Poemas de Iván Méndez González y Fotografía de Jorge Baldere Es

 

 

 

Muestra para Jorge Baldere Es

 

Poesía: Iván Méndez González

Fotografía: Jorge Baldere Es/ph>

 

 

[medida de la planta del pie]

 

el marino busca las palabras

quiere escuchar los objetos que

                            no puede nombrar lentamente se van pareciendo los vértices de los conceptos a un lugar

la medida de la planta del pie donde el ancla ya no cede desde el fondo de la materia

                             ya la nasa no sirve para seducir categorías

 

antes del viaje observa desde lo alto de la colina (susurra el mar)

la calima desaparece

bajo la hondura de los árboles

la maresía impregna el cuerpo del hombre antes del viaje (los huesos saben a sal)

 

se apaga el sol, el sol nunca más recobrado

salir a lo oscuro (dicen de la isla)

saborear la pericia ancestral del beso salado

que tiene frío en los cantos de la orilla

el tuétano de una idea se empolvece tibio | nunca afilado

el beso rompe su lámina líquida contra ellos

evaporación del cuerpo-persistencia de la materia

insiste la palabra en dormir la historia dudosa de los días

que buscan

su plano inclinado en la memoria

 

los niños han sido violados | y no se calman bajo las sábanas oscuras

su llanto sin forma, la poesía tiene sed siempre los encuentra

la luz guarda su olor en la solidez de los pasos que concluyen esta forma

 

el tejido está a salvo, la mañana y la memoria fragmentan su discurso, pero atraviesan la espuma de la orilla: los cantos limados encierran el recuerdo, no acaba el peso de la imagen.

 

 

 

[arquero]

 

el espacio traslúcido está pulsado por la cuerda

omitida de un arco

una flecha | una palabra | la forma para un cuerpo

la pultrusión guardó en lo íntimo la naturaleza de su parábola

en la orilla de la diana oscilan la esperanza y la marea

los alientos se alzan cuando el aire se abre —en el surco aislado de su vuelo—

se dispersa el límite inexacto del color rojo

la piel de la manzana quiere dar forma al aire

 

 

 

[después de la lluvia]

 

velar el horizonte por la lluvia | ser dibujado por la gravidez

una emoción antigua descompone la luz en el espectro

la mirada espera su nacimiento un ojo esculpe su latido

sin trazar bordes mientras se rompen las vértebras de la sombra,

asemejada al plomo derretido ojo es todo lugar sin velos la pulsación se cumple con los signos

 

un gajo tuberculoso es la lluvia que deletrea | dioses son olvidados: los días serán como tañidos de la luz sobre la arena

pústulas que deben rozarse desde el fondo del viejo templo la sangre que derraman es su oración[1]

 

 

 

 

[medición]

 

esculpieron sus piernas, llagadas en un cuerpo con pústulas | semejanzas de un paraje perdido

no les importó, les había alcanzado un punto final, el sitio donde nace el cansancio apenas la caricia podría delimitar los huecos

y calmaron el cuerpo entumecido asumieron la lengua ―el pacto callado de la permanencia―

será la vanidad del espacio el reloj que avanza las horas | el tiempo que socava las columnas el paso de los elefantes atraviesa como una lanza el pulso de la imagen: reconoces la jaula de la fiera (inundados de sombra derribada)

 

volumen que regresa aquí movimientos secos del ojo oscilaciones del aire matizan la claridad atraviesan las sirenas del día y rozan bordes luminosos del ruido

las formas se aquilatan entre dientes manos que llegan aquí entre inciertos aerosoles

haciendo crujir cúmulos de hojas casi sendero a punto de ser herida roja en la maleza

se rompe la espesura mientras cava su tumba la saliva

el sordo latir de los perros mide el perímetro del azar

 

 

 

 

[geometría]

 

¿ves la mariposa acumulada como polvo? son los ojos de la mujer vacía un momento antes

la ve pasar el hombre atraviesa por el bosque es igual a la nieve en el río se lava las manos agua y viento traen la muerte por la corriente bajan cadáveres luz y alas desplegando van silencios ve su imagen volar la mariposa

tres círculos que se deslizan bajo una flecha cuya punta se hermana (ya será fuga) con la lengua

a su lado el rectángulo deforma | la noche en perspectiva rodea al animal y al mito

(sucede siempre como una rotura)

anotas la destreza de la cifra —escritura espacial de los proscritos— mojas el dedo disciplinado todavía en esta sangre geometría | espesa

 

se escucha desde lejos un lenguaje de moscas: deviene necesariamente una experiencia extrema en los protocolos de la violencia (las alas, el polvo, el ruido)

 

 

 

 

[peso del sonido]

 

enhebrar el momento bajo esteras que guardan los vestigios del sol es convertir la mano en la medida de las cosas es el azul vacío de la lengua

más tarde ―después de la lluvia― será la permanencia el vacío fijado al mar

 

el peso del sonido un fuerte resonar es líquido

que se ausenta del ruido (ave que busca su simetría | en la cláusula del vacío)

el vuelo es ansiedad del susurro en el aire se palpa la hendidura

una lengua mordida por esas palabras que no suenan

                                                                                                   los ojos explican el aire

 

 

 

 

[tajo]

 

es un tajo preciso y breve el aire pasa tibiamente

por el cuerpo y lo encuentra estrecho al igual que el jardín

 

allí no entra el sol enmudece las hojas punzan la respiración

ritman con un aliento extinto las arterias clausuran el sonido

la sangre elige su disciplina

 

la mano asienta su textura en el párpado la muñeca | que se enrojece

 

 

 

 

[lentitud]

 

la sangre —escamas de la luz— pone su cerco al ruido su volumen anuncia la lisura

ilegítima donde se olvidan los vértices de la ansiedad | el borde del paisaje atraviesa los ojos se muestra la carne quebrada puedes medir el peso del vacío una caricia que permite

saber que palpas el viento desmembrado más cerca de las fuentes inhóspitas

la sonrisa de la pantera | la levadura imaginaria | del astro,

brillando por completo al tuétano de la conciencia

es la invasión del pensamiento (improbable ya toda forma) desde lejos la rabia se despierta | una cetrera lentitud nace del ojo

 

 

 

 

[objetos que provocan la luz]

 

Para Antonieta

 

todo esto parece que va llegando a su punto límite al cruzar la pared de la biblioteca había luz antes pero menos espesa medía

su solvencia por volumen dilatado de los objetos que la provocaban

en ninguna página de aquel libro se puede observar el nombre del autor daría la impresión de que -de haber sido poeta- quiso extinguirse en el momento en que su arista se alejaba del borde inexacto de la lengua

                                                 o quizás desapareciera porque la página lo apresara en una semi desierta venda (a propósito del poema para dejar de poner sitio a la pared

                                                                                                                                la mano ya no quiere ser sombra)

se oye la lluvia dentro de la cabeza como ruidos que desean prevalecer (metales llorando hierros golpeados) pero ojos que marcan la piedra la palabra ya no se retrae (una realidad que llena de mercurio las páginas la conciencia inusitada llega de pronto

                                                cuando acaba la luz de recostar su mansedumbre sobre la línea instalada de los cuerpos que se rozan) prende junto a la tierra siempre a punto de nacer

                                                          asaltan una pregunta y una duda

primero la duda: extraño es que la lámina que respira el aire soplara el murmullo de mujer

                                 -sombra que antaño fuera- [soplan las aves en la base de las columnas macilentas es el recuerdo angosto de la isla]

                                 después la pregunta: ¿es natural este frío que salen de entre los libros vacíos en la biblioteca?

de repente vuela una codificación inane sobrevenida y triste como solapa de climas recordados (eclipses de dentro hacia afuera) todo se apaga menos la biblioteca y el cuerpo tampoco la calle una realidad resuena sólo en el poema (sin nombre ni mano que lo dirija) este poema está en todas partes porque es el mundo que así se apaga parece desprender un breve ardor

