Conversatorio con Allen Ginsberg

 

Palabras y conciencia

 

Allen Ginsberg

Traducción: Claudia Sandoval

 

 

Conversatorio tomado de Alforja. Revista de Poesía XII, Primevera 2000, pp. 11-119.

 

Este texto es una transcripción revisada por Allen Ginsberg de un diálogo que este poeta sostuvo con estudiantes de la Universidad del Estado de Wisconsin, en Platteville, el 13 de abril de 1971.

 

Pregunta: ¿Sería justo decir que el lenguaje se interpone en el camino de la verdad o en el camino para obtener la verdad?

AG: Muy seguido, por el modo en que el lenguaje es usado. Pero hay uno o dos usos del lenguaje que son idénticos a la verdad, como en cierta poética en la que el lenguaje es usado como mantra, puramente como encanto mágico, no como descripción racional (la cual no usualmente asumiría como más cercana a la verdad), donde cualquier intento de descripción racional es abandonado desde el principio, y se comprende que el lenguaje es puramente un encanto mágico, y que su función es ser solamente un encanto mágico o mantra u oración. Para decirlo de otra manera: su función es la de ser solamente un vehículo fisiológico para los sentimiento, y que es entendido como tal.

En otras palabras, si sabes que vas a usar el lenguaje para decir “¡Oh!”, entonces el “¡Oh!” es idéntico al movimiento del cuerpo que dice “¡Oh!”, la exclamación, el uso exclamatorio del lenguaje, es idéntico a su función, es pues, en este sentido, una verdad completa.

Cuando dije encanto mágico o uso mágico del lenguaje, eso es todo lo que quise decir: uso exclamatorio, emocional, afectivo, donde el lenguaje no está intentando contener ningún otro peso de “realidad” que el de una proyección puramente subjetiva del cuerpo. Esta es una teoría del mantra.

Básicamente, lo que estoy diciendo es que la experiencia, así como la razón, muestran que cuando tenemos que reducir a palabras nuestra conciencia multisensorial de un suceso que conocemos, tenemos que abstraer tanto que eliminamos la mayoría de los detalles de dicho suceso, ¿no es así? De esta manera, una descripción de un acontecimiento hecha a través del lenguaje, no es idéntica al acontecimiento mismo. Es una abstracción del suceso. Tan es una abstracción, que recoge solamente ciertos aspectos de la relación que nos preocupa en ese momento. Así, de ninguna manera se puede decir que la descripción de un suceso, hecha por medio del lenguaje, sea completa y realmente representativa de tal cuestión. De hecho, ni siquiera sabemos si éste existe, y sólo llamamos suceso a algo porque lo vemos, oímos y olemos, y éstas son todas las funciones muy especializadas y estrictamente humanas, como ver, oler, oír.

Lo que podría ser un gran acontecimiento de color para nosotros, podría no serlo para un perro, porque los perros ven en blanco y negro. Y una abeja ve más facetas. De esta manera, son nuestros sentidos en particular los que colaboran para hacer que un hecho comience usando cualquier cosa que esté sucediendo afuera. Y luego, cuando reducimos lo que sucedió afuera (cualquier cosa que esto haya sido), además de aquello que pudimos recoger con nuestros patrones de selección, con nuestros sentidos, además de la otra eliminación, es decir, cuando decimos “fue una explosión”, o “fue un concierto”, o “fue una gran redada, una gran redada en la universidad”; así, para el momento en que redujimos todo a una pura descripción de palabras, ya está tan ausente de cualquier cosa que podría haber ocurrido en la eternidad, que no podemos decir que estemos hablando sobre ninguna cosa coherentemente real.

Sin embargo, si alguien quisiera, se podría redefinir el uso del lenguaje y decir que hay otras forma de utilizarlo, puramente expresiva, subjetivamente expresiva, donde la respiración exhalada es una articulación consciente del sentimiento… entonces la respiración hablada, “Ah-om” u “Oh” o “Ah” o “Uuuh”, es idéntica a lo que describe. Como dice Blake, “Pues una lágrima es algo intelectual/ Y un suspiro es la espada de un Rey Ángel”. La lágrima y el suspiro… bueno, se podría hablar del suspiro, en cualquier categoría, como una forma del lenguaje. El suspiro articula articula claramente un estado del cuerpo, un estado de sentimiento, un estado de consciencia no solamente lo articula, sino que es idéntico con su propia idea. De esta manera, tal como la lágrima también es, presuntamente, algo intelectual. Justo como el orgasmo es idéntico a sí mismo, igual el suspiro es idéntico a sí mismo. Y el sonido del suspiro (bueno, no es el suspiro completo porque también está el movimiento de la respiración), el sonido del suspiro es idéntico con lo que significa, a diferencia de la mayoría de los enunciados, o a diferencia de la mayoría de los sonidos. La mayoría de los sonidos no son completamente idénticos a lo que se refieren.

Otro aspecto del lenguaje no es generalmente tomado en cuenta en la discusión de su uso para comunicar el conocimiento, no es habitualmente considerado cuando tratamos de dividir y analizar lo que el lenguaje es, cómo está funcionando, y para qué está siendo usado: el tono de la voz o la intención con la que se pronuncia (si el lenguaje es pronunciado en voz alta), porque eso lo hace diferente de cuando es sólo lectura de vista. Puedes usar las mismas palabras y decirlas con tonos diferentes, de “Te quiero a ti” a “Te quiero a ti”.  Dos personas pueden decir exactamente la misma cosa con la misma intención, y una persona realmente sentirla y la otra no sentirla, y puedes notar la diferencia, ya sea por la voz que sale del centro del cuerpo o por la que es sólo un pequeño parloteo superficial, debilitado, de la parte superior de la laringe.

De esta manera, entre David Dellinger diciendo “tenemos que terminar la guerra” y Kissinger diciendo “tenemos que terminar la guerra”, hay una diferencia de contenido, aunque ambos están diciendo las mismas palabras. El todo de voz es un aspecto del sonido que señalaré particularmente hoy en día, cuando estamos confrontados con la imagen de una sola persona hablando, multiplicada innumerables veces en la televisión. La gente intuitivamente la escucha, pero es esencial revisar conscientemente el tono de voz, de su cuerpo, como un camino para descubrir si la voz es o no es genuina, si de verdad quiere decir lo que dice. Y la mejor manera de hacerlo es no ser confundidos por la presentación intelectual o el patrón asociativo, presentado para propósitos hipnóticos por las palabras mismas, sino buscar el vehículo de las palabras debajo de ellas. Dicho vehículo es la voz, y ver si la voz en sí misma, en el nivel de intención, es un vehículo aceptable. Tenemos derecho, en ese sentido, de ser estéticos, o para ponerlo de otra manera, tenemos derecho de ser emotivos, tenemos derecho a nuestros sentimientos más que nada, así que tenemos que revisar los sentimientos de nuestra voz, comprender su efecto.

Entonces está el tono o intención de la voz o sentimiento de la voz, y eso está muy conectado con el ritmo del lenguaje, ya sea si es un ritmo natural del lenguaje, o si es un forzado ritmo artificial, seco, burocrático,  influido por una maquinaria múltiple, influido por haber pasado por varias máquinas de escribir, o si es una auténtica voz humana y personal hablando, o sea una voz que ha sido filtrada por tantas maquinarias que el ritmo humano se ha perdido.

En su mayoría, el discurso público es un seudo evento, en el sentido de que no es el producto de un ser humano literal; es literalmente no humano. Es pasado a través de tantas manos y tantas máquinas que ya no representan a un organismo humano aspirando y expirando, inhalando y exhalando rítmicamente. La estructura del enunciado ya no tiene ninguna relación con la intención de la voz que pudiera ser trazada a partir de las líneas de inhalación y exhalación; en otras palabras, es triste decirlo, la voz puede ser finalmente separada del cuerpo. Si la voz es completamente aislada del cuerpo, significa que el ritmo estará jodido, significa que la intención de la voz estará jodida, significa que en realidad ya no tiene ningún contenido humano. Probablemente ente significa que no significa nada (por significar entiendo cualquier cosa que pudiera ser conectada de regreso al universo físico o al universo humano).

De esta manera, las características del mantra o de lo poético (la semilla de lo poético es el mantra) son la atención al ritmo, la conexión con la respiración, con la respiración actual, y la intención de la voz, y así la conexión con el cuerpo. Charles Olson considera a la poesía como una extensión de la fisiología y al lenguaje como una extensión de la fisiología. Principalmente, desde este punto de vista: que las palabras que pronunciamos se conectan, finalmente, con nuestro cuerpo, se conectan con nuestra respiración particularmente, y la respiración se conecta al sentimiento, al sentimiento articulado del lenguaje. La poesía es una articulación vocal rítmica de sentimiento, y el contenido de la poesía es sentimiento. Supongo que cualquier otra cosa a la que eliminamos el sentimiento sería reflejo condicionado de asociaciones encadenadas de lenguaje.

La propuesta hindú es que hay facultades del lenguaje sonoro del cuerpo que se han atrofiado en las culturas transitorias recientes, que sustituyeron la reproducción mecánica de imágenes por una comunicación interpersonal de imágenes. Parecido a los términos que plantea McLuhan, la misma naturaleza de la lectura y del pensamiento lineal, y del lenguaje reproducido (imágenes del lenguaje reproducidas y leídas silenciosamente), han tendido a abstraer la comunicación del lenguaje  y a adelgazarlo; en realidad, a darle menos cuerpo, menos significado. Y así, las facultades del sonido del cuerpo y el comportamiento del lenguaje que poseía una profunda respiración rítmica, se han atrofiado.

Pero eso es sólo una condición temporal, en el sentido de que no se pueden comparar veinte mil años de historia intelectual grabada desde las pinturas rupestres de las cuevas de Magdalena hasta el presente, pues es sólo en los últimos cien años, o algo así que hemos abandonado completamente la comunicación de voz directa, y los ejercicios de comunicación con voz, incluyendo el canto, que es característico de casi todos los grupos tribales esparcidos por todo el globo terrestre, a través de un más largo periodo que el de muestra muy transitoria civilización mecánica.

Ahora estamos examinando la epistemología bajo circunstancias muy especializadas, usando el lenguaje para discutir los límites del lenguaje. No tenemos los argumentos filosóficos o educacionales de sociedades tribales más complejas que tienen un conocimiento mucho más variado de los sonidos corporales. Los indios americanos hicieron también cantos y bailes comunitarios, así como meditación, como parte de sus rituales para la recolección de los alimentos. Ante el propósito de matar a un búfalo debía haber meditación sobre el alma del búfalo e imitación del búfalo, un canto, una identificación y un conocimiento sagrado del búfalo que nosotros no tenemos cuando conseguimos una pieza preempaquetada de carne congelada en un pedazo de plástico. Así también se requería estar sentado, tener paciencia, observación interna y cantos rítmicos, sólo para atrapar a un búfalo, o incluso para atrapar a un conejo, la paciencia requerida para sentarse debajo de un árbol, oler, esperar y escuchar.

Esa paciencia requerida para la recolección de los alimentos condicionó la conciencia mental a una mayor atención hacia los pequeños e inmediatos detalles alrededor del cuerpo, condicionó al recolector tribal de alimentos a ir sobre su ocupación práctica, en una relación más directa (a través de sus sentidos) con el mundo exterior. Sólo con nuestra división del trabajo y la absorción mental bajo las condiciones del lenguaje escrito, nuestra conciencia pudo aceptar como real aquello que puede ser formulado en secuencia verbal, puesto en papel, leído silenciosamente y fotocopiado. Para nosotros significa que sólo un suceso escrito es creíble o real, mientras que los indios o los miembros de otras culturas tomarían su hecho, su realidad, como un acto en sí, más directamente.

Si nuestro sistema es o no una ventaja, no lo sé. Tal como se presenta, parece estar arruinando al planeta. La misma naturaleza de nuestro poder de abstracción nos condena a perder el contacto con el detalle. Y, por lo tanto, las mismas raíces de los árboles se están secando, marchitando, y los océanos están siendo contaminados, simplemente porque hemos reducido todo a un lenguaje que puede ser pasado a través de máquinas. Obviamente las máquinas no son lo suficientemente complejas para sumar en cuenta todas las variables, en este sentido no son tan complejas como los hombres y las mujeres. Hemos perdido nuestro mundo persiguiendo nuestro tipo de especialización del lenguaje.

