Prólogo a Praxis de la poesía, de Jean Clarence Lambert

Fotografía: Kandy Isla Jiménez

 

Prólogo a Praxis de la poesía

Adolfo Castañón

 

J’ai toujours préféré les arbres aux hommes!

¡Siempre he preferido los árboles a los hombres!

Jean-Clarence Lambert

 

I

 

Cuando en octubre de 2017, Víctor Manuel Mendiola invitó a Jean-Clarence a México para saludar la edición conmemorativa de Guillaume Apollinaire en la Casa de Francia,[1] me apersoné para saludarlo llevando en la alforja varios libros suyos, y en primer lugar estas Armes parlantes. Pratique de la poésie, para no hablar desde luego de la traducción de Los jardines errantes (1992) hecha por El Tucán de Virginia. En medio del vaivén le propuse traducirlo. No me dijo nada. Al día siguiente, durante un acto público de la Academia Mexicana de la Lengua en la Feria del Libro del Zócalo, apareció en primera fila y me dijo que sí le interesaba que la hiciera. Iba en compañía de su amigo Lasse Sodeberg y de  la poeta colombiana Ángela García y me invitó a que fuera a visitarlo a Dracy, en Francia, a “La ferme du Chateau” donde ha sentado sus reales y asentado sus libros desde hace algunos años. Al visitar el caserón de Dracy, sentí como si me estuviese adentrando no en una finca sino en un libro, en un álbum tapizado de libros, cuadros, dibujos y esculturas. La ecuación entre vida y experiencia por la que ha apostado Jean-Clarence, en la más pura línea de ciertos poetas medievales y del Renacimiento, se resuelve en esa casa en forma por demás afortunada… Los amigos de hoy conviven con los de ayer, y de anteayer… Petrarca, Ronsard, Paul Valéry, Octavio Paz, Roger Caillois, Antonin Artaud, Andrè Breton, Paul Eluard, Kostas Papaioannou, Albert Camus, Gaston Bachelard, Lasse Sodeberg, Hervè Pierre Lambert, dibujan su presencia en ese espacio que, de hecho es reversible con los libros que cobija. En Dracy me quedó claro que la Europa que Lambert compartió con Paz incluía también en buena medida a Grecia y a las culturas de la Europa del Este (Cioran, Mircea Eliade, Ionesco, Brancusi, Greimas…). A lo largo de la animada conversación que sostuvimos en torno a esta traducción, Lambert me comentó que a sus ojos Octavio es el Valéry de la segunda mitad del siglo xx. “Me enorgullece pensar que tuve la oportunidad de presentar a Octavio a la señora Valéry cuando daba una conferencia”. Otra presencia que rondó felizmente el proceso de traducción de este libro de Lambert fue la de Marie José Paz (1934-2018), con quien hablé a menudo por teléfono comentándole los pasos y evoluciones de la traducción de Les armes parlantes. De hecho, ella me sugirió que expresara en público lo que está dicho líneas arriba por Lambert.

También me regaló el libro Jean-Clarence Lambert en poésie, que incluye contribuciones de Daniel Leuwers, Françoise Py, Hervé Pierre Lambert y Jean-Yves Bosseur, publicado por Bookelis y Copernic en 2016 y una bibliografía del autor. Una de las cosas que llaman la atención en el itinerario o vividura experimental de Lambert es la relación del trabajo poético no solo con las artes visuales, sino sus vasos comunicantes con la música. No es una casualidad que el compositor Jean Yves Bosseur haya sostenido un diálogo titulado “Des croisements poésie / musique” [“Cruces poesía / música”] en el libro citado. Lambert además ha trabajado con Pierre Schaeffer Varese y en el libro El negro del azur aparecen las partituras de ese compositor y teórico, todo este trabajo los llevó a ambos a montar una ópera “Les Labyrinthes” [“Los laberintos”], cuyo libreto escribió él y que se encuentra recogido en el libro 7 Dédalogrammes acompañado de siete laberintos grabados de Alain Bar, Palabra grabada (2010). Estas exploraciones de Lambert tienen el respaldo de una amplia tradición literaria: el poeta Pierre de Ronsard publicaba sus poemas con partituras musicales de Roland de Lassus, Goudinel. Por otra parte, el ejercicio poético que se da a caballo de la poesía, el teatro y la música auspiciaron que, a partir de 1962, Lambert desarrollara el proyecto de “Domaine poétique”, teniendo en mente el “Domaine musical” de Pierre Boulez, sobre el cual acaba de aparecer la voluminosa obra Proféractions! – Poésie en action à Paris (1946-1969) de Cristina de Simone en Presses du Réel (2018).

Me di a la tarea de trasladar al español esa construcción singular, en que se combinan la poesía, el ensayo, el cuaderno de viajes, el análisis político, la descripción y las leyendas, y meses más tarde fui con mi versión a visitarlo en aquel espacio arbolado para corregir con él la traducción y despejar las dudas que me habían surgido durante el traslado…  En el fascinante curso del proceso, surgió la idea de acompañar la traducción de tres textos que no se encontraban en el libro. Uno, refiere la visita que hizo J.-C. Lambert a don Ángel María Garibay K. en 1957, a cuyo conocimiento fuera iniciado por Paz desde 1955 cuando Lambert le planteó la idea de armar una antología de poesía precortesiana que terminará haciendo él mismo;[2] el segundo, la sugerencia de incluir dos poemas: “El fuego de las palabras” y “La anti-leyenda del siglo”, que habían sido objeto de sendas traducciones de Aurelio Asiain y de Ángela García en versiones anteriores o parciales.

 

 

II

 

La reunión de ensayos que publicó en 1976 con el título Les armes de la poèsie. Pratique de la poèsie recoge materiales misceláneos en prosa y en verso que se remontan a 1957-1958, alrededor de veinte años antes. El libro tiene una unidad orgánica en sí mismo y en el itinerario mismo de autor, que pertenece al grupo de escritores jóvenes que se congregaban en el café de la Place Blanche en torno a Andrè Breton y Benjamin Pèret. Está afinado en las pautas y partituras de la perspectiva cultural abierta por el surrealismo, como muestra el hecho de que Gèrard Durozoi, historiador de este movimiento, haya hecho la primera reseña de este libro y más tarde haya dedicado un libro “Jean-Clarence Lambert: le regard des mots[3] o el hecho de que, desde 1958, haya editado con Roger Caillois el Trèsor de la poèsie universelle. A petición de Caillois, Lambert armó una antología histórica de la poesía sueca titulada Anthologie de la poésie suédoise, des origines à nos jours. En ese vasto museo de la poesía de ese país se incluían traducciones de los poetas suecos modernos: Ekelof, Lagerkvist, Lundkvist, entre otros. Octavio Paz se interesó mucho en aquellos poetas y la casualidad quiso que encontrara desde 1954 o 1955 a Peter Zekeli —con quien traduciría algunos poemas— y con Lasse Södeberg, con quien sostendría una larga amistad, compartida con el propio Lambert. Y en 1961 la antología Les poèsies mexicaines. Otros signos de esta afinación son la atención a la interacción entre poesía y pintura y el impulso de ese autor nacido en 1930, en París, hacia la expresión poética de los antiguos y modernos mexicanos, así como su audaz y valiente intervención desde la literatura en asuntos políticos, como había mostrado su ‘tragedia bufa’ en torno a Staline. Cuando la obra titulada Stalinade. Une Tragedie Bouffe[4] se estrenó en el Festival de Rotterdam en julio de 1971, provocó una protesta oficial por parte de las autoridades de la Unión Soviética ¡acompañada por amenazas de represalias económicas! Esta no fue la primera incursión teatral de Lambert. Antes había dramatizado el asesinato de John F. Kennedy en la pieza « Bris/collage/K » que se representó en Barcelona ante un público airado y enfurecido. También en París, en el estudio de Campos Elíseos, en el marco de la Bienal de los Jóvenes, se ofreció esta misma representación que fue recibida con hostilidad. Estas son las razones por las cuales el Diario de una dramaturgia que gira en torno al general Charles de Gaulle, quedó como un ejercicio escrito de dramaturgia. Todo esto se puede ver en Un rêve collectif, con prólogo de Jean Tardieu, acompañado de cuatro collages de Cieslewicz (1968).

