Diótima. Encuentro Nacional: Poemas de Mariana Bernárdez

 

 

Presentamos la serie Diótima en la cual publicamos algunos poemas de Mariana Bernárdez, invitada al Segundo Encuentro Nacional de Poesía a realizarse los días viernes 17, sábado 18 y domingo 19 de mayo en la Biblioteca General del H. Congreso de la Unión, en el Centro Cultural de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y en el Museo Nacional de las Culturas del mundo, respectivamente.

 

 

 

Mariana Bernárdez leerá en:

 

Inauguración

Viernes 17 mayo, 18 horas

Biblioteca General de la Cámara de Diputados

Tacuba 29 Centro Histórico

Fotografía: Rogelio Cuéllar

 

 

 

 

Don del Recuerdo

(Fragmento)

 

 

Hace un par de días te hablaba de la hybris
la desmesura que se castiga con desmesura
Cuando el hombre franquea su límite
rompe un equilibrio básico que se recompone
a través del exceso de los dioses tyke
¿Habrá sido mi hybris-tyke aprender lo diverso?
¿por ejemplo
la luz titilante en la juntura de tu cuerpo con el mío?
¿Me conmueves o me conmueve lo que somos?

 

Cómo no desear tener el corazón limpio
aunque mi incomprensión

               hacia tu resquemor

                                habría sido mayor

              mayor también mi miedo

              a no agradar tus sentidos

              al ganar la noche su batalla

cuando el cansado pone palabras amargas en los labios
e incapaces de deslavar la hiel que ronda las horas

                                            dejan atrás el signo de los días

Y pronuncio el rezo del levante
“no me lleves por los vericuetos de la negrura”
¿Quizá por eso necesito abrazarte al trasluz”
de las luces de la ciudad?

No lo sé
Pocas cosas sé.

 

 

Miro a través de la ventana
el viento en cielo plomizo aguarda el caer de la tarde
Mis árboles…
Un día nos internamos en la sierra
árboles y nubes
cielo y árboles
un lago quieto

                   vence el sigilo del miedo.

 

 

Hay días donde dejas de mirarme
pareciera que mi cuerpo

                  se diluye en un aire intangible

                  Miras. Mirar. Miro

Me desasosiega este volverme etérea
¿acaso tan adentro

ya no necesitamos mirarnos?

¿de la misma forma
como no mirarnos las manos cuando se rozan

                                               pero se presienten?

 

 

Me devuelves el mar
uno distinto al que acompañó la infancia
¿vivir será sólo ese alcance?
Queda en mí tu risa
la marisma en la piel
lo inmemorial de ese golpe de agua que mece
y la luminosidad de su transparencia
el pájaro picoteando en la arena
o la bruma sin levante
Reconocerse en la desposesión de ser
para ser otra siendo la misma
y me arrodillo ante lo inmenso
en una plegaria que inicia ajena a mi labio
como si pudiera

                de tan perdida

                hallarme aquí

                                  en un rostro cifrado por la sal.

 

 

Amanece
seis y media
la silueta del valle perfila el contraste de su negrura
y el naranjo hace un tajo en la entraña del cielo
El calor irrumpe sin sofoco
todavía el ajetreo no entra por la ventana
Cierro los ojos y me siento en tu cuerpo
escucho su latido cuando apoyo mi cabeza
Sosiego
quisiera alargar los minutos
un momento para retomar las fuerzas
y lanzarme a vivir
tu mano en mi espalda
o sufriendo por el perfil de mi cuello
tus ojos negros fijos
y a la par
la insistencia de todo por lo hacer inunda y jalones…
Primero habrás de levantarte
es lunes
la ciudad aún calla
Te abrazo desde el “29”

Es domingo
caminamos la lluvia que nos bautiza

                  para una vida más alta

Pronto habrás de irte
pareciera que en ese movimiento
rescatas algo de ti que desconoces
Tanto girar nos confunde
Al punto de no saber

                  en qué momento

                                   dejamos de ser un nombre

Nos rendimos
los cuerpos hablan

                                se acoplan

                                               se enlazan

                                                             a pesar de no tocarse.