De acuerdo con el Sutra Budista del Diamante, “Todas las concepciones sobre la existencia del ser, así como todas las concepciones sobre la no existencia del ser, así como todas las concepciones sobre la existencia del Ser Supremo, y todas las concepciones sobre su no existencia, son igualmente arbitrarias porque no son sólo concepciones”, y en realidad no son entre la entidad (o la no entidad) entre los que estamos, la cual no tiene categoría, nombre, o abstracción, sino que es en sí misma, y como tal está “abierta”, esto es, no está limitada por el lenguaje.

Ya que la “vida” no puede ser categorizada, la conducta mágica dentro de ella no puede ser regulada, puesto que no hay reglas.  Por lo tanto, para un conocimiento más elevado de esto, o para un aspecto de su conocimiento, uno tendría que usar el lenguaje que fuese idéntico al comportamiento de la entidad en sí misma, más que un lenguaje descriptivo del comportamiento de la entidad. Y ese comportamiento del lenguaje en sí mismo es una oración. De esta manera, diría que la forma más alta de la investigación epistemológica podría ser la oración. Por oración quiero decir un tipo de mantra. En otras palabras, el uso del lenguaje rítmico para despertar los sentidos, despertar las percepciones, y despertar el sentido del espacio interno, para alterar toda la conciencia en sí misma, más que para arreglar de otra forma los dígitos del lenguaje dentro del ámbito de la conciencia. Puede ser callada o silenciosa, puede ser una oración sin palabras, por ejemplo, sólo pura atención, tal vez la atención a la respiración, o a nada en particular.

Recientemente leí una Sadhana de la secta Nyingmapa del budismo tántrico tibetano, la misma secta que enseña el mantra “Oh Ah Hum Vajra Guru Padma Siddhi Hum” ahora en Estados Unidos. El ritual involucró una serie de oraciones preparatorias y visualizaciones de deidades ideológicas y formó una actitud mental hacia la meditación. Al final de la Sadhana la instrucción abruptamente dice: “Descanse en un estado no conceptual la Mente tanto como sea posible”.

Y eso es como el corazón de ella, el resto de la magia era sólo una invocación de bendiciones preparándote para que te sentaras quieto… tú sabes, habiendo agotado todo tipo de concepciones de las formas de Buda, sentado en la parte superior de tu cabeza, colmando tu cuerpo con ambrosía y todo, finalmente permaneces en un estado mental no conceptual.

A un gurú de Nueva York que enseña esto le pregunté: “¿Cómo haces eso?” (Yo estoy acostumbrado a hacer un mantra, tú sabes, como sentarse, meditar con un mantra.) Entonces dijo: “Oh, bueno, una manera es mirar entre los pensamientos, en los espacios entre los pensamientos.” De esta manera, esa teoría del conocimiento es muy pragmática, cosa práctica: estos maestros en realidad examinan la procesión de los pensamientos en la cabeza, escarban. En otras palabras, la meditación no toma como un hecho dado la realidad exclusiva de los “pensamientos”, como la epistemología occidental de cierta manera lo hace. No toma como un hecho dado la sustancialidad del proceso de lenguaje-pensamiento que considera la naturaleza del conocimiento. La meditación no significa examinar meramente la definición de las palabras, significa examinar el material mental del que están hechas las palabras, o el material de la mente del que está hecha la conciencia. Y de esta manera, una sugerencia práctica para entrar en esto es: “Bueno, ahora, mira a los espacios entre los pensamientos.” Lo cual significa que tienes en realidad que examinar literalmente el pensamiento, no perderte en él. En otras palabras, no te vuelves parte del pensamiento y eres arrastrado con él, como un bote. Te sales del bote y examinas la naturaleza del pensamiento en sí mismo, y eso, supongo, es verdadera epistemología… y ahí es donde la epistemología occidental llega, finalmente, en ciertos escritores. Tendría que parar en eso, a menos que fuera a existir dentro de este sistema cerrado de sueño y que nunca realmente saliera de sí misma para que imaginara que el conocimiento real comienza con el examen de la naturaleza o de la materia del pensamiento acerca del conocimiento, examinando el terreno en el cual los pensamientos tienen lugar.