 

 

III

 

Prácticamente, cada una de las ocho partes que componen el libro fueron publicadas previamente en ediciones limitadas y de arte, en libros objeto, por ejemplo fraguados con el pintor Corneille del grupo Cobra, (cuya poesía Lambert ha antologado) o la serie de “diAmantes o los amores célebres” ilustrada por Jacques Hèrold y Antonio Saura o la serie de “Placeres difíciles” ilustrada por Ljuba. Esta estrategia editorial del autor no puede pasar desapercibida: Lambert ha reiterado una y otra vez que en nuestros tiempos poco hospitalarios para la poesía, el poeta debe abrirse a la colaboración de las artes plásticas, ya que “aquí el poema (no la poesía, cuya presencia ‘literaria’ es cada vez más imperceptible” encuentra una forma de sobrevivir gracias al libro-objeto” (J.-C. Lambert-AC 5 de junio 2018). Las otras secciones de libro “Lengua de palo. Contra-actualidades”, “Diario de una dramaturgia”, “Idilios y/o agresiones”, “Blasón del río de L’Ardèche”, “Diario del Laberinto”, “Opus nigrum. El negro del azur” se ajustan en este espacio como piezas de un mueble hecho para ensamblarse sin clavos ni adhesivos… El último ensayo “Diario de laberinto” podría leerse como una visita a las caras oscuras de El laberinto de la soledad de Octavio Paz y tangencialmente como una relectura de éste y de la red problemática que propone su pensamiento… Los dos compromisos mayores después del surrealismo de Lambert se han dado, de un lado, la abstracción lírica y, del otro, con los artistas del grupo Cobra y sus innumerables publicaciones. Por cierto, acerca de la expresión francesa “Langue de bois” tuvimos con Lambert un interesante intercambio. Me contó que al visitar Polonia en 1959 con motivo de un congreso de la AICA y aprovechando unos breves días de descanso, los asistentes se burlaban con esta fórmula del discurso oficial. Y luego al parecer la fórmula se hizo común. Por su parte, el gran diccionario histórico francés Petit Robert refiere que la expresión se remonta al mundo de los Zares. En la Rusia zarista, al lenguaje burocrático se le conocía como “Lengua de encino”. Optamos por la traducción “Lengua de palo” para designar el idioma acartonado de los políticos que practican la doble medida sistemáticamente.

Lambert se ha interrogado críticamente sobre el tema del marxismo en el siglo xx y ha tratado de poner en claro las lecciones para la poesía que se derivan de éste en una serie de cinco entrevistas con Henri Lefebvre, La poésie, pour quoi faire? (1978), publicadas por Le Soleil Noir en «WOZU» y con la colaboración de Jean-Pierre Faye. Una tentación que apartamos fue la de añadir más textos de Lambert al libro originalmente publicado, de ahí que no hayamos considerado la inclusión de estos diálogos.

 

 

IV

 

Lambert ha derivado una suerte de estética en Le règne imaginal, que ha sido traducido al español como El reino imaginal en traducción de Marta Pessarrodona (1998) en dos tomos. Esta voluminosa obra da cuenta de la amplitud del arco intelectual con que ha abrazado al arte y a los artistas contemporáneos. Ese arco de escritos sobre poesía y arte lo ha recogido Françoise Py en las antologías Vœu de poésie y Ecrits sur l’art (2012).

Volviendo a “Diario de una dramaturgia”, dedicado a hacer un retrato mitológico de Charles de Gaulle, cabría decir que “Diario de una dramaturgia” y “Lengua  de palo” pueden ser leídos en el horizonte político abierto por el Manifiesto de los 121 que en 1960 convocaron Dionys Mascolo y Maurice Blanchot para afirmar el derecho a la insumisión por la guerra de Argelia… Lambert fue uno de los firmantes que se sumó a esta riesgosa convocatoria. Los motivos de la crítica y de la conciencia de la ubicuidad de la guerra en lo que luego se llamaría capitalismo salvaje se dibujan en estos textos que representan como una vitrina abierta a las calles y en las que se prefiguran, en filigrana, los temas políticos de la revolución o revuelta de 1968 en todo el mundo. Cabría leer de hecho estos cuadernos como otros tantos escudos de armas donde se cifran y perfilan esos movimientos de la contra-cultura en el mundo…

 

 

V

 

Praxis de la poesía, originalmente titulado Les armes parlantes, es una obra donde la palabra poética se hace novela, fluye por el diario de viaje la crónica y el poema en prosa, esta movida por la pasión de las palabras —esa “mirada de las palabras” que proyecta la obra de Lambert— y por un impulso poético y político, dramático y desde luego trágico, como quedará claro al lector que visite esa “salida de emergencia” que es el poema “La anti-leyenda del siglo”(1999), secreta y no tan secretamente inspirado en Zona (1913) de Apollinaire, uno de los maestros de Andrè Breton, Octavio Paz y Jean-Clarence Lambert. Este poema no se encontraba recogido en la edición original, como tampoco se encontraba incluido el poema “El fuego de las palabras” que dedicó a Paz y cuya versión final se presenta aquí. Sarane Alexandrian caracterizó a “La anti-leyenda” como un ‘poema catástrofe’, Lamberto lo leyó en París en la librería La Hune el 31 de diciembre de 1999, y fue traducido antes por Ángela García, aquí hemos preferido dar una versión nueva.

 

 

VI

 

Praxis de la poesía alcanza los ejes extremos de lo poético y de lo político, de la naturaleza del amor y de la de la ciudad y la justicia. Se da como un despertar a un mundo donde la desolación por la conciencia de la destrucción del planeta a partir del término de la segunda guerra, ese despertar se acompaña de una luminosidad envolvente en los terrenos de la naturaleza, la pintura y el amor. La reflexión sobre el laberinto guía como un río subterráneo, a veces oculto, a veces manifiesto estas páginas donde las vanguardias parecen mirarse al espejo para orientar mejor sus pasos por el laberinto de la historia.

 

 

VII

 

Jean-Clarence Lambert publica Praxis de la poesía (Les armes parlantes. Pratique de la poésie) en 1976 a sus 46 años. Octavio Paz, su amigo y lector-leído, que le lleva poco más de tres lustros cuenta con 62 años de edad. El primer capítulo, “Quinto sol”, está dividido en tres incisos: “Esos lugares no lugares, esos exilios nómadas”, “Tarahumara”, “Ollintonatiuh” refiere el encuentro de Lambert con el texto ¿Águila o sol? que tradujo en 1950 en “los sótanos de Barthelemy en los antiguos depósitos del mercado de Los Halles, que fueron demolidos para dejar lugar al Centro Pompidou.” En el texto de Lambert se cuenta cómo el entonces joven poeta francés de veinte años iba trasladando a su lengua los poemas del mexicano mientras calaba con una sonda de metal la masa de los quesos (Gruyère, Comté o Emmenthal). ¿Águila o sol? terminaría publicándose, después de numerosos ajustes, aproximaciones, tanteos, versiones y revisiones, años de espera con dibujos de Bona con el sello de Falaize en París. Paz recibió el 5 de septiembre de 1957 el libro recién editado. Entre tanto Lambert ya había viajado a México en el invierno de 1957-1958 y empezaba a ser conocido aquí gracias a su amigo Octavio quien le anunciaba desde el 12 de abril de 1957 que sus poemas serían publicados en el número 10 de la Revista Mexicana de Literatura, dirigida por Carlos Fuentes. El inciso titulado “Tarahumara” recoge un diario de viaje de Lambert por Chihuahua y por la Sierra Madre Occidental donde se encuentra la región misteriosa de la tarahumara a cuyo llamado acudió Antonin Artaud. En este diario de viaje se ve cómo el vanguardista francés traductor de los poetas suecos Gunnar Ekelöf  y Artur Lundkvist no sólo encontró las huellas de Artaud sino recibió, por así decir, una iniciación en los misterios del México profundo cuya vida compartió durante varias semanas en compañía de la que sería su segunda esposa sueca: Asa Scherdin, con la que se casó en Chihuahua y con quien tuvo dos hijos. Lambert no sólo conoció a los indígenas de aquellas tierras sino también convivió con los indigenistas y estudiosos locales de entonces. Su viaje fue referido en una crónica recogida en la revista francesa Le Nouvel Observatreur.

