Cuentos chinos cortos

Los breves cuentos que a continuación se presenten forman parte del libro Largueza del cuento corto chino cuya recopilación, prólogo, traducción y notas corresponden al poeta y traductor José Vicente Anaya.

El poder del emperador

 

El emperador Wu Ti murió en una pequeña parte de su enorme palacio, de tal modo que sólo se enteró Wang Mang, su primer ministro. Mientras, el resto de los colaboradores y familiares del emperador pasaban el tiempo completamente ocupados en cumplir las órdenes que habían recibido de Wu Ti en vida.

El ambicioso Wang Mang ocultó el cadáver del emperador y siguió dando órdenes en su nombre. Al cabo de un año el imperio siguió siendo próspero y nadie había notado la ausencia de Wu Ti. Hasta que un día Wang Mang mostró al pueblo el esqueleto del emperador y dijo: “¡Miren! A lo largo de un año el imperio ha funcionado con un muerto en el trono. Yo he sido el que realmente ha gobernado. Por lo tanto, merezco ser el nuevo emperador”. El pueblo y los ministros estuvieron de acuerdo. Sentaron a Wang Mang en el trono. Y para que su mandato fuera tan acertado como el de su antecesor, le dieron muerte.

 

 

Tres héroes indeseables

 

Al príncipe Ging le gustaba rodearse de héroes. Gung-sun Tsia, Tian-kai Giang y Wu-i Tsi eran los héroes más colmados de honores, y a tal grado que se volvieron arrogantes e irreverentes. El príncipe, inconforme con la conducta de ellos, consultó a su ministro Yan Tsi, quien le sugirió: “Ordena que se organice un banquete e invita a todos su colaboradores y a esos tres insolentes. Pero harás todo lo que te indique”. El príncipe aceptó.

El día del banquete el príncipe dijo: “He aquí, al centro de la mesa, los cuatro mejores duraznos que se han encontrado. No hay más. Entonces, sólo podrán comerlos cuatro personas de las más dignas entre nosotros. Dado a que yo soy el príncipe y he acarreado justicia y prosperidad, merezco uno de los frutos. Otro le corresponde a Yan Tsi, porque de él he recibido los mejores consejos para bien gobernar. Sólo quedan dos, pero no sé quiénes de ustedes los merecen más”. Gung-sun tsia golpeó la mesa con su espada, se levantó y dijo: “Yo soy el mariscal del príncipe y he vencido a tres reinos”. El príncipe respondió: “Es grande tu mérito, toma uno de los duraznos”. Luego, Tian-kai Giang dio otro golpe sobre la mesa y se expresó así: “Yo he luchado en más de cien batallas. Mis triunfos han ampliado el territorio de mi príncipe”. el príncipe le dijo: “Ése es un gran mérito, toma otro durazno”. Los ojos de Wu-i Tsi expresaron furia, se pudo de pie y gritó: “¡Un día la embarcación del príncipe fue amenazada por un dragón en el Río Amarillo. Tomé mi sable y luché cuerpo a cuerpo con aquel monstruo. Mi coraje hacía que los ojos se me desorbitaran! Al fin surgí con la cabeza del dragón. En muchas otras ocasiones le salvé la vida a nuestro príncipe. Siempre he cumplido con sus encomiendas. Y en las guerras he marchado en la vanguardia. Mis méritos son superiores a los de Gung-sun Tsia y Tian-kai Giang, pero ellos fueron los premiados. He perdido el favor del príncipe. ¿Cómo podré vivir con esta vergüenza?” Terminando de hablar tomó su cuchillo y se dio muerte.

Ante lo sucedido, Gung-sun Tsia dijo: “Es verdad que mis méritos son menores a los de Wu-i… La vergüenza de haber sido premiado sin merecerlo me orilla a matarme”. Y lo hizo. Por su parte  Tian-kai Giang dio un espantoso grito y con el sable en la mano se dirigió a los presentes: “Wu-i, Gung sun y yo hemos sido inseparables. Puesto que ellos han muerto, yo debo seguirlos”. Se abrió la garganta con el puñal.

El príncipe no pudo contener los sollozos. Ordenó que prepararan unas pompas fúnebres suntuosas, a la altura de los méritos de los tres héroes muertos.