En la cultura occidental el equivalente de ese tipo de investigación descansaría en la tradición gnóstica. Tendrías que empezar con Heráclito, examinar a Porfirio, a Jámblico, a Jacopo Boheme y Pitágoras. Hay, de hecho, una fuerte tradición occidental en esta área, aunque no es estudiada extensamente como parte de la filosofía formal, porque alrededor del 300 d.C., cuando el emperador Constantino se hizo cargo de la filosofía, esa filosofía fue extirpada por la que sería la CIA de aquel tiempo, pues era una filosofía antiautoritaria.

Alrededor de 1750 en Inglaterra un gran helenista y latinista llamado Thomas Taylor, quien tradujo todos los fragmentos de los padres de la Iglesia que sobrevivieron a las quemas ordenadas por Constantino y el Cónsul de Nicea, cuando condenaron todas las doctrinas heréticas y quemaron todos los registros escritos acerca del hecho de que algunas modalidades alternativas del Universo pudieran ser vistas o examinadas, y reforzaron al Uno central y autoritario representado por Jehová-Constantino-Emperador-Papa. Hecho el trato, Constantino sería la cabeza de la iglesia y del Estado, y también sus chicos determinarían qué teorías de la naturaleza de la realidad eran aceptables a Iglesia y Estado. En otras palabras, hubo una realidad oficial impuesta dentro de las palabras “¡tampoco salgas fuera de las palabras!” Esto fue parte del trato.

De esta manera, Taylor recopiló todos esos fragmentos, y sus manuscritos fueron examinados por William Blake, en gran medida, y por todos los revolucionarios de su tiempo, incluso Thomas Paine. Coleridge sacó un gran provecho de Taylor, así como hizo Shelley Bronson Alcott fue a Inglaterra para obtener un acervo del trabajo de Taylor, que extrajo de regreso a Brook Farm, lo cual afectó a toda la tradición estadounidense del trascendentalismo. Cuando los comunistas de Brook Farm no estaban leyendo los Upanishads y los Vedas, estaban preparando extos gnósticos neoplatónicos de Teylor. Lo cual pudo haber afectado a Herman Melville, quien probablemente también vio esos textos. Los libros específicos que Alcott trajo a su regreso fueron prestados a Emerson y anotados por ellos dos.

De esta manera, el examen de la mente es, en mucho, parte de nuestra propia tradición estadounidense. Ahí es donde William James entra, cuando comienza a penetrar en la fenomenología práctica y aborda la praxis de la conciencia alterada en  The Varieties of Religious Experience. Y eso estableció una situación para los experimentos pragmáticos con penetración trascendental en Harvard, respecto a lo cual podemos citar a Gertrude Stein, a su poética, que era una forma de meditación o de examen del lenguaje en sí mismo por medio de la repetición, una y otra vez en diferentes combinaciones, para ver si ella podía ser removida de asociaciones condicionadas, como si las asociaciones pudieran ser limpiadas de las palabras para que fueran sólo sonidos mántricos.

Eso también llevó a que en 1919, Virgil Thomson (que luego sería amigo de Gertrude Stein), un joven músico que andaba por Harvard hablando con S. Foster Damon (quien era un erudito sobre Blake), recibiera de Damon la obra Four Saints in Three Acts, o algún texto de Gertrude Stein, como un estudio sobre su lenguaje y la conciencia. Y en este viejo contexto de William James (el capítulo de las revelaciones antiestéticas de The Varieties of Religious Experience), Virgil Thomson le dio a S. Foster Damon dos botones de peyote en los campos de Harvard.

De esta manera, la tradición occidental gnóstica puede ser mejor estudiada en cierto dicho de Pitágoras: “Todo lo que vemos cuando [estamos] despiertos está muerto, y cuando [estamos] dormidos, sueño”; o, en relación con el uso del lenguaje con la generalzación, el viejo enunciado de Heráclito todavía permanece: “No puedes tocar el mismo río dos veces”. Queriendo decir que no se puede hacer una generalización para que sea buena un minuto después; no exactamente la misma generalización. No puedes hacer un enunciado absolutamente descriptivo de un suceso aun si el enunciado es idéntico a sí mismo. Incluso un Om no es eterno, en el sentido de que el Om cambia dependiendo del que dice Om, de minuto a minuto, de esta manera no hay lugar donde esconderse incluso en el mantra. No hay descanso de la creación continua o del cambio. ¿Alguna otra pregunta?

PREGUNTA: Tengo una sobre lo que dijo acerca del canto y de cómo en la sociedad contemporánea, al menos en Estados Unidos, parece haber dejado de existir. ¿Podría explicar eso? ¿Por qué hay personas pensando diferente, por qué piensan que esto ya no tiene importancia?

AG: Bueno, hay muchas razones diferentes. Ni siquiera es exactamente cierto decir que ha dejado de existir completamente, porque la tradición negra mantiene vigente el canto, en el sentido de que el canto corporal está todavía en el jazz y en los spirituals, hasta el uso político de él en “We shall Overcome”: todavía hay remanentes de los cantos, los bailes y los tamborileos africanos.

Pero mientras que en la cultura negra algo muy profundo del alma es el modo dominante, en la cultura blanca algo muy superficial y anticanto, como Mantovani, Musak o Pat Bone es lo dominante, excepto por el folk-rock prometeico. Diría que la razón de ello es, quizás, el capitalismo; esto es, la usura. La gente tratando de hacer dinero a través de la producción en masa, monopolizando las máquinas reproductoras, dominando la impresión (la maquinaria de la reproducción de imágenes)  y la televisión y la radio. El hecho de que el espacio de transmisión de la radio y la televisión esté a la venta, no es propiedad común sino que sólo está integrada a la Rueda comercial, significa que sólo ese sonido corporal, como es comercial, será transmitido.

La televisión es un enlace de conexión neurológica entre las células separadas del cuerpo político de nuestra cultura. Y nuestra red de comunicaciones está dominada por la usura capitalista, en otras palabras, tienes que hacer dinero en ella. Hasta el punto de que el canto corporal es la afirmación de compartir el alma de manera no usurera, común, comunal, comunista, entre todos los miembros del cuerpo político, no simplemente con los miembros del cuerpo político, sino con los miembros del cuerpo de la Naturaleza, incluyendo los animales y los árboles y las hierbas… hasta el punto de que el más alto comunal es un canto de unión y de identidad con toda la Naturalea, y el capitalismo y nuestro sistema económico requieren del excesivo corte en pedazos de la Naturaleza en la tala, o de minar y agotar la Naturaleza; hasta este punto pienso que es parcialmente nuestro sistema económico el que nos prohíbe cantar. Parcialmente debido a la misma naturaleza de la maquinaria.

PREGUNTA: Es interesante también que en las iglesias en nuestros días no encontrarás nada como los cantos gregorianos. Recuerdo mi experiencia cuando teníamos cantos, no en una iglesia católica sino en una protestante. Lo hicimos, pero no era muy popular.

AG: Probablemente era vergonzoso. Porque es un área entera de sentimiento, de un sentimiento ritual de familia comunal que es temido. Y la razón se debe a que es una ruptura hacia una nueva conciencia, que no es como la conciencia social inculcada por la televisión o la radio o los periódicos o la política, es otra conciencia de animal mamífero que está unificada con el mundo, tú sabes, la conciencia que compartimos, la compasiva conciencia de la mente y el corazón que compartimos con las águilas y las ballenas azules. Y ya que seguimos matando todas las ballenas y las águilas no sería apropiado darle voz a esta conciencia; por consiguiente, sería revolucionario darle voz a otra conciencia, articularla, y darle la bienvenida al despertar de la conciencia en la superficie frontal del cerebro.

Y es por eso que las formas africanas rituales del jazz siempre fueron, en un sentido, revolucionarias, y cuando fueron pasadas al otro lado del Atlántico a través de los Beatles y los Rolling Stones, por medio del rock, por medio de la electrónica, de regreso a los hijos de otra generación, quienes comenzaron a mover sus caderas y a hacer este sonido del canto, era parte de la revolución, como la Sociedad John Birch dijo en 1965, muy proféticamente, que los Beatles estaban usando ritmos hipnóticos, movimientos corporales y vibraciones extrañas para alterar la conciencia de muchachos y muchachas para hipnotizarlos y tener otra conciencia a través de eso, lo cual no se ajustaba a la “razonable” moral estadounidense. Se suponía que el rock iba a disolver la conciencia racional del mundo occidental. Lo vieron inmediatamente como una amenaza y un peligro, ¿recuerdan esos panfletos de los sesenta?

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