Lambert  anota en una carta personal dirigida al suscrito que el “pequeño cuaderno azul que me acompañaba entonces se encuentra ahora en los archivos OP de Princeton, después de haber sido expuesto (fetichizado) en varias ocasiones.” El barrio de ese antiguo mercado donde “se encontró colgado a Nerval en la calle de la Vieille Lanterne, donde Apollinaire ubica al músico de Saint Merry, y donde Octavio Paz encontró al poeta Robert Desnos en París, luego de su regreso de España en la guerra civil española”.[5]

Cuando Jean-Clarence termina la traducción de ¿Águila o sol? al francés, la envía de inmediato a Gaston Bachelard, éste le responde el 22 de mayo de 1957 según refiere Herve-Pierre Lambert:

 

¡Cuántos días han pasado desde el hermoso día en que me envió usted Aigle ou Soleil. El libro no se ha ido desde entonces de mi mesa. Y la carta le dirá difícilmente la felicidad que he tenido leyendo sus páginas admirables.[6]

 

Por otro lado, según recuerda Lambert en la página “Liminar” que precede a Jardines errantes, la edición de las Cartas (de Octavio Paz) a J.-C. Lambert, 1952-1992:

 

En Les armes parlantes, pratique de la poésie (1976) relato cómo conocí a Octavio Paz. Fue en París, en 1951, cuando yo apenas tenía veinte años y había regresado de Estocolmo, donde había leído, por azar —¡realmente por azar objetivo!— el poema “Sueño de Eva” (que posteriormente pasaría a titularse “Virgen”). Mis amigos constituían entonces el pequeño grupo de jóvenes surrealistas que rodeaba a André Breton, quien acababa de presentar la primera exposición parisina de Tamayo. Y fue Tamayo quien me propuso acompañarlo una mañana a la Embajada de México, donde trabajaba Octavio de tercer secretario, en una oficina muy modesta en el primer piso y que daba a una galería que recorría un balcón interior.[7]

 

 

VIII

 

Casi veinte años más tarde, al recibir el libro cuya traducción el lector tiene entre las manos. Paz escribe una carta a Lambert, fechada el 27 de julio de 1976, que continúa el diálogo de años atrás. En ella lo invita a colaborar en la revista Plural que cerraría muy pronto. La carta ha de ser leída a trasluz de las diversas cartas escritas entre enero de 1952 y octubre de 1992:

 

Querido Jean-Clarence:

 

Sí, recibí Les armes parlantes y lo que me decían. Armas, sumas de palabras que me tocaron el corazón. (Palabra envejecida, amada por Breton y Camus y que hoy casi nadie pronuncia, palabra que es como una lámpara en una cripta.) El subtítulo de tu libro dice: “Práctica de la poesía”. Hay que añadir que la poesía abraza la totalidad humana y que no sólo es amor, visión, combate, soledad sino amistad. Esto lo sabían muy bien los filósofos griegos y romanos pero mejor aún y más profundamente los poetas chinos. La amistad es una transparencia que nos hace vernos a nosotros mismos en el otro con el que hablamos. En el amor nos olvidamos; en la amistad nos encontramos.

En un momento en que la poesía de Occidente —y probablemente la del mundo entero pierde literalmente la cara, no sólo en el sentido corriente de la expresión sino en el espiritual: el que pierde la cara pierde el ánimo y la ánima, pierde el alma —tu libro es un acto de valor y una reconquista: le da la cara al mundo y así recobra el alma. Poesía contra la historia pero en la historia. Gracias.

Mi silencio ha sido imperdonable (te pido, no obstante, perdón) e inexplicable (aunque trato de explicártelo: los quehaceres de cada día, los desplazamientos de ciudades, el dejar para mañana lo que debe hacerse hoy hasta que esa pequeña falta se convierte en una omisión del tamaño de una montaña y resignarnos a pensar en nuestro amigo sin poder escribirle…)

Tal vez nos decidamos a visitar París el año próximo. ¿Estarán ustedes allí?

Un gran abrazo doble, a los dos, de Marie Jo y de

Octavio

P.D. Envíanos de cuando en cuando algo —pienso en crónicas de arte y literatura— para Plural. ¿Recibes la revista?

Otro gran abrazo fraternal,

Octavio[8]

 

 

IX

 

Jean-Clarence Lambert acompañó a Paz mucho tiempo, formó parte de la familia de amigos que rodeaban al poeta mexicano a finales de los años 50 y que evoca en Destiempos de Blanca Varela, fechado en París el 10 de agosto de 1959, cuando acaba de regresar a Paris:

 

Algunos no se resignaron. Los más tercos, los más valientes. Quizá los más inocentes. Unos se entregaron a la filosofía. Otros a la política. Unos cuantos cerraron los ojos y recordaron: allá, del otro lado, en el “otro tiempo”, nacía el sol cada mañana, había árboles y agua, noches y montañas, insectos, pájaros, fieras. Pero los muros eran impenetrables. Rechazados, buscábamos otra salida, no hacia afuera, sino hacia adentro. Tampoco adentro había nadie: sólo la mirada, sólo el desierto de la mirada. Nos íbamos a las calles, a los cafés, a los bares, al gas neón y las conversaciones ruidosas. Guiados por el azar —y también por un instinto que no hay más remedio que llamar electivo— a veces reconocíamos en un desconocido a uno de los nuestros. Se formaban así, lentamente, pequeños grupos abiertos. Nada nos unía, excepto la búsqueda, el tedio, la desesperación, el deseo. En el Hôtel des États-Unis oíamos jazz, bebíamos vino blanco y ron, bailábamos. “El Alquimista” leía poemas de Artaud o de Michaux. Caminábamos mucho. Un muro nos detenía: sus manchas nos entregaban revelaciones más ricas que los cuadros de los museos. (Fue entonces cuando, en verdad, descubrimos la pintura.) “En este hotel vivió César Vallejo”, me decía Szyszlo. (La poesía de Vallejo también era un muro, tatuado por el hambre, el deseo y la cólera.) En una casa de la avenida Víctor Hugo los hispanoamericanos soñaban en voz alta con sus volcanes, sus pueblos de adobe y cal y el gran sol, inmóvil sobre un muladar inmenso como un inmenso toro destripado. En invierno Kostas se sacaba del pecho todas las islas griegas, inventaba falansterios sobre rocas y colinas y a Nausica saliendo a nuestro encuentro. En esos días llegó Carlos Martínez Rivas con una guitarra y muchos poemas en los bolsillos. Más tarde llegó Rufina, con otra guitarra y con Olga como un planeta de jade. Elena, Sergio, Benjamín, Jacques, Gabrielle y Ricardo, André, Elisa, Jean Clarence, Lena, Monique, Georges, Brigitte y ustedes, vistas, entrevistas, verdades corpóreas, sombras,

