Eduardo Serdio, poesía joven

Te he vuelto a encontrar, mi prostituta…

 

Te he vuelto a encontrar, mi prostituta,

¿Dónde estabas? perra corrompida por linajes.

Siempre en boca de otros,

esculpiendo tu figura en las manos de los otros,

pero siempre tuya, nunca mía ni de los otros.

 

Dama de los siglos eres,

hasta de ellos eres barragana.

Dime entonces: ¿por qué te encelas de las otras?

Por qué no llegabas con el sol que amanece

Por qué no llegabas cuando estaba con mis fieles,

con los perros, con mis libros,

con la mujer que me casaría y que me decía en la cama

“déjame ser tu puta” y yo pensaba en ti,

mi puta benévola,

clásica o moderna,

mi puta por excelencia,

mariposa de mil metamorfosis,

metamorfosis de mil sombras,

sombras de mil espejos,

pan y leche de los hombres,

mi puta celosa de mujeres,

mi puta verdugo-redentora,

mi puta por excelencia:

mi poesía.

 

 

Elegía a unos pájaros tan míos

 

 

I

Ayer me quedé con él en silencio,

nada más triste que un pájaro llorando

-pensé mientras llorábamos por ti-

entonces cantamos con voces huecas

mirándonos dentro el infinito vacío,

no supimos con signos deletrear tu nombre,

pero te encontramos absorta en la noche moribunda;

él y yo fuimos tus astros y tú la margarita

llena de estrellas al llegar al alba,

pero tenías que morirte con tus plumas verdes,

con la hermosa espesura de tu imagen.

Ahora somos dos pájaros en la misma jaula

Y te lloramos lo mismo, Casiopea.

 

 

II

 

Hoy llegué a casa y encontré tu espejo,

ya no podía volar de igual manera,

estaba llegando la muerte a su destino

y no pudieron detenerla mis deseos

porque estaba escrito en sus alas el designio.

 

Dirán muchos que volvieron a la tierra,

pero yo sé que quedaron suspendidos en el aire,

esculpidos en las noches de diciembre.

 

Orión y Casiopea

todas las noches los recuerdo:

Nunca pensé que las constelaciones

vinieran a cantarme melodías.

 

 

Nocturno de las voces

 

 

Qué doloroso saberte aislado

                          condenado a la edad del Sol

y a sus murmullos

                                      a los ecos entreabiertos en la sombra

que repican

                                 y  repican

            y  vislumbran

 

huesos fríos           tardes pálidas

                                                         noches de palabras circulares

donde un sabor a lejanía se incrustaba

en aquello que nunca sería nuestro

 

 

          Hoy la noche es triste

como un pájaro que ha sido tocado por la muerte

            como un hombre que ha perdido la fe en su discurso

                             Yo soy ese hombre

                                       ese pájaro

                                                              ese bardo errante de voces nunca mías

                           Soy aquél seducido por los cantos de sirenas

enloquecido por la codicia

y  por el vino

                                              Por las sombras que no cesan de abatirme

con un bullido de ráfagas sonoras

                                                                                            Mas el vértigo exime los fracasos

 

y torbellinos engarzados de alaridos

                           se presentan en todas direcciones

                                                  al desdoblar los siete rostros de mi cuerpo

 

               Y ahora

                                              cuando la dama de negro te entrega la palma

                                       sabes inminente la condena

 

                        No  queda más que los gritos de susurro

                                        en esta gélida

                                   desnudez sin tregua

 

 

Nocturno del ansia joven

 

La noche no es metáfora del mal

sino su representación contenida.

Las bestias salen en la noche,

se ha convertido en tópico porque es cierto.

 

Los demonios enjaulados

rompen las cadenas del sol,

buscan saciar su sed a toda costa.

 

Llegó la noche

con sus luces neón que parpadean,

con sus prostitutas de risa hiena y falda corta.

 

Llegó la noche

con sus ratas negras encrespadas

corriendo ansiosas

en las orillas de las calles de la Ciudad de México.

 

Llegó la noche

y un joven le dice a otro

El barrio está caliente

mientras vagabundos pasan a su lado

tomando mezcal

con sus ropas corroídas

y piel con mugre y llagas y hongos y costras.

Es la Guerrero, qué te esperas.

Responde el otro

sin saber que el peligro

no adhiere sus colmillos en colonias

sino en el lomo de la noche que crece sobre ellos.

y aunque policías cuadren el perímetro,

no pueden encarcelar a los demonios

-pues también habitan en sus almas-

y se corrompen con la tentación ingenua del soborno.

Una Sor Juana y aquí no pasó nada, oficial

les dice un taxista, y lo aceptan

sin saber que al siguiente día

van encontrar en la cajuela del mismo taxi

una persona amordazada.

 

Pero a pesar de todo

ansiamos la noche,

porque somos jóvenes

y necesitamos fiesta y cocaína,

porque somos jóvenes

y desconocemos los demonios,

porque somos jóvenes

y no sabemos

nada

de

la noche.

 

 

Novillejos

 

 

Calvario

 

Su pena no me corresponde,

esconde

de mí sus caídas, pues duelen,

y vuelen

sus actos por el bien pastor,

Señor.

 

Aún es delicada flor

haz que amores sobre ella impelen

y a tu palabra le revelen

las enseñanzas del amor.

 

 

Novillejo sinestésico para la sonata Nº 4 en E menor

del álbum BWV 1023 de J. S. Bach

 

Llega y toca suave al oído:

sonido,

su voz vibrando se revela

y vuela,

sin duda hablo de la sonata

de plata.

 

Notas de color escarlata

en un violín de vieja escuela,

si Bach pintó sonatas

¿Por qué no escribo en acuarela?

Eduardo Serdio. Poeta nacido en marzo de 1994. Es estudiante de Lengua y Literaturas Hispánicas en la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha impartido talleres de creación literaria en el ámbito juvenil e infantil en Mostrarte a México A.C.  Es miembro fundador del taller literario De-lirio que actualmente se ejecuta en la Facultad de Estudios Superiores “Acatlán”. Se desempeña como crítico y editor en la revista homónima.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *