Poemas de Mónica Zepeda

 

 

Mónica Zepeda

Selección poética

 

 

hombre, no me alcanzó el rosario para quedarme en vela toda la noche

ni me alcanzó la vela hasta que se cumpliera nuestro milagro

 

no me alcanzó la mente para concebir todo el engaño

ni me alcanzó un falso entierro para bombardear con flores el ataúd

 

no me alcanzó todo lo negro ni todo lo oscuro para vestir de luto este calendario

ni la sonrisa ajena de los cristianos para cargar, con gusto y con orgullo,

el óxido de los clavos que, con los años, se guareció en mi cruz

 

no me alcanzó la infancia para seguir guardando el asco que llevo a cuestas

ni me alcanzó la infamia que hay en tus manos para impedir que, ahora,

se abran mis labios y, en vez de maldecirte, pida tu redención

 

mira que no,

no me alcanzó la decepción para llorarte un charco

y, sólo, sola en ese entonces, me bastó una gota para ahogarme en el silencio

porque siendo niña, alguien me dijo y se lo creí, no tenía voto ni tenía voz

 

hombre, si tan solo fueses uno, pero es que tú eres varios

 

no me alcanzó el apellido para que se quedara en familia lo que es profano

ni me alcanzó la destreza para escribir un cuento infantil

con la historia de una niña a la que se le arrebató el renglón corrido

y se le impuso el verso de tajo

 

no me alcanzó la ficción ni la poesía, hombre, para hacerte saber que,

a pesar de ti y de mí, te sigo amando

sin brújula ni aguja ni espina ni corona ni coraje,

con la fe que aún me resta y la esperanza moribunda,

así, en gerundio, te sigo amando, y creo en ti

 

mira que no,

ya no soy la cría víctima de tus antojos

ni la mujer que Juana o algún donjuán han visto en mí

 

hombre, aunque no me perdones el eco,

yo te perdono de palabra y con el alma,

 

no sé si me alcanzará mi muerte, pero segura estoy

de que me alcanzará la vida para nombrarte en mayúsculas y

ponerle el punto al párrafo que dejé en suspenso,

una vez que dé un nuevo principio a este final

 

te atreves, hombre, a decirme: no soy digno de ti,

pero una palabra tuya bastará para sanarme

mira que sí, que yo te sano,

sabiendo que cualquier cosa que diga puede y será usada en mi contra,

de ahora en adelante, HOMBRE, me arriesgo a nombrarte en mayúsculas,

mira que sí, que me rehúso a guardar silencio, que yo te salvo

 

me alcanzarán la misericordia y la bondad

me alcanzará tu norte allá en mi sur

y siendo, HOMBRE, este, oeste o aquél,

la humanidad alcanzará su centro y su equilibrio

porque no solo el HOMBRE es quien ha fallado,

bien lo sé, no solo tú que eres tantos

sino la mujer que habita en mí y somos más

 

 

*

 

El momento llega a cualquier hora

y sólo marcha

si se fuga la memoria.

 

Quédate, oh, momento,

oh, memorable olvido.

 

Quédate en silencio o estruendoso.

Quédate invisible ante mis ojos.

Quédate palpable en mi memoria.

Quédate entre sueños desterrados.

Quédate insaciable y repetido.

Repetida e insaciablemente, quédate.

 

Oh, momento,

quédate siendo olvido.

 

 

Cuestión de soles

 

Soles/ sólo es un anillo

sólo eso, dirán

pero no.

 

Acaso duras penas,

duras porque apenas me doy cuenta,

que el mar flota, que el cielo nada, que nada es cielo sin tu amar.

Y es que el mar me quedó lejos/ y envenena ya la sal

porque sienten los peñascos tus pisadas hacia atrás,

porque apenas me doy cuenta

que en mi cielo no hay oleaje, que entre nubes te me ahogas

y en un llanto, explotan celos.

Lo sé/ los espermas/ viajan longevos,

viejos lunes, sábados y martes/ largo viaje

hacia Marte, a la Luna y sus aromas.

¿No iríamos a Roma?/ Eslovaquia o Lacanjá.

                   ¿Qué fue?

La canjeamos por mi profesión de bruja,

la maestría de futura esposa,

ama de casa/ sin escoba/ maldiciones de este tiempo despojante,

del deseo, del amar y la mar deleznable,

como estar a la intemperie/ por no ser tú/ ni acompañante.

Con nada por delante, con todos los recuerdos

Que transporta la corriente.

                   ¿Qué es?

La espera inquebrantable

de tus espumas tocando mi playa

de tu sal cicatrizando mi males,

del estático viento que calma mareas,

de los soles/ fugitivos soles.

               Ahora es cuando.

El sol es/ sólo es/ yo diría que lo es todo.

El compromiso que siempre ha estado dentro del mar,

el mar que me contiene,

el inestable, el loco, el enfermo, el psicópata,

el mediocre que al parecer no avanza,

pero el que siempre, siempre,

lucha contra todo para salir a flote y revienta en olas

para anclar sobre tus costas.

Cuando el horizonte nos despierte.

               ¿Qué será?

Será lo que deseemos

Porque/ aunque salados/ tenemos esteros,

aunque inestables/ estamos presentes,

aunque sumergidos/ flotamos,

y sobre todo porque

aunque mareados/ la corriente dirige nuestro amar,

y cuando hay mar,

los soles están,

sólo es

cuestión de evitar el naufragio.

Mónica Zepeda nació en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, en 1987. Licenciada en Literatura y Creación Literaria por el Centro de Cultura Casa Lamm. Directora Propietaria de Docecuartos Hotel. Pre certificada Meta-Coach por la International Society of Neuro-Semantics. Miembro del Seminario de Cultura Mexicana Capítulo San Cristóbal y de la Asociación de Escritores de Tapachula A. C. Autora de Si miento sobre el abismo. Su obra también ha sido incluida, entre otros, en la compilación Universo Poético de Chiapas, Itinerario del Siglo XX, Coneculta Chiapas, 2017; Antología Poetas en el Cosmovitral, H. Ayuntamiento de Toluca, 2018; Antología Grito de Mujer–Chiapas 2018, Biblioteca de las Grandes Naciones, País Vasco, 2018.

 

 

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