dadaísmo fuera lo suficientemente importante como para renunciar a él con gran ruido han sido guiados por un deseo de publicidad personal, probando con ellos que los falsificadores siempre han culebreado como lombrices sucias entrando y saliendo de las religiones más puras y radiantes.

Yo sé que ustedes han venido hoy a escuchar explicaciones. Pues bien, no esperen oir ninguna explicación sobre el dadaísmo. Ustedes explíquenme por qué existen. No tienen la menor idea. Dirán: yo existo para hacer felices a mis hijos. Pero dentro de sus corazones saben que eso no es cierto. Dirán: existo para proteger a mi patria en contra de las invasiones de los barbaros. Esa es una buena razón. Dirán: existo porque Dios lo quiere. Ese es un cuento de hadas para niños. Ustedes nunca podrán explicarme por qué existen, pero siempre estarán dispuestos a mantener una actitud muy seria ante la vida. Nunca entenderán que la vida es un chiste, ya que nunca estarán lo suficientemente solos como para rechazar el odio, los juicios, todas aquellas cosas que requieren de un esfuerzo para lograr la calma y un nivel de estado de ánimo que haga que todo sea igual y sin importancia.

Dadá no es del todo moderno. Se aproxima más a un retorno a una religión, casi budista, de la indiferencia. Dadá cubre las cosas casi con una delicadeza artificial, una nevada de mariposas salidas de la cabeza de un prestidigitador. Dadá es la inmovilidad y no entiende las pasiones. Ustedes dirán que esto es una paradoja ya que el dadá sólo se manifiesta al través de actos violentos. Sí, las reacciones de los individuos contaminados por la destrucción son algo violentas, pero cuando estas reacciones se agotan aniquiladas por la satánica insistencia de un ¿por qué? Continuo y progresivo, lo que permanece, lo que domina es la indiferencia. Pero en forma igualmente convincente puedo afirmar lo contrario.

Admito que mis amigos no están de acuerdo con este este punto de vista. Pero la Nada sólo puede ser explicada como el reflejo de un individuo. Y por esto que será válido para todo mundo, ya que todos son importantes solamente para el individuo que se expresa a sí mismo. Y aún eso es demasiado para mí. ¿Cómo se me puede pedir que hable de todos los hombres al mismo tiempo, y que además les dé gusto a todos?

Nada es más delicioso que confundir y molestar a la gente. A la gente que a uno le cae mal. ¿Para qué darle explicaciones que nada más sirven para alimentar la curiosidad? La verdad es que la gente sólo se ama a sí misma y a sus posesiones, sus ingresos y su perro. Esta situación es el resultado de una concepción errónea sobre la propiedad. Si uno es pobre de espíritu, uno posee una inteligencia segura e indomable, una lógica salvaje, un punto de vista que no puede ser modificado. Tratan de estar vacíos y de llenar las células de su cerebro con una felicidad mezquina. Siempre destruyen lo que tienen dentro, en caminos al azar. Entonces podrán comprender muchas cosas. Ustedes no son más inteligentes que nosotros, y nosotros no somos más inteligentes que ustedes.

La inteligencia es una organización como muchas otras, la organización de la sociedad, la organización de un banco, la organización de una plática en un té de sociedad. Sirve para crear orden y claridad en donde no las hay. Sirve para establecer una jerarquía estatal; para establecer clasificaciones de trabajo racional; para separar asuntos de orden material de aquéllos de orden cerebral, pero considerando muy seriamente a los primeros. La inteligencia es el triunfo de una buena educación y del pragmatismo. Afortunadamente la vida es algo distinta y sus placeres son muchos. No se pagan con la moneda de la inteligencia líquida.

Estas observaciones sobre las condiciones diarias nos han llevado a darnos cuenta de lo que constituye nuestra base mínima de acuerdo, además de la simpatía que nos une y que no tiene explicación. No hubiera sido posible basar nuestro acuerdo en principios. Ya que todo es relativo. ¿Qué es lo Bello, lo Bueno, el Arte, la Libertad? Palabras que tienen significados distintos para cada persona. Palabras que pretenden lograr un acuerdo entre todos, y es por esto que se escriben con mayúsculas. Palabras que no tienen el valor moral ni la fuerza objetiva que la gente ya tiene la costumbre de encontrarles. Su significado cambia de un individuo, de una época, de un país a otro, los hombres son diferentes entre sí. La diversidad es lo que hace que la vida sea interesante. No existe ninguna base común en la mente humana. El inconsciente es inagotable e incontrolable. Su fuerza es mayor que la nuestra. Es tan misteriosa como la última partícula de una célula del cerebro. Aunque lo conociéramos no podríamos reconstruirlo.