 

 

Sueño y realidad

 

Un hombre del reino de Cheng estaba cortando leña en un bosque cuando, de pronto, pasó junto a él un ciervo espantado y lo mató. Temeroso de que otros lo descubrieran, rápidamente hizo una zanja donde lo ocultó con ramas de arbustos. Poco después olvidó el escondrijo y creyó que todo había ocurrido en un sueño. Camino a su casa contó el suceso a mucha gente como si se hubiera tratado de un sueño. Entre los oyentes hubo uno que decidió buscar el ciervo y lo encontró, volvió a su casa con tan preciada carga y dijo a su esposa:

— Un leñador soñó que había matado a un ciervo y que después no recordaba dónde lo había ocultado. Pero ahora resulta que yo lo encontré. Su sueño tuvo que haber sido realidad.

— ¡No!, tú eres quien soñó que un leñador había matado a un ciervo  —dijo la esposa —. ¿Realmente crees que ese leñador existió? Tu sueño se hizo realidad.

— Sí encontré al ciervo por un sueño — contestó el marido —, ¿qué caso tiene averiguar cuál de los dos soñó?

El leñador regresó a su casa sumamente perturbado. Esa noche soñó que el otro había encontrado al ciervo y a la mañana siguiente fue a disputárselo. Discutieron largo tiempo. Y como no llegaban a ningún acuerdo sobre la pertenencia del ciervo, recurrieron a un juez. El juez dijo al leñador:

— A ver. Pongamos las cosas en claro: primero mataste a un ciervo y luego creíste que fue un sueño. Más tarde lo soñaste y creíste que era realidad. El otro encontré al ciervo y ahora te lo disputa, aunque su mujer piensa que él te soñó… Pero como el ciervo está aquí, lo mejor es que se lo repartan.

El rey de Cheng se enteró de todo lo sucedido y preguntó:

— ¿Y ese juez, no estará soñando que reparte un ciervo?

 

Lieh Tse (450 – 375 a. C.)

 

 

El sueño de Chuang Chou

 

Hace mucho tiempo, yo, Chuang Chou, soñé que era una mariposa que la volar se llenaba de gozo. En el sueño yo ignoraba ser Chuang Chou. De pronto desperté y volví a ser el verdadero Chuang Chou, pero no sabía si Chuang Chou había soñado que era una mariposa, o si una mariposa estaba soñando que era Chuang Chou.

 

Chuang Chou (c. 399-286 a. C.)

 

 

El secreto de la inmortalidad  

 

A un monje le contaron que en cierta región vivía un hombre que poseía el secreto de la inmortalidad, y decidió ir a buscarlo para convertirse en su discípulo. Cuando el monje llegó a esa región le embargó una tristeza inconsolable porque, dijo, ya no podría aprender el secreto de la inmortalidad, pues le informaron que hacía pocos días el maestro había muerto.

 

Tradición taoísta

 

 

Fusión del objeto y el sujeto

 

Un monje le preguntó a UI Kuan:

— ¿Cuál es el Tao (Camino)?

— Lo tienes justamente delante de tus ojos.

— ¿Por qué no lo veo?

— A causa de tu egoísmo —añadió el maestro Chan.

— Si yo no lo veo a causa de mi egoísmo, ¿lo ves tú?

— Mientras tengas ideas de dualidad y digas “yo no veo”, “tú ves”; tus ojos quedan ciegos por esa noción de relatividad.

— Cuando no hay ni yo ni tú, ¿se puede ver? —volvió a preguntar el monje.

— Cuando no hay ni yo ni tú, ¿quién es el que quiere ver?

 

Budismo Chan

José Vicente Anaya (Villa Coronado, Chihuahua, México, 1947). Poeta, ensayista, traductor y periodista cultural. Fundador del movimiento infrarrealista. Ha publicado más de 30 libros, entre ellos: Avándaro (1971), Los valles solitarios nemorosos (1976), Morgue (1981), Punto negro (1981), Largueza del cuento corto chino (7 ediciones), Híkuri(4 ediciones), Poetas en la noche del mundo (1977), Breve destello intenso. El haiku clásico del Japón (1992), Los poetas que cayeron del cielo. La generación beat comentada y en su propia voz (3 ediciones), Peregrino (2002 y 2007), entre otros. Ha traducido libros (publicados) de Henry Miller, Allen Ginsberg, Marge Piercy, Gregory Corso, Carl Sandburg y Jim Morrison. Ha traducido a más de 30 poetas de los Estados Unidos. Ha recibido varios premios por su obra poética. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores CONACULTA-FONCA. Formó parte de la Sociedad de Escritores de México y Japón (SEMEJA). En 1977, funda alforja. REVISTA DE POESÍA. Desde 1995 ha impartido seminarios-talleres de poesía en diferentes ciudades de México. Ha asistido a encuentros internacionales de poesía y dado conferencias en varios países como Italia, Estados Unidos, Colombia y Costa Rica. Actualmente colabora en la revista Proceso.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *