Diótima. Encuentro Nacional: Poemas de Salvador Gallardo Cabrera

 

 

Presentamos la serie Diótima en la cual publicamos algunos poemas de Salvador Gallardo Cabrera, invitado al Segundo Encuentro Nacional de Poesía a realizarse los días viernes 17, sábado 18 y domingo 19 de mayo en la Biblioteca General del H. Congreso de la Unión, en el Centro Cultural de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, y en el Museo Nacional de las Culturas del mundo, respectivamente.

 

Salvador Gallardo Cabrera leerá en:

 

Inauguración

Viernes 17 mayo, 18 horas

Biblioteca General del H. Congreso de la Unión

Tacuba 29 Centro Histórico

 

Clausura

Domingo 19 mayo, 12 horas

Museo de las Culturas del Mundo

Moneda 13, Centro Histórico

 

 

 

La alianza abandonada

 

Luz de madrugada sobre café frío, lámparas rotas, pantallas desiertas

Una oscilación en los océanos raya el viento y mi tabla negra

Mensaje desde mareas equinocciales ácido marino que cumple su órbita

De golpe, contra mi puerta, en el hotel llamado Farmacia

O fuera, en la cafetería nocturna de los bebedores de absenta, tan lejos

Desde el fondo crudo de la mezcla y la conexión aparecen ventanas

Escaleras y rampas, piedras, grava, muros sin transición, sólo borde

Ventanas abiertas indican pisos vacíos, caminatas de ensoñación las iluminadas

En los muros lisos de la ciudad arraigaron juncos a un papel cosido

En esos papeles estaba escrito “nada” nada había escrito en los papeles

 

Escribir: alcanzar un punto donde no se pueda permanecer

Las palabras se acuerdan de las palabras escribir salta a lo desconocido

Acoge lo desconocido, tantea entre dos luces: madrugada/olor a ozono

Atraviesa el día por su borde escribir ha sido tachado con una raya oblicua

Atraviesa un curso de líneas una red de cortes y desapariciones

“Si escribo es porque no sé qué puedo decir, para saberlo” (tachado)

 

Luz que cae siempre hacia el lado amarillo del blanco verdadero

O no si un cielo inmenso y con fisuras detiene la circulación de los mensajes

¿Qué mensajes, nadie los espera, cómo atravesarían el hueco entre dos edificios?

Hueco de un ascensor, hueco de las ventanas y de los cuadros plegables

Por efecto de la luz que sigue en camino entre desgarros, turbulencias, saltos

A qué velocidad difícil de estimar en un tramo de vida sobreentendida

¿Cómo llegarían a nosotros que vivimos dentro y en palabras?

 

Al final de las palabras, sin tener sitio en qué parar: seguir, tantear

Al final de lo que puede hacerse con palabras

Desde el comienzo

 

 

 

Gobelino

 

Por el bosque de nudos que se extiende en el muro

Con un mapa de niebla y la noche como brújula

Sobre las nervaduras de todas las flores con nombre de trampa

Perdido en el curso de la urdimbre, perdido en el trazo

Sorteando apenas sus múltiples vericuetos o sus terribles riscos

El monte de las hebras de algodón, el cerro del muerto

Los picos de una montaña que no es montaña sino andamiaje

Como no es agua el lino que escurre por mi estandarte

Ni espada esta astilla que sigue enfundada

Por el bosque de nudos por el bosque de hilos y su fina factura

Busco las estancias donde el recuerdo fue franco porfiar

El tiempo un fugitivo en espera del cambio de guardia

Y los cantos que circunnavegaron nuestro amor con sus tácticas dilatorias

Elevados a otros testigos y testimonios, elevados a nadie

Ah brillan las tinturas de tus gasas ornamentales

Sus inmediaciones de nudo vuelto color por obra de la luz

Qué es lo que busco sino orientar la noche a su poniente

Tener la espada por el pomo empuñar por el corazón el cuerpo

Fijar el chasquido que por el tragaluz me descubrirá sosteniendo un muro

Inmerso en la clara disposición de un escenario recobrado

Sujeto sí a las estipulaciones de la trama pero vuelto hacia a otro orden

En el amanecer de alguien que abre o cierra los ojos y mira

 

 

 

Trazar en el desierto

 

a Gunther Gerzso

 

Ahuecar en las paredes de agua

En los estratos de piedra

De arriba abajo para no usar andamios

Formar entonces una estructura habitable

En el altar cóncavo de un desfiladero

En los cortes del cielo congelado

Mirar las grietas y los planos rotos

Saberse armado con el mirar que nunca fija

Pintar se convierte entonces en cuadro del mundo

 