 

Gertrude, Dorothy, Mary, Claire, Alberta,

Charlotte, Dorothy, Ruth, Catherine, Emma,

Louise, Margaret, Ferral, Harriet, Sara,

Florence toute nue, Margaret, Toots, Thelma,

 

Belles-de-nuit, belles-de-feu, belles-de-pluie,

Le coeur tremblant, les mains cachées, les yeux au vent,

Vous me montrez les mouvements de la lumière,

Vous échangez un regard clair pour le printemps,

 

Le tour de votre taille pour un tour de fleur,

L’audace et le danger pour votre chair sans ombre,

Vous échangez l’amour pour des frissons d’épées,

Des rires inconscients pour des promesses d’aube,

 

Vos danses sont le gouffre effrayant de mes songes

Et je tombe et ma chute éternise ma vie,

L’espace sous vos pieds est de plus en plus vaste,

Merveilles, vous dansez sur les sources du ciel.[9][11]

 

No creíamos en el arte. Pero creíamos en la eficacia de la palabra, en el poder del signo.[10]

 

 

X

 

Recuerda Jean-Clarence:

[…] Octavio fue para mí como un hermano mayor, nos conocimos —y si me atrevo a decir nos reconocimos— cuando yo apenas veinte años, él vivía entonces en París, frecuentaba como yo el café de la Place Blanche, donde André Breton recibía a sus amigos surrealistas y a quienes atraía el surrealismo: lo he contado en mi libro Les armes parlantes. Por lo demás, fue para dar satisfacción a un deseo de Breton que me puse a traducir los poemas en prosa de ¿Águila o sol? Luego fue El laberinto de la soledad por encargo de Max-Pol Fouchet[11] —, luego, Libertad bajo palabra. Estos libros aseguraron a Paz una presencia mayor en la escena francesa. Pero por esos mismos años, el escenario del mundo acogió a este mexicano que instauró una cultura planetaria en la que se conjugan el viejo crisol europeo, los todo poderosos Estados Unidos después de la caótica decadencia del comunismo soviético, América Latina todavía enigmática en sus orígenes precolombinos, la India inmemorial en proceso de transformación, el antiguo y el nuevo Japón, sí, un planeta y cuatro o cinco mundos, según el título de ese volumen en que Paz nos dice lo que piensa —y no necesariamente para bien— del siglo xx.[12]

 

 

XI

 

Praxis de la poesía es un libro de madurez que recoge en una sola madeja los espacios y referencias que han modelado y encauzado el itinerario del poeta. Yo lo conocí relativamente tarde gracias a Malva Flores, quien me llamó la atención sobre su contenido. Lo conseguí gracias a los buenos oficios primero de Isaura Contreras, que me lo envió por correo electrónico y luego de Gladis Yurkievich, que me consiguió un ejemplar. Desde que lo empecé a leer establecí con el libro una relación singular de apego, cosa que —debo confesarlo— no me había sucedió antes con ningún otro libro del autor.

Conocí a Lambert primero en Estocolmo, entre los fastos del Premio Nobel (me tomó una fotografía en la que aparezco con Helena Paz Garro y su ex esposa en un restaurante); luego en el homenaje a Roger Caillois que se organizó en el I.F.A.L. de la Ciudad de México hacia 1992, en la cual fui invitado a participar. El nombre de Caillois es una referencia cabal para situar de algún modo a Lambert en el paisaje de la poesía contemporánea, ya que ambos firmaron la memorable y precursora antología Trésor de la poésie universelle en 1958 con el sello de Gallimard publicada un año antes que su libro Dépaysagecon litografías de Pierre Soulages.

 

 

XII

 

Les armes parlantes. Pratique de la poésie inscribía su desafío poético-ensayístico crítico dentro de lo que cabría llamar la cultura y la lengua de la heráldica y la emblemática. Esas armas, espadas que se estremecen que dicen y hablan son las que animan los escudos de armas y remiten a una lección poética medieval y barroca. No hay que olvidar que el mismo Paul Eluard hizo una antología de la poesía francesa del siglo xvi ni que el mismo Eluard saludó al joven Lambert con las siguientes letras: “Me gusta que Lambert se haya dado como tarea la de ‘Elucidar las palabras’”.[13]

 

 

XIII

 

Ni el nombre de Roger Caillois ni el de Jean-Clarence Lambert me eran desconocidos. Soy un lector del primero quien editó en francés en la Ciudad de México, con el sello de Ediciones Quetzal, en 1943, (¡en plena guerra!) el libro La Communion des forts. Etudes de Sociologie contemporaine; Caillois fue traducido en México por el Fondo de Cultura Económica y en Argentina por Sur y otros sellos editoriales: se tradujo en México, en 1942, El hombre y lo sagrado (1939); en 1986, Los juegos y los hombres. La máscara y el vértigo (1967); en 1988, El mito y el hombre (1938). Caillois estaba en el aire, lo había citado Octavio Paz en el Laberinto de la soledad. Más tarde se publicó en Plural el discurso con el cual Caillois recibió a Claude Lévi-Strauss en la Academia Francesa. No fui ajeno a su inspiración, como consta en la colaboración que publiqué en Vuelta: “Itinerario de Roger Caillois”.[14] Más tarde adopté como una guía el libro de Michel Panoff, Les frères ennemis. Roger Caillois y Claude Lévi-Strauss.[15]

Por otra parte el nombre del autor de Code no me era desconocido. Pero ahí de nuevo se encuentra Paz con Lambert en el prólogo a Código:

 

Entre la nieve y el terrón fusco,

el pino y el cacto,

                                                            entre

las palabras enterradas del poeta Ekelof

y las profecías desenterradas de Topiltzin,

el erizo de mar y la tuna tenochca,

                                                                                              el sol

de mediodía y el sol de medianoche,

                                                                                              Jean-Clarence

tiende un hilo

                                                     sobre el que discurre

—imperturbable imperscrutable impondeable—

del color al sonido,

                                                                             del sonido al sentido,

del sentido a la línea,

                                                                             de la línea

al color del sentido:

                                                                              letras,

exclamaciones, pausas, interrogaciones

que deja caer

                                                                               desde su divagar vertiginoso

en nuestros ojos y oídos:

                                                                                            jardines errantes.[16]

 

 

XIV

 

A los 37 años, en 1967, J.-C. Lambert editó un libro raro, exquisito: Livre des Blason du corps feminin (Libro de los blasones del cuerpo femenino). Se trata de una antología colectiva del siglo xvi que resultó de interés para los poetas de la generación surrealista y que tiene que ver con las ideas literarias y la sensibilidad de Octavio Paz y de Lambert en relación con el Renacimiento francés.[17] En una carta a Arnaldo Orfila, fechada en Nueva Delhi el 9 de diciembre de 1966, Paz propone al editor la traducción de este libro junto con la de Raymundo Lulio y los poetas españoles del siglo xvi y xvii además de una de poesía medieval española.[18] El Libro de los blasones del cuerpo femenino también tiene que ver con dos de los capítulos de Praxis de la poesía: “diAmantes o los amores célebres” y “Los placeres difíciles”. El hilo conductor entre ambos tramos es el amor, el jardín del cuerpo femenino, el jardín como espacio de conocimiento, el jardín como laberinto. Entre este capítulo y el siguiente aparece una página donde con grandes letras negras se anuncia: Fiesta de la palabras / revueltas de las máscaras / Sueño de las palabras / Trabajo negro, sueño paradójico. Estas letras se estampan como grafitis en las paredes de las calles que son las páginas de este libro. Cabe recordar que la fórmula “Sueño paradójico” (“Sommeil paradoxal”) es un término que se emplea en el ámbito médico y se refiere al momento de mayor intensidad en la relajación que paradójicamente es el de mayor susceptibilidad del que duerme para ser despertado. Sobre “Los placeres difíciles”, Lambert me ha confiado que “fue escrito después de varias estancias en Italia, jardines barrocos-manieristas: villa de Este, islas Borromeas, Bomarzo, etc., con lectura del Ariosto, y también, y sobre todo pensando en el pintor surrealista-manierista Ljuba, quien los ilustró con grabados para una gran edición que acompañó la del editor Belfond. ‘Difíciles’ porque, como tú sabes, la ‘dificultà’ vencida era la gran moral de la época barroca —la nuestra prefiere la facilidad […]”[19] En el impulso manierista de este tramo alienta El sueño de polifilo (1499) de Francesco Colonna. El sueño y la imaginación se conjugan en la escritura de Lambert como éste dice que deseaba Gastón Bachelard. A su vez, ese tramo medular del libro me remite al “Ritual”, prefacio a la antología Les blasons du corps féminin. Me permito citarlo, pues el texto ayuda a entender el paisaje y la atmósfera en que se inscriben  esos capítulos centrales del libro:

 

Los Blasones componen como una Carte du tendre para ese paisaje entre todos edénico: el cuerpo femenino.

Y quizá, más que una Carte du tendre, topografía alegórica: todo un tratado de maravillas femeninas, una guía precisa en que la parte de lo real es sin duda más poderosa que la de la convención poética.

Los Blasones estuvieron de moda durante la primera mitad del siglo xvi. Y como cada moda, se adivina que ésta expresaba un sentimiento nuevo, cierta aspiración profunda, y que era el signo de un marcado cambio en los espíritus y en los corazones.

Si se ha de creer a los historiadores, la ocasión que los provocó es ya significativa. Se ve en ella una “profanación”, un desplazamiento de lo sagrado, proceso que no excepcional en una época que mezclaba sin dificultad divinidades antiguas y representaciones cristianas. Sucedió más o menos lo siguiente:

Poeta oficial “poeta laureado”, como todavía lo tiene la Reina de Inglaterra, y, hasta muy recientemente, cierto jefe de Estado, europeo, Clèment Marot había tenido que huir repentinamente de Fontainebleau, por haber sido sospechado de simpatías activas con la Reforma. 1535: encuentra refugio en Ferrara, en la corte de la duquesa Renèe, lejos, muy lejos del Palacio de Francisco I y de su escenario admirablemente adaptado a la vida fastuosa y disoluta de la corte. Durante su destierro, Marot se entrega a la apologética y le da por traducir los Salmos.

Ahora bien, los Salmos, en el lirismo bíblico, son poemas de alabanza perpetua. Su estilo está bien definido; en ellos se encuentran algunos de los procesos retóricos más eficaces del Antiguo Testamento: la letanía, la enumeración, la acumulación de metáforas, el recuento, etcétera.

Y justamente, he aquí que, llevado por el impulso de las traducciones, Marot compone un Salmo de su cosecha, pero que resulta nada menos que profano. Es el Blason del pezón. Al rey David, como se cree conocerlo, esto no le hubiese molestado. El rey Francois y su corte aplaudieron cuando el poema llegó a sus manos. Fue un éxito prodigioso. A todos los que les gustaba la práctica de la belleza en el lenguaje, se pusieron de inmediato a blasonar. No solamente los poetas  profesionales, como Maurice Scève y sus amigos de Lyon, sino también los magistrados, los comerciantes de libros, y no pocos eclesiásticos.

Como quiera que sea, no se estaba blasonando cualquier asunto, flores, frutos o árboles, se estaba blasonando a la Dama, a su cuerpo que ya había sido sabiamente desvestido por los artistas de la Escuela de Fontainebleau, sus encantos secretos, sus tesoros visibles. Curiosa disección a la cual se entregaron los poetas y que dejó el ojo a Antoine Héroët, la ceja, la frente, la lágrima a Scève, los cabellos a Saint-Gelais, las mejillas al igual que otra parte no menos carnosa y sedosa, al Abate Eustorg de Beualieu, la garganta y el suspiro a Scève, una vez más el ombligo a Des Periers, la rodilla y el pie al limosnero del Delfìn… ¡No sigo y había peores! ¡Me sorprende de paso que ni el hombro, ni la muñeca ni el tobillo…!

Pero lo importante no está ahí; es más bien que, de pronto, la poesía sagrada, con sus acentos reservados a las cosas de la religión, haya podido abiertamente, hacer suyo el más profano de los temas. O si se prefiere: que el más profano de los temas, y el más secular, haya sido reconocido digno de la exaltación que, hasta ese momento, solamente el mundo espiritual debía provocar.

Pues la Mujer cantada en los Blasones no es la Esencia y la Ausencia de Petrarca, a quien debe no pocos rasgos a pesar de todo, no es tampoco ese ser fabuloso y mitológico que los Italianos habían multiplicado en sus edificios, diosas desnudas inmortales casi parecidas a las grandes damas de entonces, —aunque no completamente. Ella es, la Mujer blasonada, una criatura perfectamente carnal— y cuyo menor detalle es infinitamente precioso, así como se ve en la mesa de los títulos, verdadero atlas anatómico. Tiene apellidos y nombres en el siglo: ella es real, ¡por fin!, ídolo baudelaireano que “condensa todas las gracias de la naturaleza”, y va creciendo todavía más gracias a los aderezos y las “vastas cosquilleantes nubes de la tela”. Al fetichismo de las santas reliquias, los que componen blasones sustituyen el culto del detalle vivo y verdadero. Leyéndolos, se piensa Baudelaire, pero también en Paul Eluard, en Andrè Breton, en Saint-John Perse. O incluso, en que la muy reciente y cautivante Exposición Internacional del Surrealismo en 1959. Dedicada al Erotismo, no era más que un nuevo Blason del Cuerpo Femenino y su exaltación por un grupo reservado de poetas y de artistas.

Como se puede ver bien en las pinturas del Primatice, del Rosso y de toda la Escuela de Fontainebleau, la época de los Blasones es el de la Mujer que, lavada del oprobio medieval, escapa al ojo mitológico que todavía era el suyo en el Renacimiento italiano. Se vuelve presencia —presencia total, imagen y visión armoniosamente conjugadas en el poema. Y es presencia amada, pues todos los Blasones, ¿será necesario subrayarlo? son poemas de amor.

 

El prólogo que hace Lambert a esa antología de poemas amorosos y eróticos del siglo xvi permite reconstruir, para emplear sus palabras, esa carte du tendre en la que se desplaza el proyecto del poeta.

 

 

XV

 

El título Praxis de la poesía, evoca para el lector mexicano La poesía en la práctica de Gabriel Zaid. Una sugerencia para leer el libro de Jean-Clarence Lambert es la de verlo a través del cristal del proyecto poético y literario crítico del autor de Ómnibus de la poesía mexicana. Una de las coincidencias que hay entre ambos es la del interés por las lenguas marginadas: el náhuatl, en la del mexicano, los diversos poemas de las lenguas aborígenes —Cora, Chinanteco, Huichol, Lacandon, Maratino, Maya Peninsular, Mazateco, Mixe, Mixteco, Náhuatl, Otomí, Qucihé, Seri, Tarahumara, Tarasco, Tzotzil, Yaqui, Zapoteco, Zoque— que recogió por vez primera en esa antología.

Otra referencia complementaria para enmarcar el proyecto etnopoético es la Anthologie des mythes, légendes et contes populaires d’Amérique publicado en 1960 por Benjamin Peret un año después de su muerte. Los vasos comunicantes entre poesía, etnología y culturas antiguas se propagan por todo el cuerpo del proyecto surrealista al cual pertenece sin duda Jean-Clarence Lambert.