¿Qué bien nos hicieron las teorías de los filósofos? ¿Acaso nos ayudaron a dar un paso hacia adelante o hacia atrás? ¿Qué es hacia adelante y qué es hacia atrás? ¿Acaso cambiaron nuestras formas de satisfacción? Somos. Discutimos, nos peleamos, nos excitamos. Lo demás es una salsa. A veces agradable, a veces mezclada con infinito aburrimiento, un pantano salpicado con manojos de arbustos secos.

Tenemos bastantes movimientos reflejos que han aumentado excesivamente nuestra credulidad en los beneficios de la ciencia. Lo que deseamos ahora es la espontaneidad. No porque sea más hermosa o mejor que otra cosa. Sino porque todo loo que surge libremente de nosotros mismos sin intervención de ideas especulativas, nos representa. Es necesario acelerar esta cantidad de vida que se gasta fácilmente por todos los rincones. El arte no tiene ese valor divino y que nos complace otorgarle. La vida es interesante de otra manera. Dada alardea de conocer la justa medida que es preciso dar al arte; lo incorpora con medios sutiles y pérfidos a los actos de la fantasía cotidiana. Y recíprocamente. En arte, Dada conduce todo a una sencillez inicial pero relativa. Mezcla sus caprichos con el viento caótico de la creación y con las danzas bárbaras de las tribus salvajes. Quiere que la lógica se reduzca a un mínimo personal y que la literatura se desatine, ante todo, a aquel que la hace. Las palabras también tiene un peso y sirven para una construcción abstracta. El absurdo no asusta, porque desde un punto de vista más elevado, todo en la vida me parece absurdo. Solamente la flexibilidad de nuestras convenciones relaciona actos dispares. La Belleza y la Verdad en arte no existen, lo que me interesa es la intensidad de una personalidad, plasmada directamente, evidentemente, en su obra, el hombre y su vitalidad., el ángulo con el cual mira los elementos y la manera de como sabe recoger en el cesto de la muerte las sensaciones y las emociones, esos encajes de palabras.

Dada intenta saber lo que significan las palabras antes de utilizarlas, no desde el punto de vista gramatical, sino desde el representativo. Los objetos y los colores se tamizan también por el mismo filtro. No nos interesa un nueva técnica, sino el espíritu. ¿Por qué queréis que una renovación pictórica, moral, social o poética nos preocupe? Todos sabemos que estas renovaciones de medios son solo sucesivas costumbres de las diferentes épocas de la historia, cuestiones poco interesantes de modas y fachadas. Sabemos demasiado bien que las personas trajeadas del Renacimiento eran poco más o menos las mismas que las de hoy y que Tchouang Tseu era tan dada como nosotros. Estáis equivocados si tomáis dada como una escuela moderna, o incluso como una reacción contra las escuelas actuales. Varias de mis afirmaciones os han parecido viejas y naturales, es la mejor demostración de que sois dadaistas sin saberlo y quizás desde antes del nacimiento de dada.

Con frecuencia oiréis decir : Dada es un estado de espíritu. Podréis estar alegres, tristes, afligidos, felices, melancólicos, podéis ser soñadores, indiferentes, fantasiosos, comerciantes, delgados, enervados, vanidosos, amables o dada. Más tarde, en el transcurso de la historia, cuando Dada llegue a ser una palabra precisa y habitual, y cuando la repetición popular le dé el sentido de una palabra orgánica con su necesario contenido, uno será dada sin sin vergüenza ni desprecio, puesto que ¿quién piensa aún hoy en literatura al calificar de romántico un lago, un paisaje, un carácter? Poco a poco, pero seguramente, se forme un carácter dada.