 

El agua es flujo lateral de luz, la piedra puerta extrema

Así esta hendidura es mordedura blanca en el follaje

Un borde negro acidula, no marca, forja otras apariciones

No es San Luis Potosí sino el desierto amurallado

Lugar sin orillas, real y Real

Catorce veces he caminado por el desierto de matorrales

He rasgado el esmalte color naranja en las piedras

He visto los cuerpos plegándose

Alguna vez puse una esmeralda en mi boca

Y supe una manera diferente de estar ausente

 

 

El desierto se corta en un plano azul-naranja-verde

Zona de restos y edificaciones en constante reconstrucción

Hay deseo en el encuentro de una hendidura y un afilado dardo

Hay desierto en el sonido velado de un cuerpo

En el estremecimiento mental del matorral

Las ruinas no son despojos son otro orden

Rayas del reino, escorias de una planta de beneficio

Por ser cauce del deseo

Porque todo paisaje aspira a borrarse a sí mismo

 

 

Mojo las micas de mi pensamiento

 

El pigmento en la cabeza del saurio es la sombra del avión que pasa

¿No eran águilas los clavos hundiéndose en el desfiladero?

¿No era el desierto campo de matanza?

Son los mismos bloques de piedra, la misma “inmensidad abajo”

Si hoy mojo las micas de mi pensamiento

No es porque alguien piense o pinte desde sí mismo

Sino porque hay cien plataformas en el cuadro nuevo

Y entre ellas camina sin pensar un saurio inaparente

 

 

 

La memoria y el pasado no se encuentran

Tal un puente extendido pero sin placas de engarce

Donde dos observan las cajas de agua escarlata

Cada uno limitado a sí mismo

Ojos abiertos en rostros cerrados

En un lado ella desenrolla sus pliegos infinitos

En el otro él logra asir un extremo

Así quedan por un momento uno dentro del otro

Dentro y lejos de cada cual

Como un trazo que se sigue en otro cuadro

Para que el olvido pase sin violencia

 

 

 

Primer tablero

 

Ernesto

 

Sin tiempo y sol blanco no hay amor bajo una línea de agua

Nada puede ser retenido ni los trayectos ni las láminas de luz

Dos ojos color azul prolongan un cuerpo roto y puro

Nunca acaba el agua fría, la ortiga, la piedra de apedrear

El agua disuelta está en ningún sitio, vuelta al cielo

Ningún camino quebrado: es la tierra que gira y corta con su filo

El monstruo de la tierra, su ligera hacha lunar que ríe

Cuatrocientos ojos por rostro, desencajado de la geografía, invisible

Y tú, sin ciencia del arribo o del regreso: pájaro de lo desconocido

Entre las grúas rígidas de luz tras la mañana que no amanece

Si despertaras con los ojos vueltos hacia afuera -en la marea opuesta

Justo en la orilla de la vida desbordado tu poder terrenal

Las grúas te indicarían un trazo que no viste en la autopista

Franja blanca sobre trampa de agua

 

¿Cómo dura un camino en la tierra que corta?

-“Dura contra el dolor es la ruptura de todos los lazos”

La lluvia enreda tu auto contra la serenidad perfecta de la carretera

Y cómo estar en medio, a tu lado, donde no respondes

Buscar ahí la insistencia, abrazarte con la rapidez de un latido

Contra el dolor que nada dice, contra la mañana de la que no vuelves

Contra el brazo que cuelga a tu cuerpo por la sumisión terrestre

Ya no y aún no nunca más en las migraciones que nos rigen

Esto es todo, nada más ha quedado, nada puede recordarse todavía

 

Tengo por agua de navegación la memoria de los polos

Gotas blancas y pesadas sobre el parabrisas de un auto

Siempre adelante te pierdo si te recuerdo si no lo hago estoy perdido

El cielo acostado sobre la tierra, no hay luz, no puede levantarse la luz

Ráfagas de agua pulverizada al final de la línea, tinas de mercurio

En el día más largo del hemisferio, ya termina, nunca terminará

El día sin la vibración de una salida nueva un día herido

Sólo quien se alcanza a sí mismo puede soltar todos los lazos

Sólo el amor atraviesa sus propios límites

Así un guijarro flota en geoda de lluvia lejana

Es el sol que abre bajo la línea de agua o rompe una puerta en T

Sus rayos la fuente luminosa tu brazo la aguja del cuadrante

Escribe en el desierto del suelo las rayas de sombre

Un pájaro intercepta y canta esa escritura muda, jamás anulada

Para todo trayecto mantiene oculto su principio y su final

Bajo tu brazo el sol abre 180 grados respecto del ala del pájaro

Crece en silencio, vuela sin historia, afirma, hacia delante, el sol

Luego cae, se ahoga, indica un trazo que no viste en la autopista

de uno de sus destellos de cercana lejanía saco de ahí la insistencia

 

