Ocho poemas de Henry David Thoreau

 

En la segunda mitad del siglo XIX se ensayaron diversos análisis y programas para captar las especificidades del capitalismo industrial, y para buscar vías alternas a su organización depredadora y planetaria. Se planteó un nuevo mundo industrial y societario (Fourier), se potenció una analítica del capital que entroncaba con la vía socialista y el destino comunista (Marx), se exploraron diversos modos anarquistas (Stirner, Bakunin), se postuló una corrección positivista al capitalismo (Compte), y surgieron temores por el rumbo omniabarcante de la técnica (Butler). Así, se soñó con la unidad, se acentuaron los extremos hasta el absoluto, se quiso mostrar la naturaleza en su plenitud con sus fuerzas atemorizantes y discordantes.

En un camino de herradura, subsidiario de las carreteras principales y de las vías del ferrocarril, en el extrarradio de la ciudad de Concord y de la Universidad de Harvard, justo en las comisuras del bosque y el lago de Walden, Henry David Thoreau (1817-1962) gestó una experimentación diferente: hacer una inflexión sobre sí, dislocar los espacios constituidos a su alrededor, y convertirse en un caminante de la naturaleza. “Vivir una vida primitiva y de exploración”, explicaba, “aunque en el centro de una civilización, sólo para aprender cuáles son las necesidades más importantes de la vida y cuáles han sido los métodos que se han utilizado para cubrirlas”.

Thoreau no construyó una cabaña para retirarse de la sociedad, sino planteó una contracabaña de resistencia. Lo que buscaba era generar una economía vital, salir de lo socialmente aceptable y marcar una resistencia al gobierno, a las instituciones y a la autoridad del saber universitario, por medio de una nueva manera de gobernarse a sí mismo.

Thoreau es reconocido por obras como Walden, sus Diarios (desde los que trabajó John Cage) y por ensayos como “Desobediencia civil” y “Una vida sin principios” (que fueron los soportes teóricos de Gandhi y de Martin Luther King, así como de varios grupos ecologistas contemporáneos). Sus poemas, en cambio, no han recibido gran atención, y menos aún en nuestro idioma. En las antologías de poesía estadounidense editadas en español se suele dejar fuera a Thoreau. Detrás, Longfellow, Poe y Emerson; delante Whitman y Emily Dickinson. Incluso un poeta con registros cercanos a la elegía como Agustí Bartra dejó fuera a Thoreau en la antología que preparó para la colección Nuestros Clásicos de la UNAM. Considero que Henry David Thoreau era un mucho mejor poeta que Emerson, por ejemplo, aunque tal vez nos distraiga cierto patetismo y tono visionario que le son muy cercanos. Ojalá que estas bellas versiones de David Noria sirvan para ir al encuentro de Thoreau, el poeta.

Salvador Gallardo Cabrera

 

 

Ocho poemas de Henry David Thoreau (1817-1862)

Selección y traducción de David Noria

 

Para John Francis

 

 

 

*

 

Gran Dios, no pido por menor moneda

que a mí mismo no decepcionarme,

y que a tal altura mi actuar ascienda

cual columbro con visión certera.

 

Y después pido, tu gracia lo otorgue,

poder decepcionar a mis amigos,

pues no saben con qué don enorme

te has querido obsequiar conmigo.

 

 

Que mi débil mano iguale mi firme hado;

sea más prolijo que mi lengua, el brazo;

y no muestre mi conducta,

ni este poema que acaba,

que ignoraba yo tu ruta,

o que tu voluntad exageraba.

 

 

 

INDEPENDENCIA

 

Mi vida es más civilizada y libre

que cualquier política.

 

Los príncipes retienen sus dominios,

su poder bien circunscrito;

pero mis sueños son más grandes

y más rico es este instante.

 

¿Qué pueden darme, de que yo carezca?

¿Qué pueden quitarme, que yo posea?

¿Al que no corre peligro, pueden defender?

¿Podrán heredar mi desnudez?

 

A toda necesidad real el tiempo es sordo.

Los tacaños Estados niegan socorro

extraído de sus tesoros,

pero un corazón libre –gracias a Dios–

puede ayudarse solo.

 

Asegúrate que tu destino

mantenga reservado su estado

–alejado de cualquier partido

e incluso de los alabados–.

 

En campaña y armado de oro

no tiene conquistados territorios,

pero prima sobre aquellos su hidalguía

pues lucha guerra noble, sin porfía.

Su trompeta convoca una fuerza mejor,

su armadura refleja un brillo mayor.

 

Me he propuesto vivir una vida

que ningún hombre me propuso;

no hay comercio en las avenidas

que la tenga expuesta para el uso.

 

 

 

*

 

¿Qué es para mí el ferrocarril?

Nunca voy a ver

dónde deja de correr.

