Muestra poética de Kenny Fries

 

Selección de poesía

Kenny Fries

 

BELLEZA Y VARIACIONES

 

1.

¿Qué se siente ser tan hermoso? Hundo

mis manos dentro de ti, salgo con —¿qué?

 

La belleza, aplicada al nacer, no se transfiere

a mis manos. Pero cada noche, tus manos

 

tocan mis cicatrices, levantan mis torcidas extremidades para

rozarlas contra tus labios. Labios que nunca

 

forman las palabras —eres hermoso— transforman

mis huesos deformes en —¿qué?—, si no es belleza.

 

¿Sólo uno de nosotros puede ser hermoso? ¿Ése es tu

plan? ¿Son tus piernas esculpidas más poderosas

 

cuando arremeten contra las mías? Tus manos encuentran su

                camino

dentro de mí, se friccionan contra mi corazón. Mira

 

tus manos. Pedazos de mi piel cuelgan desde

tus dedos. ¿Qué opinas de esto?

 

Tus manos, que conocen mis cicatrices, que me levantan

                    hasta tus

labios, ahora gotean con mi sangre. ¿Puede ser hermosa la

                    sangre?

 

2.

Quiero romper tus huesos. Hacerlo de manera

que se parezcan a los míos. Obligarte a caminar con

 

las piernas torcidas. ¿Tus labios aún rogarán

por los míos? ¿O eso romperá el equilibrio

 

de nuestro deseo? Aun cuando inspira, tu cuerpo

aterroriza. Y una vez más encuentro tus manos

 

dentro de mí. ¿Por qué tocas mis cicatrices? No

puedes hacerlas más hermosas, como no puedo yo tampoco

 

arrancarte la piel. Debajo de mis cicatrices,

entre mis huesos torcidos, se esconde mi corazón.

 

¿Por qué no me permites dejar mi marca? Sin

imperfecciones en tu piel —¿cómo puedo encontrar tu corazón?

 

3.

¿Cuánta belleza puede soportar una persona? Tu

piel suave no ofrece refugio alguno al peligro de tus ojos.

 

Mis manos te dejarían con cicatrices. Amasa los músculos

de tus muslos. Quiero rasgar tu piel, llegar a tu

 

interior —tus secretos firmemente guardados. Respira

profundo. Suéltalos. Deja que caigan en mis manos.

 

Mis secretos están sobre mi piel… ¿Será por eso que

cada noche te dejo ir muy adentro? ¿Es ahí

 

donde mi belleza reside? Tus ojos, sin secretos,

serían dos cicatrices. Quiero sellar tus ojos,

 

saben cada uno de mis defectos. Tu piel suave las heridas

del amor ignora. Mi piel no sana, es rugosa, carne viva.

 

4.

¿Quién puede arreglar mis huesos? Por la noche, tus manos

presionan mi piel. Mis pies contra tu pecho, tú moldeas

 

mis huesos torcidos. ¿Qué te atrae a mis piernas? No el

sexo. Lo que atrae tus dedos a mis cicatrices va más allá del

 

deseo. ¿Por qué persistes? ¿Por qué me tocas

como si mi piel fuera la tuya? Sella tus labios. Ningún beso

 

puede sanar estas heridas. Ninguna palabra endereza mis huesos.

La belleza es un dios de doble cara. Mientras tus dedos confortan

 

mis cicatrices, se raspan contra mi corazón. ¿Fue este

el plan del nacimiento —atar el deseo a mi dolor, para teñir el

 

toque del amor con sangre? Si mi piel no sana, ¿cómo

puedo escapar? Mis cicatrices tienen la forma de mi amor.

 

5.

¿De qué otra forma puedo saciar esta sed? Mis labios

descienden por tu espina dorsal, beben la suavidad

 

de tu piel. Estoy buscando el núcleo:

¿Qué es hermoso? ¿Quién decide? ¿Pueden desafiarse

 

las leyes de la naturaleza? Tu cuerpo me dice: ven,

acércate. Pero la belleza distancia aun cuando me

 

acerca. ¿Qué es lo que mi cuerpo desea del tuyo?

Mis piernas torcidas alrededor de tu cuello. Me echas

 

hacia atrás. Aun cuando no puedes darme los huesos

que al nacer no se me dieron, te dejo entrar muy adentro.

 

Tú me das —¿qué?— Descubriendo mi piel,

expones mis huesos faltantes. Y mi corazón, mucho

 

antes de que vinieras, igual de roto. No sé a quién

culpar. Así que cada noche, desnudo en la cama, mi cuerpo

 

no se quiere reparar, pero anhela inocencia. Si soy

inocente, a pesar de los defectos que me visten, soy hermoso.

 

(Traducción: María Vázquez Valdez y Andrés Millán Calhoun)

 

 

 

EL VIAJE EN CANOA

 

Estamos tratando de encontrar la cascada

—toda la tarde, a lo largo de las orillas

 

del lago, las llamadas agudas

de los colimbos (indicaciones imprecisas). Nosotros

 

pasamos por el canal —poco profundo, silencioso.