Te sé separado de la vida pero no de lo que vivirá

Cesen las luces y el agua y el veneno del sol muerto

 

 

 

Lógica de la oxidación

 

Entonces otra vez, como en tantas ocasiones, como siempre

Te detienes para avanzar en un mundo acabado

Fingiendo la impaciencia con que efectúas tus ejercicios de sombra

    en un cuarto oscuro

Conservando a un lado todo lo que configuró tus límites

-Lo que te diste a llamar “mi sistema de reconocimiento”-

Por si tus límites confluyeran en el crepitar de un objeto

Por si finalmente todo tuviera un correlato

 

Y es así que el mundo acabó y permanece todavía:

En el lapso cada vez mayor entre una incorporación y otra

En los razonamientos rotos cuyas orillas brillan por instantes

Desde donde sigues creyendo que lo que ves derribado son ruinas

Y no la inquebrantable confusión de otra justicia

 

 

 

Desde un hombro hundido

 

La palabra asistir significa estar entre tu espalda

   y el polvo

Sentarse en un mueble que se pudre bajo el sol

Dar un rodeo para acercarme a ti desde tu presencia

Mirando hacia delante si no estás

Pensar en un contramovimiento o tirar de ti para acomodar

   mis ojos

Corregir todo y salir del camino

Huir antes que buscar refugio, alejarse cuando aún se pueda

-Cuando todavía haya algo por qué alejarse-

 

 

 

Deleuze

 

MCMXCV La Vaca Multicolor , ciudad de arena amarilla

Observo el brillo mágico de las máquinas, su orden mudo

A mi lado se hunden treinta días invisibles

Lentamente se hunden en el agua casi congelada

Caen como agujas de abetos (pero los abetos son falsos)

Existe un zoológico en la nieve, un pájaro bajo la nieve

Treinta renglones para fijar la disolución:

Comienzan los rituales de control del hombre escrito

Piensa una mirada de gárgola sobre los tejados rotos

Respira académicamente contra un muro

-Contra el salitre que es sal que muerde-

Dispuesto a subir una escalera débilmente iluminada

Su cuerpo a punto de perder equilibrio o “propenso al

   desbordamiento”

Siempre atento a la fábula de la vida observen la navaja

   de afeitar en el lavabo

El periódico es ilegible sí pero hay luz tras las persianas

Son los cultos solares, la vibración del día técnico

 

 

 

Líneas de fuga para no ensordecer, lámpara lateral

    como cielo interior, viento consistente y metal enfermo

 

Es el hombre escrito, es el hombre escrito

Justo en el momento en que mejor sabe

Conoce el sauce en la nieve, el sauce de mañana

Los pensamientos de la vida junto a su cuerpo opaco

Amigos que su mirada o su mano podrían tocar

 

Solo con lo que ha destruido cada quien está solo con lo que ama

El fondo blanco de las palabras despeja lo que ve

La furia de los cuerpos entrampa lo que dice

Un punto de agua en la tierra apasionada detendría

    su caída

 

 

Salvador Gallardo Cabrera (Tanque de los huizaches, Aguascalientes, 1963). Ha publicado, entre otros, La mudanza de los poderes. De la sociedad disciplinaria a la sociedad de control (ensayo, Aldus, 2011), Estado de sobrevuelo (poesía, Bonobos, 2009), Sobre la tierra no hay medidauna morfología de los espacios– (ensayo, Libros del Umbral, 2008), Las máximas políticas del mar (ensayo, Colegio Nacional de Ciencias Políticas, 1998), Sublunar (poesía, JGH editores, 1997),  Cadencia y desprendimiento (INBA, 1983). Sus ensayos y poemas han sido recogidos y traducidos en antologías, revistas y suplementos literarios de México, Francia, España, Canadá, Estados Unidos y Rumania. Es miembro del consejo editorial de las revistas Sibila (Brasil) y de Tierra baldía (México). En 1983 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Joven. Es doctor en filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México donde es profesor en la Facultad de Filosofía y Letras y en la de Arquitectura.

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