Un poema de Aldo Pellegrini: El grito

 

 

Aldo Pelligrini

 

 

El grito

 

LA FUERZA

de una multitud que avanza

alguien que no quiere morir

cierra la puerta de la sombra

se disuelve la razón dominio de la sustancia irreal

el durmiente abandona su sueño un despojo

                    abrasador un aire feroz

el grito

                  tendido hacia un amanecer

el cuerpo poderoso de la destrucción

las caravanas recogen un Sol perdido

un vago pedido de socorro

acude

             la voz única

para encender la combinación de los mundos

 

No esperes más

tus pasos

                             te llevan en la dirección del grito

en la zona templada posa tu mano

la inmovilidad te excita

así alcanzas los límites de la exasperación

la inocencia inmutable no cede

 

Hay cambios en el tiempo del país repudiable

la lluvia contribuye al éxito de los mendigos

se arrebatan los despojos responsabilizan a los rebeldes

y abren con pasmosa maestría la puerta de la deslumbradora miseria

todo transcurre fuera del presente

los suicidas

                    prestan su apoyo desinteresado

Pero el grito impone su instrumento de discordia

Luz diáfana de la corrupción

los vencidos

                        acrecen su poderío

asciende el humo azulado de las privaciones

desciende

ocaso del Sol de la sabiduría

 

Más clara se hace la lucha iluminada por el

                       resplandor del odio

la ley del más allá se cumple en el más acá

                                                             mediante

la perversión del mundo real

insaciable voracidad de los cuerpos

nada puede detenerlos

                                          la multitud

invade el área melancólica del placer

se establece la justa distribución de las desdichas

 

No temas

                   todo volverá a ser como antes

una voz monótona siembra la vida feroz

la secular tradición de los amigos

la inmensa burla depositada en el altar del amor

se torna insostenible la palidez de los testigos

rostros enjutos

                             instantes no vividos

la variedad temblorosa de la espera

 

La muchedumbre se aparta del que todo lo perdona

la cosecha se pierde

se modifican acentuadamente los índices de

                          credulidad

el paisaje se marchita despojado de todo presente

intervienen los poderes públicos

                                                    el drama se reanuda

 

Los cuerpos inertes convergen hacia la calle desolada

los que nada tienen que ofrecer

héroes de la negativa dan el último paso sobre la Tierra

sin lumbre sin reflejos con palabras impronunciables

cada uno se asoma a su precipicio personal

el comienzo de una prolongada caída

 

Avanza el huracán de las imprecaciones

aquellos que todo lo poseen viven confinados

en la fortaleza de su vacío

el pensamiento se mantiene en equilibrio sobre

                          el espacio del terror

los buscadores de oro de la negación

llaman a la puerta eternamente

 

La lumbre del recuerdo oculta la presencia de un Sol extinguido

los campos cultivados conducen al área encantada de la indiscreción

donde ya nunca volverán a encontrarse

los seres vivos homologan las diferencias de su función disociativa

máquinas irreverentes pocilgas corteses

las modificaciones del juego cambian los caracteres

 

Pesadumbre de los pájaros en la ruta del tiempo interminable

no se ocultan convergen

hacia el delirio de la especia humana

un lento comienzo de invasiones

obliga al hábil calculador a modificar sus planes

 

La domesticación de los termómetros

oculta el ascenso de las temperaturas del deseo

los caballeros del aire y del agua renuncian a toda

                     esperanza

el vaho de la tierra oculta los pensamientos

                   impúdicos

 

Antiguos resplandores cambian el aspecto de las

                     figuras del drama

es necesario esperar el momento exacto

para utilizar los instrumentos de la violencia

cándidas señoras

desnudan su inocencia al pue de las estatuas

 

Y todo está perdido en polvo de vigilia

invade la distancia

sepulta la cálida ternura de los pasos

el calor cambia la dirección de la ausencia

los vivos renuncian al poder en favor de los muertos

y en su último momento

el Sol los perdona.

Aldo Pellegrini. Santa Fe, Argentina (1909-1973). Poeta, ensayista y crítico de arte. En 1926 fundó la revista Qué, en la que agrupó a poetas surrealistas. Participó en la fundación de otras revistas literarias como Ciclo (1948), A partir de Cero (1950), Letra y Línea (1954). En 1961 publicó su Antología de poesía surrealista de lengua francesa, la mejor muestra de esta vanguardia poética que ha circulado en lengua castellana. Entre sus muchos libros publicados están: El muro secreto (1949), La valija de fuego (1953), Construcción de la destrucción (1957), Para contribuir a la confusión general (una visión del arte, la poesía y el mundo contemporáneo) (1965), Distribución del silencio (1966), Antología de la poesía viva latinoamericana (1966), y (en edición posmortem) Escrito para nadie (1989).

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