Dada está ahí, un poco por todas partes, tal como es, con sus defectos, con las diferentes personas, que admite y observa con indiferencia. Muy frecuentemente se nos dice que somos incoherentes, y se quiere atribuir esta palabra como una injuria que me es bastante difícil de comprender. Todo es incoherente. El señor que decide darse un baño, pero se va al cine. Otro que quiere quedarse tranquilo, pero que dice lo que no le pasa siquiera por la cabeza. Otro que tiene una idea exacta sobre cualquier cosa, pero solo alcanza a expresar lo contrario en unas palabras que para él son una mala traducción. Ninguna lógica. Relativas necesidades descubiertas a posteriori, válidas no desde el punto de vista de su exactitud sino como escusas.

Los actos de la vida no tienen comienzo ni fin. Todo sucede de una manera muy idiota. Por eso todo es parecido. La sencillez se llama dada.

Querer conciliar un estado inexplicable y momentáneo con la lógica, me parece un juego divertido. Nos basta ampliamente con el convencional lenguaje hablado, pero por nosotros solos, por nuestros íntimos juegos y nuestra literatura, ya no lo necesitamos.

En pintura las cosas ocurren de la misma manera, Los pintores, los técnicos que logran muy bien que un aparato fotográfico filme mucho mejor, continuarán el juego. Nosotros haremos el nuestro. No sabemos por qué ni cómo. Con todo lo que nos venga en mano. Estará mal hecho, pero no nos importa.

Los inicios de Dada no eran los comienzos de un arte, sino los de una repugnancia. Repugnancia por la magnificencia de los filósofos que desde hace 3.ooo años nos lo explicaron todo (¿con qué objetivo?), repugnancia por la pretensión de esos artistas representantes de dios en la tierra, repugnancia por la pasión, palpable mezquindad, malsana, aplicada allí donde no vale la pena, repugnancia por una nueva forma de tiranía y restricción, que no hace sino acentuar el instinto de dominación de los hombres en lugar de atenuarlo, repugnancia por todas las categorías catalogadas, por los falsos profetas tras los que hay que encontrar intereses de dinero, orgullo o enfermedades, repugnancia por los diferenciadores entre el bien y el mal, lo bello y lo feo, (porque ¿por qué es más apreciable poner rojo en vez de verde, a izquierda o a la derecha, grande o pequeño?), repugnancia al fin por la dialéctica jesuítica que puede explicar todo e inculcar en los cerebros de los pobres ideas oblicuas y obtusas que no tienen pies ni cabeza, todo esto mediante artificios cegadores e insinuantes promesas de charlatanes.

Dada, tras haber atraído de nuevo la atracción del mundo entero acerca de la muerte, acerca de su constante presencia entre nosotros, camina destruyendo cada vez más, no en extensión, sino en sí mismo. De todas sus repugnancias no saca por otro lado ningún partido, ningún orgullo y ningún provecho. Ya ni siquiera combate, porque sabe que no sirve para nada, que todo esto no tiene importancia. Lo que le interesa a un dadaista es su propia forma de vivir. Y aquí abordamos lugares reservados al gran secreto.

Dada es un estado de espíritu, Por eso se transforma acorde a las razas y a los acontecimientos. Dada se aplica a todo, y sin embargo no es nada, es el punto donde el sí y el no se encuentran, no solemnemente en los castillos de las filosofías humanas, sino muy sencillamente en la esquina de las calles como los perros y los saltamontes.

Dada es inútil como todo en la vida.

Dada no pretende nada como debería ser la vida.

Tal vez me comprendáis mejor cuando os diga que dada es un microbio virgen que se introduce con la terquedad del aire en todos los espacios que la razón no ha podido de llenar de palabras ni convenciones.

 

 

 

 

Trsitan Tzara (Rumania, 1896-Francia, 1963). Su verdadero nombre parece ser Samy Rosenstock aunque Tzara lo negó rontundamente.  En 1916 encontrándose en Zürich, fundó con el judío rumano Marcel Janco, los alemanes Hugo Ball y Huelsenbeck, y el alsaciano Arp, el movimientoDada. Publicó diversos números de la revista "Dada" cuya influencia fue muy notoria en Alemania y posteriormente en Francia.  En 1919 llegó a París, donde estableció el centro del movimiento dadaísta con los colaboradores de "Littérature": Breton, Aragon, Soupault, Picabia y Jacques Rigaut entre otros.  En 1922 se distanció de Breton y sus amigos, que empeñados en una obra más constructiva desembocarían en el surrealismo.  En 1929 se reconcilió con los surrealistas hasta 1935, fecha en la que se separó definitivamente para adherir a la política del partido Comunista.