 

 

XVI

 

Praxis de la poesía es un libro en el cual confluyen las distintas estribaciones del Monte Análogo (para no dejar de citar a René Daumal) que encierra el proyecto de Lambert: desde la convivencia intensa con las artes plásticas y los artistas hasta la lectura incisiva de la historia en el capítulo titulado “Lengua de palo, contra-actualidades” en esta Praxis que hace eco y retoma al tramo final de Código (1971) en el cual se reiteran las obsesiones, ideas fijas, cifras, personajes, actitudes, ética y estética de Lambert. Véanse, por ejemplo, en Código, las “Tesis para una poesía abierta” (número 23). Estos enunciados bien podría haberlos compartido Octavio Paz:

 

Revuelta y Aventura: los dos movimientos de la poesía de hoy, su doble tarea.

Sublevación contra el uso, el mal uso del lenguaje, el debilitamiento continuo del lenguaje. En el curso más y más acelerado de los años que acabamos de vivir y de heredar, uno de los fenómenos menos discutibles es el del debilitamiento continuo del lenguaje. Nuestro léxico de base se ha transformado en un repertorio de mistificaciones en el que las palabras disfrazan nociones extranjeras a su acepción primitiva y auténtica. En verdad, nos dejamos dominar por las seudopalabras, las antipalabras, es decir la propaganda, bajo todas sus formas —religiosa, política o literaria… La historia de la poesía en Francia, desde el Simbolismo, es la de su revuelta contra la entropía del lenguaje. Simplificando, si se me permite, puede decirse que ha seguido dos líneas principales: una, destinada a preservarla en su ley interna, buscar la recuperación, por formas exigentes, de algunos poderes de los que ella disponía en el momento de su plenitud; la otra, que es el recurso y el abandono a la imagen, la condensación en las palabras de un máximo de significaciones atestiguadas —para salvar a estas palabras de la banalización. En suma, a las antipalabras y a las seudopalabras del lenguaje en crisis, la poesía ha opuesto superpalabras deslumbrantes, pero peligrosas, dado su alejamiento de la “verdadera vida”. En cierto modo, la poesía se ha encerrado en su revuelta y su rechazo.

Para poder respirar, desde entonces, toma vuelo, a fuerza de alas, y de estrofas, hacia los grandes espacios jalonados del Mito y de la Historia; o bien, perdiendo aliento, se va a habitar las grietas, las lagunas —he aquí la discontinuidad que tanto irrita en tantos poetas actuales…

Voy a citar el testimonio objetivo de un compositor, Pierre Schaeffer (los poetas, por su parte, se justifican demasiado cómodamente): “Se ha hecho un consumo tan grande de poesía, como de música, desde hace algunas décadas, que el agotamiento del terreno es semejante, y que la poesía agoniza, parece, porque los poetas ya no nos interesan, salvo cuando son inventores.”

Invención, para mí, es sinónimo de aventura…[20]

 

 

XVII

 

Esta cita de Código sitúa el horizonte contra el cual se recorta el proyecto profundo de Praxis de la poesía, y deja ver de paso los ejes desde los cuales está escrito el libro, así como el terreno conceptual compartido con sus amigos de la vanguardia.

 

 

XVIII

 

Cuando se publicó por primera vez este libro, en el cual se hace presente el lenguaje de la heráldica y de los blasones, y de la semiótica de los bestiarios, Gérard Durozoi, autor de la más completa historia del surrealismo[21] y de un libro sobre Lambert, escribió:

 

Toda poesía impresa implica una distancia en relación con el parloteo habitual. El experimentalismo sonoro y verbal, la dilatación semántica, el placer fonético (si es cierto que es primero en la boca donde se rumia —para retomar un verbo de Nietzsche— una cierta poesía) sólo indican sus posiciones ideológicas en el blanco de la página, entre líneas: donde está en juego el blanco de la página, lo cotidiano es refutado —lo cual es una manera de cuestionarnos sobre sus insuficiencias.

Pero se sabe también hasta qué punto es difícil la divulgación de tales páginas: existe un ghetto de la lectura poética. Al abrir una recopilación de poemas, es precisamente eso lo que espero: que de una cierta forma el barullo utilitario se detenga, y que encuentre yo asilo en una palabra peculiar, particular en la que pueda poner entre paréntesis nada menos que el mundo mismo. Existe una cierta connivencia preestablecida entre el poeta y su lector: a partir de ese momento el impacto del texto, sus efectos de ruptura, sus puestas en guardia no explicitadas, ¿no corren el riesgo de perder su poder?

Si uno se queja hoy de cuán pocos lectores tiene la poesía, ¿no es también eso lo que está como desplazado?: ¿que esa palabra de libertad no toca más que a los que ya están convertidos, que no alcanza más que muy difícilmente a aquellos a quienes podría en un sentido propio conmover? Tal vez ha sido para salir de esta situación que Jean-Clarence Lambert ha compuesto esta última recopilación tal y como nos la da a leer. No por ello es menos cierto que estas Armes parlantes, sintomáticamente subtituladas, Práctica de la poesía, tocan a su modo el núcleo de este problema. Basta con hojear este libro con pasar unos ojos distraídos sobre su tipografía para adivinar en qué difiere de los títulos precedentes: Código y Laborinthe. Mientras que estos últimos solamente recogían poemas que eran inmediatamente perceptibles como tales, Les armes parlantes combinan de manera muy sutil la prosa más o menos narrativa o descriptiva, los poemas en prosa y los versos. La articulación de un lenguaje más prosaico (notas de viaje, recuerdos, diario, esbozo para un retrato, etcétera) y poemas abisma (met en abime) la relación general entre la poesía y la lengua —o más particularmente entre el ensueño y el saber, el de lo cotidiano tanto como el del especialista—.

La fajilla que ciñe al libro anuncia: “La poesía contra la historia”. Ese contra es felizmente ambiguo pues no se trata tanto de una elección que eliminaría a la historia (también: el peso del presente, lo vivido) como de una poesía que se sitúa en las márgenes de la historia, manteniendo su proximidad al tiempo que marca su diferencia. La proximidad se da, en particular, cuando la historia es pretexto (el diario de una dramaturgia es por ejemplo “un retrato” de De Gaulle, pero tratado como personaje dramático para ser integrado en una “tragedia-bufa”, tal como esa que antes Jean Clarence Lambert ha consagrado a Stalin: tentación de la cual solamente se puede desprender mediante exorcismos, contra actualidades donde el Che Guevara, John Wayne, el Presidente de los Estados Unidos o los marinos del Acorazado Potemkine, son enrolados forzosos en aventuras que son por lo menos desconcertantes: la historia entonces se descarrila, la palabra poética muestra su revés no realizado —aquello que hubiese podido ser, y esta reescritura es una forma de tomar posesión de ella, de marcar en ella la huella de un deseo no satisfecho. Así (mal) tratado el pasado-presente se ve reactivado por el porvenir y por ende mediante lo imaginario que no deja de escarbar en las galerías de sus minas. [nota 1: El deseo mira hacia atrás; repara los daños. El sueño pinta lo que habría sucedido si tal estupidez hubiese sido evitada, si tal sabia medida hubiese sido tomada” Ernst Bloch El principio esperanza, t. I, p. 43] La diferencia es otra historia, o la historia de lo otro. No es casualidad que esta recopilación se abra con una evocación de Octavio Paz, cuyo primer traductor en Francia fue Lambert. Octavio o el no occidental, el no atrapado en el Occidente, el escritor contemporáneo que ha sabido desmontar todos los etnocentrismos en beneficio de una puesta en perspectiva de las diferentes culturas. Introducida por tal figura, Les Armes Parlantes aspira a ser una recopilación que apunta a la cuestión de una salida fuera del presente occidental. Un presente que tiene una quincena de años —o sea el plazo sobre el cual se extiende la redacción de los textos aquí reunidos. Un presente en el curso del cual la actualidad contra la cual se levanta insurgente el poeta fue la necesidad de una toma de conciencia ecológica (Blason d’une riviere) “¿la transformación del mundo no es entonces su destrucción?”) tanto como la Guerra de Vietnam y el poder del Pentágono (Lengua de palo) fue también la primera tentativa no occidental de un viaje a México del cual trajo a ese Tarahumara en el que se perfila necesariamente la sombra exigente de Artaud.