Escribir poco
escribir mucho
y la prisa se soslaya por la fascinación que me produces
cuando te veo indeciso

                 sin saber cómo acortar la brecha del vacío
dime

                 ¿dónde habremos de vivir?

¿en un árbol?     ¿en una libreta?   ¿en la memoria?
no te vayas enumerando pérdidas
sino los días en alta alegría
don del recuerdo y la gracia.

 

 

El sol se filtra por las persianas
el cuerpo reclama y se siente en trasiego
equivoca la sensación del roce
reposa la caricia que irrumpe sibilina
hasta desconoceré límite
Te abres ante la ventisca
El Ciervo asoma por tus ojos
huerto que atraviesa nervioso

                    ante el crujir de una rama

Somos un “cuerpo luminoso” y sólo queda dejarse en su huida…
Tartamudeas ante la vulnerabilidad de la entrega
tomas mi corazón y escudriñas su interior
“no se necesita tomar altura para llenarse de pájaros”
¿Has encontrado una sombra que te libere de ese tremar

                                          en señal de lo previo que hemos sido?

“Que el temblor te acompañe largamente”

 

 

Tu mano es asidero y guía
Y responder “¿Hay algo de equívoco en ese silencio?

¿no sientes cerca de esa línea que es la mirada profunda
la ternura que raya las manos?”
Damos vueltas alrededor de un espiral

                      donde se entreteje la vida

En el silencio verdadero no hay distancia
ahí se acopla el soplo y parte hacia el sueño

                      donde se amalgaman los cuerpos.

 

Si te contara de la luz iridiscente
de la punzada en el costado al no sentirte
de preguntarme cómo serán los días
-que no serán como los de antes

               pues traigo ya trazada la piel por ti-

del sonido lejano de los pájaros

                  y del cuerpo en ramalazo cayéndose

o de la caricia de tus ojos negros

                  y de cómo se deslizan por el mundo

hasta detenerte en los míos

Caminamos entre cuartos vacíos y polvorientos
por ventanales

              la luz de la tarde revela las polutas

                                                            de lo inconmensurable

esbozo de un juego antiguo que rebasa lo explicable
Se abren puertas en laberinto imaginario
y traigo en la mano el amuleto

             listón rojo amarrado a una pequeña estrella de seis puntas

qué falso sería decir que lo hallé

               cuando su lisura fue la que se prendió a mis dedos…

“Que siempre entiendas mis silencios en diálogo con tus ojos
que siempre busques ese encuentro de nuestros cuerpos
que la vida te regale los años que te necesito
y a mí que me dé luz para mirarte siempre.”

Tras el contorno de tu espalda
la luz anaranjada se filtra por las cortinas
el canto de la madrugada
¿cómo desprendo mi cuerpo del tuyo?
¿qué hacer con tanto aire entre los dos?
Queda tu rumor alrededor
la fluidez del viento alejándose
tu cuerpo recortado en el elevador
la pregunta insensata de lo que significa despedirse

 

 

Mariana Bernárdez, poeta y ensayista; realizó estudios de posgrado en Letras Modernas y en Filosofía especializándose en el vínculo entre poesía y filosofía; aborda una tradición de autores para quienes la poesía sobrepasa la orilla del lenguaje eficiente y comunicativo. Sus diferentes oficios le han acercado a autores definitivos en la literatura mexicana como Dolores Castro, Ramón Xirau, Raúl Renán, Angelina Muñiz Huberman, entre otros. Su trayectoria enlaza la creación poética con el ámbito académico y el editorial. Es una de las voces más singulares de su generación por su concepción metafórico-simbólica; Ha sido traducida al inglés, italiano, portugués, catalán y rumano; cuenta con más de una veintena de libros publicados entre poesía y ensayo; algunos títulos Don del recuento, 2012. Nervadura del relámpago, 2013. Escríbeme en los ojos, 2013; traducido al portugués por Nuno Júdice, 2015. En el pozo de mis ojos, 2015;  Aliento, 2017, traducido al portugués por Nuno Júdice, 2018. Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte (2018-2021).

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