Exploras las formas retorcidas de los árboles,

 

sumergidos, y cuando casi golpeamos una roca—

me dices confía en mí. Me siento en el fondo

 

de la canoa, tú metes el remo y

equilibras, cada mano sujetando un lado, tu

 

cuerpo sobre el mío, me besas. Las nubes se

mueven rápido por el cielo. Un disparo

 

hace ecos. Nos amarras y sobre un montículo

de césped sembrado de hojas, hacemos el

 

amor hasta que el viento sopla demasiado frío. Se está

haciendo tarde, debemos volver a casa, pero quiero

 

ver la cascada. ¿La oyes mientras

remamos, lentamente, a través de los lirios?

 

De repente, una garza real, del azul más pálido —parece

prehistórica— inicia su vuelo torpe.

 

Veo tus ojos cuando la miras —el agua

espumosa— ahora puedo verla, también, el camino

 

estrecho entre las rocas. Nos dejamos ir a la

deriva. El pulso del agua nos lleva

 

a donde nos lleva. Así que, así es como es

finalmente llegas a tu destino.

 

Pero esto aún no ha terminado —(no ha terminado todavía)—

mientras emprendemos el camino a casa, la puesta del

 

sol sobre el agua detrás de ti —oh, cómo

deslumbra— y luego, solo, me pregunto

 

cómo tanto detalle, cada sentido desencadenando el siguiente,

eleva nuestras vidas más allá de la mera descripción.

 

¿Cuántas veces volveré, como esa garza

solitaria —(un viudo, me han dicho)— a esa caleta y

 

veré la cascada como la vi por primera vez —en la mirada

en tus ojos. Antes de dormir, recuerdo tu

 

confesión antes de que pasáramos a través de ese primer

canal: Se me olvida cuánto hay bajo

 

el agua que no podemos ver, dijiste. Y yo veo

el agua ahora oscura —cómo se mueve debajo de mi cama.

 

(Traducción: María Vázquez Valdez y Andrés Millán Calhoun)

 

 

 

EXCAVACIÓN

 

Esta noche, cuando me quite los zapatos:

tres dedos en cada pie torcido.

 

Toco la piel áspera. Los hoyos

donde estaban los clavos. Las cicatrices.

 

Si los toco lo suficiente, ¿encontraré

a aquellos que nunca me han tocado? ¿O a aquellos

 

que sí? Fenómeno, enano, bastardo de

tres dedos. Palabras que siempre he escuchado.

 

Minusválido, lisiado, deforme. Palabras

que me dieron. Pero esta noche regreso

 

más lejos, quiero más, desgarrarme, adentrarme más

en mi piel. Pelándola revelo

 

los huesos que al nacer no se me dieron

—el lugar donde nadie pronuncia ni una palabra.

 

(Traducción: María Vázquez Valdez y Andrés Millán Calhoun)

 

 

 

LENGUAJE CORPORAL

 

¿Qué es una cicatriz, sino el recuerdo de una herida una vez abierta?

Presionas tu dedo entre los dedos de mi pie, deslizas

 

el jabón hacia arriba, a un costado de mi pierna, hasta que alcanzas

la cicatriz con los dos orificios, donde estaban los pernos

 

incrustados hace veinte años. Inclinándome hacia atrás,

recuerdo cómo saqué el metal de la pierna, cómo

 

con un jalón desde la cintura, me arrastré

fuera de mi habitación para mostrar a mis padres lo que había hecho.

 

Tu mano en mi cicatriz me lleva de regreso a la bañera

y quiero preguntarte: ¿Qué sientes

 

cuando me tocas ahí? Quiero que me preguntes:

¿qué estás sintiendo ahora? Pero no hablamos.

 

Tiras el jabón en el agua y continúo

bañándome, solo. ¿Sabes que mi padre

 

me lavaría los pies, como lo haces tú, como si fuera

lo más natural? Pero hasta ahora, he permitido

 

que sólo dos pares de manos me toquen ahí,

y sean el ungüento para lo que todavía se siente como una herida abierta.

 

La piel se ha curado, pero las cicatrices se hacen más profundas.

Cuando las tocas, ¿qué te dicen de mi vida?

 

(Traducción: María Vázquez Valdez)

Kenny Fries nació en 1960. Sus libros de poemas incluyen Anesthesia y Desert Walking. Es autor de The History of My Shoes and the Evolution of Darwin’s Theory, que recibió el Premio para Libros Sobresalientes del Centro Gustavus Myers para el Estudio de la Intolerancia y los Derechos Humanos, y Body, Remember: A Memoir, así como editor de Staring Back: The Disability Experience from the Inside Out. Recibió la beca para literatura innovadora de la fundación Creative Capital, fue becario en artes creativas de la Comisión Japón-Estados Unidos, y becario Fulbright en Japón. Enseña en el programa de escritura creativa de la maestría en Bellas Artes del Colegio Goddard. En 2017 sus poemas fueron incluidos en la compilación 12 Poetas. Antología de nuevos poetas estadounidenses, realizada por la poeta Margaret Randall, y publicada por las editoriales independientes La Herrata Feliz y MarEs DeCierto Ediciones.

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