Un cuento de Óscar Wilde: El hacedor del bien

El hacedor del bien

(Oscar Wilde)

Traducción de Maribel Roldán

Era de noche y Él se encontraba solo- Y veía a los lejos las murallas de una extensa ciudad y se acercaba a ella.
Y cuando se encontró realmente cerca, oyó dentro de la misma, el clamor de la alegría, y la risa de la boca del regocijo y el sonido penetrante de laúdes numerosos. Y tocó a la puerta, y uno de los guardabarreras le abrió.

Y contempló una casa que era de mármol y tenía bellos pilares marmolados en el frente. Los pilares se decoraron con guirnaldas y dentro y fuera yacían antorchas de cedro.
Y Él se adentró en la morada.
Y cuando hubo atravesado el vestíbulo de calcedonia y el salón de jaspe, y llegó a la gran sala del festín, vio recostado sobre un lecho púrpura a un joven cuyos cabellos estaban coronados de rosas rojas y cuyos labios estaban rojos de vino.
Y se acercó a él, le tocó el hombro, y le dijo:
“¿Por qué vives de esta manera?”
Y el mozo se volvió, y reconociéndole, contestó, y le dijo:
“Alguna vez fui yo leproso, y tú me curaste.
¿De qué otra manera iba a vivir?”
Y Él abandonó la casa y salió de nueva cuenta a la calle.
Y después de un breve rato vio a aquella cuya cara y vestimenta eran coloridas, y cuyos pies estaban calzados de perlas. Y detrás de ella arribaba, lentamente cual cazador, un joven que vestía un manto bicolor. Ahora la faz de la mujer era tan bella como la de un ídolo y los ojos del joven cargados de deseo centelleaban.
Y Él le siguió rápidamente, y tocó la mano del joven y le dijo:
-“¿Por qué miras a esta mujer y la miras de tal manera?”
Y el joven hombre se volvió, y, reconociéndole, le dijo: -“Alguna vez fui ciego y tú me devolviste la vista. ¿Cómo iba yo a mirarla de otra manera?”
Y Él corrió hacia adelante, y tocando el pintoresco vestido de la mujer, le dijo:
-“¿Es que no hay otra manera en la cual andar para salvarse del camino del pecado?”

Y Él partió de la ciudad. Y cuando partió de ella, vio sentado al borde del camino a otro joven que lloraba.
Y se acercó a él, y tocándole los holgados rizos de su cabello, le dijo: -“¿Por qué lloras?”
Y el joven alzó la vista para mirarle, y reconociéndole, respondió: -“Alguna vez estuve yo muerto y tú me resucitaste. ¿Qué iba a hacer sino llorar?”

The doer of good

It was night-time and He was alone. And He saw afar-off the walls of a round city and went towards the city.

And when He came near He heard within the city the tread of the feet of joy, and the laughter of the mouth of gladness and the loud noise of many lutes. And He knocked at the gate and certain of the gatekeepers opened to Him.

And He beheld a house that was of marble and had fair pillars of marble before it. The pillars were hung with garlands, and within and without there were torches of cedar.

And He entered the house.

And when He had passed through the hall of chalcedony and the hall of jasper, and reached the long hall of feasting, He saw lying on a couch of sea-purple one whose hair was crowned with red roses and whose lips were red with wine.

And He went behind him and touched him on the shoulder and said to him, `Why do you live like this?’

And the young man turned round and recognised Him, and made answer and said, `But I was a leper once, and you healed me. How else should I live?’

And He passed out of the house and went again into the street.

And after a little while He saw one whose face and raiment were painted and whose feet were shod with pearls. And behind her came, slowly as a hunter, a young man who wore a cloak of two colours. Now the face of the woman was as the fair face of an idol, and the eyes of the young man were bright with lust.

And He followed swiftly and touched the hand of the young man and said to him, `Why do you look at this woman and in such wise?’

And the young man turned round and recognised Him and said, `But I was blind once, and you gave me sight. At what else should I look?’

And He ran forward and touched the painted raiment of the woman and said to her, `Is there no other way in which to walk save the way of sin?’

And the woman turned round and recognised Him, and laughed and said, `But you forgave me my sins, and the way is a pleasant way.’

And He passed out of the city. And when He had passed out of the city He saw seated by the roadside a young man who was weeping.

And He went towards him and touched the long locks of his hair and said to him, `Why are you weeping?’

And the young man looked up and recognised Him and made answer, `But I was dead once and you raised me from the dead. What else should I do but weep?’

Maribel Sánchez Roldán. (1997, Puebla). Se ha iniciado en la literatura, traducción y enseñanza de las lenguas a edad temprana, lo que llevó a su primera publicación y colaboración poética en “Causalidades: Antología de poesía poblana” (2013) y posteriormente en “Antología viva de la poesía volcánica” (2018). Ha participado a su vez en proyectos literarios nacionales e internacionales, tales como las revistas de difusión poética “Arroba Textos” (2012) “Fractalario” (2015) “Página en Blanco” (2017), “Círculo de Poesía” (2018), “Prosa” (Colombia, 2018) y traducido para las editoriales “Visor” (México, 2018) y “Electrón Libre” (Marruecos, 2018). Entusiasta de la filosofía, el arte, la guitarra, el canto y el dibujo. Actualmente, directora y docente en “Etymos” Estudio de Lenguas Extranjeras.

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