Reseña de “Para habitar mi nombre”, de Ricardo Plata

Reseña de Para habitar mi nombre

 

Kevin Aréchiga del Río

 

Para habitar mi nombre ​(Literalia, 2018), de Ricardo Plata Soto, es una evidencia rotunda del brío con el que los poetas jóvenes están irrumpiendo en el campo de la literatura mexicana a la vez que renuevan las letras nacionales. En este libro el sexo, la soledad y la muerte atraviesan cada poema con la finalidad de echar luz sobre la vida del escritor y crítico colombiano Andrés Caicedo, quien a pesar de su muerte prematura (ya que se suicidó con pastillas a los 25 años) sigue influyendo en las generaciones contemporáneas y es un referente ineludible de la literatura latinoamericana.

El objetivo principal de este poemario no es, como pudiera pensarse a simple vista, hacer una biografía lírica de Caicedo; por el contrario, se trata de una meta más ambiciosa: la reconstrucción de un hombre “cuya presencia se encuentra diluida entre páginas escritas hace décadas, en las imágenes más conmovedoras de cartas que se han ocultado, en los recuerdos más sutiles de los testimonios que se han olvidado”. De corta extensión (no más de 50 cuartillas) pero de una densidad difícilmente agotable en una sola lectura- este poemario lleva otorga al lector una imagen vívida de los sentimientos más íntimos de Andrés Caicedo para que atisbe cómo vivió él la soledad, cuál era su desesperanza y cuántas sus ansias de morir. De la mano del verso libre -mas sin desdoro de la musicalidad- ​Para habitar mi nombre brinda la doble posibilidad de comprender a un joven escritor penetrando más allá de la fachada de las grandes gafas y los cabellos largos, así como de acceder al mundo poético de otro joven y brillante escritor: Ricardo Plata.

En el ejercicio de escribir sobre un amante de la vitalidad doliente cansado de la pseudointelectualidad, el autor de este poemario está también “inquieto por los acertijos del mundo”, como reza el primer poema de este libro. La empatía de Plata, encarnada en el yo lírico del poemario, roza “con la envidia de ser otro” que siente que mira sin ser mirado. A pesar de no haber conocido al colombiano, el autor flanquea ese obstáculo en la reconstrucción de un hombre “cuya presencia se encuentra diluida entre páginas escritas hace décadas” con el hallazgo documental de la correspondencia más íntima de Caicedo, la interpretación de su obra y la reescritura de su persona en poesía lírica. Durante la lectura, uno no puede evitar sentir una cercanía atroz con quien mira de frente a la muerte con más expectativas que con miedo, como el propio Andrés Caicedo.

Este texto, compuesto por treinta poemas, dos cartas de Caicedo y el testimonio de uno de sus amigos sobre su muerte, no solo está pensado para los seguidores del autor de ​Que viva la música​, sino para todo aquel interesado en la experiencia misma de una vida no exenta de contradicciones, en el género humano y en la poesía como su posibilidad de expresión.

Kevin Aréchiga del Río es licenciado en Sociología por la UNAM y licenciado en Letras Hispánicas por la UAM Iztapalapa. También ha cursado estudios universitarios en la Universidad Nacional de San Juan (Argentina) y en la Universidad Católica de Uruguay. Fue becario del Festival Interfaz ISSSTE-Cultura “Los signos en rotación”, Mérida 2018. Actualmente estudia la maestría en Historia en el CIESAS Peninsular.

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