Desafiar a la historia es también demostrar que no es lo que se cree: se piensa rectilínea, ¿pero qué tal si tropezara?

Ollintonatiuh donde se mezclan magistralmente el pasado azteca y la balacera del 2 de octubre de 1968 que masacró a los estudiantes mexicanos lo deja entender así. Poema puro esta vez, y capital, que hace aflorar bajo nuestros ojos la permanencia de la sangre, del sacrificio, de la muerte. Desafiar a la historia es todavía revelar, descubrir en ella, la conservación transversal de la pasión amorosa (Di-Amants) y reactivar ahí una escritura barroca (Los placeres difíciles) —un barroco no nostálgico sino contemporáneo donde los viejos mitos se muestran muy capaces de iluminar las tendencias de nuestra sociedad a la podredumbre y a la muerte. Se comprenderá entonces que en tales condiciones, la poesía practicada por Jean-Clarence Lambert esté muy lejos de esa “escapatoria icariana” que denunciaba Georges Bataille. No se trata aquí de ninguna manera de soslayar el presente sustituyéndolo por un sueño ineficaz: es terriblemente eficaz el imaginario que muestra que el presente podría ser otro. El poeta está contra la historia porque en primer lugar está dentro de ella, embarcado en ella como cualquiera. No sería fácil un libro que lo probara mejor que Les Armes Parlantes. Praxis de la poesía donde el lector se encuentra permanentemente como agarrado entre dos fuegos: el de las palabras renovadas y el de los referentes habituales que podrían despertar heridas y preguntas muy inmediatas. Tal puede ser la poesía hoy. Tal en efecto ha sido la de Jean-Clarence Lambert cuyo último libro nos invita a releer los libros anteriores para descubrir en ellos otros ecos tal vez inadvertidos hasta el presente, del tiempo de su escritura. [L’homme et la société, no. 47-50, 1978. Massmedia et idéologie imperialisme et fronts de lutte]

 

Otro lector de Lambert y de esta Praxis de la poesía, Daniel Leuwers, poeta francés amigo en su juventud de René Char e influido por su idea artesanal de hacer libros iluminados escribió sobre este libro:[22]<7ph>

 

Cuando, en 1976, Jean-Clarence Lambert publica con el sello de Belfond Les Armes parlantes, le da a su obra el subtítulo Práctica de la poesía. En efecto, para él, “¿si la poesía tuviese un fin? Solamente podría ser la práctica de la verdad del lenguaje.”

Aquí está pues superado el estadio del laboratorio, en textos que no se presentan sin embargo como poemas tradicionales. Lambert combina prosas más o menos narrativas y descriptivas, poemas en prosa y también algunos versos aislados. Introduce a la Historia en el círculo de su reflexión, el que comprende bien que la poesía se sitúa siempre contra la historia. Alrededor de una Stalinada, tragedia-bufa, donde, con la complicidad del pintor Erro, se había encarnizado con el dictador ruso, Jean-Clarence Lambert se interroga en Diario de una dramaturgia sobre el general De Gaulle quien “sin duda habrá sido uno de los últimos representantes en el poder del principio de autoridad (tal y como el socio-psicoanálisis de Mendel lo define), con los valores correlativos (arcaicos), de la grandeza, del misterio, etc.” La poesía no sabría acomodarse con tales concepciones, por lo demás, el poeta utiliza al Che Guevara, al presidente de los Estados Unidos e incluso a John Wayne en escenarios desconcertantes que son como exorcismos para “liberar la energía de lo imaginario, las potencias reprimidas del deseo y del juego”. Sucede un poco como en el proyecto de Roland Barthes, pero en Jean-Clarence se transita desde una preocupación esencialmente lingüística hacia una desmitificación de la historia y de sus representaciones.

Para lograr lo mejor posible su distanciamiento con la Historia, Jean-Clarence Lambert regresa a Octavio Paz, quien ha estado siempre íntimamente comprometido con la tarea de romper los etnocentrismos en beneficio de un interés por las culturas más diversas. Jean-Clarece Lambert, que tradujo la obra maestra de Octavio Paz, El laberinto de la soledad, ha sabido cantar con frecuencia el país de su amigo. Ahí se siente por fin “no occidental” y está dispuesto a alcanzar en Tarahumara la sombra de Antonin Artaud: “vivió en su ser mismo la degradación de nuestra civilización, mitos, conceptos, lenguaje”. En Ollintonatiuh, Lambert toma como punto de partida la civilización azteca para intentar vincularla con los balazos del 2 de octubre que masacraron a centenares de estudiantes mexicanos. La sangre y la muerte se erigen en cómplices permanentes del poeta quien, lejos de complacer en lo que Georges Bataille ha calificado como “escapatoria al estilo de Ícaro” busca más bien, en una concepción siempre renovada del amor, la voz auténtica de la poesía. Jean-Clarence Lambert la expresa en los bellos textos en prosa de diAmantes o Los Amores Célebres, que ven sucederse a la esfinge, a Teseo, a Isolda, Eloísa y Abelardo, Julieta en su balcón, la religiosa portuguesa, don Juan, antes de llegar a Gabrielle Russier cuyo suicidio acababa de conmover a Francia. Enamorada de uno de sus jóvenes alumnos, ella pide a sus detractores saber

 

que no se ve bien más que con el corazón, que ahora estamos en el hoyo   negro de las apariencias y de la fealdad, pero que la verdad en su simplicidad volverá con el sol.

 

Y Jean-Clarence Lambert pasa enseguida a la lista barroca de los Placeres difíciles que hay que saber asumir para poder alcanzar ese nuevo amor del cual Rimbaud ya ha escrito que solamente puede emerger en formas nuevas del lenguaje, que son como trampolines para la renovación del corazón mismo. En este ánimo Jean-Clarece Lambert se encuentra en afinidad y diapasón con André Breton cuando celebra el papel capital de Charles Fourier. Si a André Breton le consagra una oda, Jean-Clarence Lambert le dedicará una tumba:

 

            Lecho armónico o mesa de deseos, con receta del Cuerpo Glorioso: canela,         nuez de moscada, pimienta, clavos, ramo —sabias especias y glosario            apasionado: la pólvora, el corazón, los párpados, los labios, el beso. Así sea           hasta el fin del rocío aromático.

 

¡Sí, más vale el amor aromático que el amor bobo romántico! Y los únicos versos del todo el libro claman en gruesos caracteres:

 

Fiesta de las palabras

Revuelta de las máscaras

Sueño de las palabras

Opus nigrum, sueño paradójico

 

El trabajo negro, Opus nigrum, es un trabajo que consiste en ennegrecer la concepción del amor-evasión (“¿entonces, Ícaro, ¿nos evadimos?”), y su regreso en el modo del Evadido Evadné, mientras que

 

            Franqueado el umbral, todavía hay que franquear el umbral — Nadador de un agua subterránea — alcanzar el corazón negro, la fuente oculta — alta   fuente o brasero — Salida, no hay salida — el arte, obsidional.

 

El conjunto concluye en la presencia enfatizada del Laberinto donde la Y se sustituye definitivamente a la O, una ocasión para que se desencadenen las fuerzas en forma de fuegos artificiales:

 

            — La suerte de Ícaro: la caída, lo vivido — tiempo fulminante —abismarse — sangre azul de las venas — ya no es su propio blanco — los Herreros golpean el yunque, arrojan los dados — Renovando la invocación — Desencadenamiento de las Fuerzas — negro negro negro — el negro del azur.

 

Hasta aquí la cita de Daniel Leuwers. Hay que señalar para el lector que Jean-Clarence tiene la costumbre de iniciar el nuevo libro con la última línea del libro precedente así que publicará cuatro años después de Les armes parlantes de 1976, el libro Le Noir de l’azur, con dibujos de Karel Appel y partitura de Jean-Yves Bossseur con el sello Galilée.

A varios lustros de publicado el libro que hemos titulado Praxis de la poesía y al filo de los noventa años de Lambert, se puede decir que estas páginas no se encuentran en el pasado. Sus letras forman parte del porvenir que tienen la poesía y las artes.

Tal vez por todas estas razones Lambert haya encontrado esta fórmula para dar un espejo de su vasto itinerario poético y artístico: J’écris ce que je vis, je vis ce que j’écris:

Escribo lo que vivo, vivo lo que escribo.

 

[1] Apollinarie en México. Zone / Zona. Traducción de Marco Antonio Campos. Cartas y discusión entre José Juan Tablada y Ramón López Velarde con ensayos de José María González de Mendoza, Agustí Bartra, Ulalume González de León y José María Espinasa; y La jolie rousse / La linda pelirroja. Traducción de Octavio Paz. La anti-leyenda del siglo de Jean-Clarence Lambert. Edición y nota de Víctor Manuel Mendiola. Ilustración de Eduardo Terrazas. Ediciones El Tucán de Virginia. Colección El Cuervo. México, 2017, 102 pp.

[2] Les Poésies mexicaines [Texte imprimé]: [choix et traduction] / Jean-Clarence Lamert / [París]: Club des libraires de France, 1961.

[3] Diagonales. Une collection des éditions Cercle d’Art, París, 1994. Con un dibujo de J.-C. Lambert por Pierre Alechinsky.

[4] Ilustrada por Erró, Somogy, 1997.

[5] Carta de Lambert a AC del 1 de enero de 2018.<7ph>

[6] Citado en Hervè Pierre Lambert, “Le Mexique et l’èchange avec Octavio Paz” en Jean-Clarence Lambert en poèsie. Prólogo a Praxis de la poesía (1) Bookelis, Copernic, France, 2016, p. 70.

[7] Octavio Paz, Jardines errantes. Cartas a J. C. Lambert 1952-1992, liminar de J. C. Lambert, Barcelona, Seix Barral, 2008, p. VII.

[8] Octavio Paz, Jardines errantes. Cartas a J. C. Lambert, op. cit.,  pp, 225-226.

[9] Paul Éluard, Capitale de la douleur. [N. de O.P.]

[10] Octavio Paz, Obras completas, tomo III, Fundación y disidencia. Dominio hispánico, México, FCE, 1997, pp. 350-351.

[11] Max-Pol Fouchet es autor de una antología cuyos criterios críticos y poéticos podrían ser leídos como afines a los practicados por Octavio Paz en Poesía en movimiento, véase La poésie française, Anthologie thématique, Club de Libraires de France, París, 1958, reed. 1964, 527 pp.<7ph>

[12] Prefacio de Jean-Clarence Lambert al libro de Hervé Pierre Lambert, Octavio Paz et l’Orient, Classiques Garnier, Colección Perspectivas comparatistas, dirigida por Véronique Gély y Bernard Franco, París, 2014, pp. 8-10.<7ph>

[13] Jean-Clarence Lambert en poésie, BookElis, Copernic, 2016, p. 103.

[14] A.C. “Itinerario de Roger Caillois”, núm. 174, vol. XV, p. 12 y la traducción de R.C. “Los amigos de las piedras” en el mismo número p. 15.<7ph>

[15] Col. Essais, Payot, París, 1993, 186 pp.

[16] Prólogo de Octavio Paz a Jean-Clarence Lambert, Código, versión castellana de Alfredo de Robertis [una traducción de Marco Antonio Montes de Oca “Mu Tei”], incluye un retrato de Leonora Carrington, México, Era, 1971, p. 7.

[17] Les blasons du corps feminin. Editions Andrè Balland. Presentados por Jean-Clarence Lambert, con imágenes tomadas de los pintores de la Escuela de Fontainbleau y un Prefacio, “Un ritual” del mismo autor, París, 1967, 282 pp. Incluye un glosario y una nota de los editores sobre las fuentes del libro.<7ph>

[18]  Arnaldo Orfila / Octavio Paz. Cartas cruzadas 1965-70, Introducción y nota por Adolfo Castañón, pp. 181. México, Siglo XXI Editores, 2016.<7ph>

[19] Carta de Lambert a Adolfo Castañón del 23 de febrero de 2018.

[20] Jean-Clarence Lambert, Código, op. cit., pp. 63-64.

[21] JD, Histoire du mouvement surréaliste. Paris, Hazan, 1997, 800 pp.

[22] Jean-Clarence Lambert en poésie, BookElis, Copernic, 2016, pp. 33-35.

Adolfo Castañón. (Ciudad de México, 1952). Narrador, ensayista y poeta. Estudió en la FFyL de la UNAM. Ha sido gerente editorial y director de la Unidad Editorial del FCE; codirector de la serie Periolibros (FCE/UNESCO); fundador de Cave Canem; investigador del IIFL. Tradujo a George Steiner, Luis Panabière, Juan Jacobo Rousseau y Gil Vicente. Colaborador de Cuadrivio, Imagen Latinoamericana, La Cultura en México, La Gaceta del FCE, Letras Libres, Nexos, Novedades, Plural, Revista Universidad de México, Sábado, Siempre!, y Vuelta. Académico de Número de la Academia Mexicana de la Lengua a partir de 2003 y miembro honorario desde 2005. Premio Diana Moreno Toscano 1976. Premio Mazatlán de Literatura 1995 por La gruta tiene dos entradas. Premio Xavier Villaurrutia 2008 por Viaje a México. Ensayos, crónicas y retratos. En 2009, fue ganador del Premio Nacional de Periodismo José Pagés Llergo por su programa Los maestros detrás de las ideas, transmitido por TV UNAM. Premio Limaclara Internacional de Ensayo 2015, otorgado por la editorial argentina Limaclara. Premio Internacional Alfonso Reyes 2018. Parte de su obra ha sido traducida al inglés, al francés y al japonés.Adolfo Castañón. (Ciudad de México, 1952). Narrador, ensayista y poeta. Estudió en la FFyL de la UNAM. Ha sido gerente editorial y director de la Unidad Editorial del FCE; codirector de la serie Periolibros (FCE/UNESCO); fundador de Cave Canem; investigador del IIFL. Tradujo a George Steiner, Luis Panabière, Juan Jacobo Rousseau y Gil Vicente. Colaborador de Cuadrivio, Imagen Latinoamericana, La Cultura en México, La Gaceta del FCE, Letras Libres, Nexos, Novedades, Plural, Revista Universidad de México, Sábado, Siempre!, Vuelta. Académico de Número de la Academia Mexicana de la Lengua a partir de 2003 y miembro honorario desde 2005. Premio Diana Moreno Toscano 1976. Premio Mazatlán de Literatura 1995 por La gruta tiene dos entradas. Premio Xavier Villaurrutia 2008 por Viaje a México. Ensayos, crónicas y retratos. En 2009, fue ganador del Premio Nacional de Periodismo José Pagés Llergo por su programa Los maestros detrás de las ideas, transmitido por TV UNAM. Premio Limaclara Internacional de Ensayo 2015, otorgado por la editorial argentina Limaclara. Premio Internacional Alfonso Reyes 2018. Parte de su obra ha sido traducida al inglés, al francés y al japonés.

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