Llena ciertos espacios;

para las golondrinas crea bancos;

a la arena hace volar,

y a la zarzamora brotar.

 

 

 

*

 

No es mi sueño

adornar el verso.

No puedo estar más cerca de Dios y el Cielo

que en Walden, donde tengo mi aposento.

Yo soy su costa rocosa

y su brisa venturosa.

En la concavidad de mi palma

su agua y arena descansan,

y su refugio secreto

está en mi alto pensamiento.

 

 

 

*

 

La amabilidad verdadera es pura y divina afinidad.

No se halla en la humana consanguinidad.

Es un espíritu, no una sanguínea relación:

superior a la familia y a la estación.

 

 

 

*

 

Mi vida ha sido el poema que yo hubiera escrito.

Pero no pude ambas, vivirla y haberla descrito.

 

 

 

*

 

La muerte no puede llegar muy pronto

donde quiera que puede llegar.

Pero siempre es demasiado tarde,

a menos que llame al destino.

 

 

 

*

 

Los hombres dicen conocer muchas cosas,

¡pero vaya que se han dado alas

científicas y artificiosas

para aplicaciones varias!

El viento que sopla venturoso

es aquello que conocen todos.

 

 

 

*

Great God, I ask thee for no meaner pelf

Than that I may not disappoint myself,

That in my action I may soar as high,

As I can now discern with this clear eye.

 

And next in value, wich thy kindness lends,

That I may greatly disappoint my friends,

Howe’er they think or hope that it may be,

They may not dream how thou’st distinguished me.

 

That my weak hand may equal my firm fate,

And my practice more than my tongue saith;

That my low conduct may not show,

Nor my relenting lines,

That I thy purpose did not know,

Or overrated thy designs.

 

 

 

INDEPENDENCE

 

My life more civil is and free
Than any civil polity.

Ye princes keep your realms
And circumscribed power,
Not wide as are my dreams,
Nor rich as is this hour.

What can ye give which I have not?
What can ye take which I have got?
Can ye defend the dangerless?
Can ye inherit nakedness?

To all true wants time’s ear is deaf,
Penurious states lend no relief
Out of their pelf–
But a free soul –thank God–
Can help itself.

Be sure your fate
Doth keep apart its state–
Not linked with any band–
Even the noblest of the land

In tented fields with cloth of gold–
No place doth hold
But is more chivalrous than they are.
And sigheth for a nobler war;
A finer strain its trumpet rings–
A brighter gleam its armor flings.

The life that I aspire to live
No man proposeth me–
No trade upon the street
Wears its emblazonry.

 

 

 

*

 

What’s the railroad to me?

I never go to see

Where it ends.

It fills a few hollows

And makes banks for the swallows,

It sets the sand a-blowing

And the blackberries a-growing.

 

 

 

*

 

It is no dream of mine,

To ornament a line;

I cannot live nearer to God and Heaven

Than I live to Walden even.

I am its stony shore,

And the breeze that passes o’er;

In the hallow of my hand

Are its water and its sand

And its deepest resort

Lies high in my thought.

 

 

 

*

 

True kindness is a pure divene affinity,

Not founded upon human consanguinity.

It is a spirit, not a blood relation,

Superior to family and station.

 

 

 

*

 

My life has been the poem I would have writ,

But I could not both live and utter it.

 

 

 

*

 

Death cannot come too soon

Where it can come at all.

But always is too late

Unless the fates it call.

 

 

 

*

 

Men say the know many things;

But lo! they have taken wings,-

The arts and sciences,

And a thousen appliances;

The wind that blows

Is all any body knows.

 

[1]

David Noria (ciudad de México, 1993) ha publicado traducción de poesía en Minerva, Journal of Classical Translation (Dublin) y Literal. Latin American Voices (México).

Salvador Gallardo Cabrera (Tanque de los huizaches, Aguascalientes, 1963). Ha publicado, entre otros, La mudanza de los poderes. De la sociedad disciplinaria a la sociedad de control (ensayo, Aldus, 2011), Estado de sobrevuelo (poesía, Bonobos, 2009), Sobre la tierra no hay medida –una morfología de los espacios– (ensayo, Libros del Umbral, 2008), Las máximas políticas del mar (ensayo, Colegio Nacional de Ciencias Políticas, 1998), Sublunar (poesía, JGH editores, 1997),  Cadencia y desprendimiento (INBA, 1983). Sus ensayos y poemas han sido recogidos y traducidos en antologías, revistas y suplementos literarios de México, Francia, España, Canadá, Estados Unidos y Rumania. Es miembro del consejo editorial de las revistas Sibila (Brasil) y de Tierra baldía (México). En 1983 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Joven. Es doctor en filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México donde es profesor en la Facultad de Filosofía y Letras y en la de Arquitectura.

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