                                                   anidando poco a poco en la luz o en la grieta la palabra se ha asentado duerme en su imagen sonora

                                                en la pura materialidad de la página que late y se prepara para mudar de piel son los objetos que provocan la luz para emerger siempre e inventar la mirada el ojo es ya profundo todo lo vacía y lo llena

                                                   el poema (como este cuerpo) se enamora sostenido sobre filamentos que provocan la luz

 

 

 

[1] dice la otra voz: la palabra será sentida como el sacrificio que le exigen los dioses para que estos puedan revelarse en el mundo. pero ésta piensa que todo eso es demasiado almíbar para los poros donde mana tanta sangre | “el universo ya no sirve” | devorar las imágenes de los objetos que confeccionan este mundo en fuga (ansiedad superior)-

Iván Méndez González (Islas Canarias, España). Poeta, ensayista e investigador especializado en neurofenomenología aplicada al estudio de la creación, recepción y enseñanza de la literatura. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de La Laguna (Tenerife, España), con Premio Extraordinario Fin de Carrera; Estancia de Investigación en la Freie Universität de Berlín (2007); Maestría en Literatura Hispanoamericana y Teoría de la Literatura por la Universidad de Salamanca (2012-2013), con una tesis sobre Rafael Cadenas dirigida por la Catedrática Emérita Carmen Ruiz Barrionuevo; Doctorado en la Universidad Iberoamericana Ciudad de México con una investigación en Neurofenomenología aplicada a la poesía de Coral Bracho, dirigida por la Catedrática Emérita Gloria Prado Garduño. Miembro del Instituto de Neuroartes, fundado y dirigido por Luc Delannoy. Colaborador de la revista web Vallejo & Co. Coordinador del ciclo “Lectura en voz de sus autores”, con sede en la librería Herder México. Ha participado como poeta invitado en el Segundo Festival Internacional de Poesía “José María Heredia” (Estado de México, septiembre 2018). Ha impartido docencia en instituciones universitarias de Alemania, Perú, España y México. Ha publicado su obra creativa y académica en revistas como ÍnsulaRevista de OccidenteAnuario del Instituto de Estudios CanariosHorizonte de la CienciaDesde el surNudosQuimera. Revista de LiteraturaLa OtraLa Raíz InvertidaEspacio LukeLetraliaCírculo de PoesíaEl Coloquio de los Perros Cuadrivio. Artículos y ensayos suyos han aparecido en los libros Im/pre-visto. Narrativas digitales (Fundación Telefónica/Ariel/Universidad Iberoamericana, 2016)#Nodos (Next Door Publishers, 2017). Y es autor del estudio introductorio, selección y notas de La palabra todavía. Antología de textos en prosa de Rafael Courtoisie (Universidad Iberoamericana, 2018).

Jorge Baldere Es. Calpulalpan, Tlaxcala 1986. Pasante en Filosofía por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Licenciado en Arte Dramático por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Ha participado en distintos montajes escénicos y cortometrajes como; Las plagas, pedazos de apocalipsis de Martin López Brie bajo la dirección de Gabriela Gonzales; Alphonse de Wajdi Mouawad bajo la dirección de Jesús Islas Ambríz; Twett a media noche de Sue Zurita bajo la dirección de Velden Laguna; Cortometraje “Furia” (selección nacional dentro del Festival Internacional de Cine de Terror Macabro 2016 CDMX). Su trabajo fotográfico y poético ha sido publicado en; Operación Marte, revista cultural electrónica; La piraña, revista cultural electrónica; El comité 1973, revista cultural electrónica; Creaturas Imaginarias, revista cultural electrónica; Antología poética, Poetas del siglo XXI. Presente en la Feria del Libro de Celaya, 2017; Sexto Maratón Nacional de Poesía y Cuento corto, Xalapa 2017; XIV Encuentro Internacional de Escritores de Salvatierra, Salvatierra 2018. Su obra fotográfica se ha expuesto en Galería Casa de la Nube, Tlaxcala capital y en el Centro Cultural Universitario de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.

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