Poemas de Ricardo Plata

 

 

Ricardo Plata (1994)

 

 

No te importa que la tarde
tenga los segundos contados,

empiezas a fumar y la noche se enciende
al tono de tu lápiz labial,
de tu boca, Bárbara, salen mariposas de humo.

Estábamos rotos de la misma parte,
en el galope de un espíritu incompleto,
de un amor que se declara ante el triunfo como pasajero,
pero tú y yo
estamos en la palabra que se desvanece
cuando el llanto inaugura el silencio.

 

 

 

Oración del abandono

 

Nunca aprendí a desprenderme
de los amores,
pienso en el abandono
como un pretexto para volver,
para que el tiempo haga del pecho
un páramo de esperanzas abiertas.
Pienso en el abandono
como una noche de tres puntos suspensivos
que abre la ventana del llanto.
Las personas que me amaron
me veían como una casa alta,
de tres pisos
la cual puedes abandonar,
se fueron dejando las cerraduras abiertas
porque saben que no tengo
la fuerza de cerrar puertas.
Siempre fui el preludio
para que ellas encontraran el amor,
el sitio donde concurrían llorando
el lugar en donde envolvían su corazón,
y cuando se marcharon
también quise deshabitar mi persona.

 

 

 

León de Nemea

 

Todos los sábados es el mismo sueño,
acaricias el lomo del León de Nemea,
su melena está alaciada por tus dedos,
y sus garras se volvieron de algodón.
Su cuello gordo aún recuerda
con dolor las manos de Heracles,
sus ojos de cazador  dicen ven.
Me acerco de puntillas y ruge,
rompe las ventanas de sal
y su cola baila cual rosa de los vientos.
Domo el corazón del felino.
La cabeza del león duerme en tus piernas.

 

 

 

Podrías encontrar  la respuesta
si limpiaras el cenicero

que acumula las cuatro cajetillas
que desmenuzan tus pulmones,
o arreglaras alfabéticamente el caos,
(amor es la primer bala
que la memoria reconoce)
limpiaras la habitación
y sus postales del despojo,
la alfombra de ropa sucia
que utilizas a diario,
o si compraras una cama
que no te recuerde la tibies de sus resortes
en los centímetros de tu espalda.
Tal vez sino buscaras
en diferentes lenguas
el entendimiento de tu infortunio,
si te cortaras el cabello
un milímetro menos triste,
y esa careta que te consume
y esa plana donde repites tu nombre
y lo único que recuerdas
es el dolor en los dedos.
Si soplara el cenicero
sería una ola de pájaros de ceniza
adheridos a las paredes
como un poster de los smiths.
Si despertara sin espejos
dejaría de recordarme
y volvería a las planas de mi persona
y al dolor de los pulgares
a los preservativos intactos
a las masturbaciones
sin querer ser hombre,
al corazón empantanado
buscando una arteria que respire.
Si dejara de frecuentarme
tal vez acabaría el dolor
que no llevo en el cuerpo
no esperaría ser salvado,
estaría en un sillón
con la boca encendida
y cargando las cuatro cajetillas
que me consumen.

Ricardo Plata Soto (Ciudad de México, 1994) Estudia Letras Hispánicas en la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Iztapalapa.  Fue becario del Festival Interfaz ISSSTE-Cultura “Los signos en rotación” Pachuca 2017.  En 2018 publico el poemario Para habitar mi nombre bajo el sello editorial Literalia. Ha publicado en revistas literarias como Círculo de poesía, Revista Asalto,  De-Lirio y Casa rosa. Fue fundador y coordinador general del Primer encuentro de escritores jóvenes Uam Iztapalapa.

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