Poemas de Sylvia Plath

Los poemas que a continuación se presentan son versiones de Paulina Vinderman y forman parte del libro Tulipanes (2011) editados por la Universidad Autónoma de Nuevo León y la Capilla Alfonsina.

 

 

 

Sylvia Plath

Traducción Paulina Vinderman

 

 

Tulipanes

 

Los tulipanes son demasiado excitables, es invierno aquí.

Miren qué blanco está todo, qué tranquilo, qué nevado.

Estoy aprendiendo sosiego, yaciendo sola, tranquilamente,

como la luz yace sobre esas blancas paredes, esta cama, estas manos.

No soy nadie; no tengo nada que ver con explosiones.

He dado mi nombre y mi ropa de diario a las enfermeras

y mi historia al anestesista y mi cuerpo a los cirujanos.

 

Me han apuntado la cabeza entre la almohada y el doblez de la sábana

como un ojo entre dos párpados blancos que no quieren cerrarse.

Estúpida pupila, tiene que absorber todo.

Las enfermeras pasan y pasan, no son problema,

pasan como las gaviotas pasan tierra adentro en sus blancas cofias,

haciendo algo con las manos, una igual a la otra,

así que es imposible decir cuántas hay.

 

Mi cuerpo es un guijarro para ellas, lo cuidan como el agua

cuida a los guijarros sobre los que debe correr, puliéndolos suavemente.

Me traen sopor en sus brillantes agujas, me traen sueño.

Ahora que me he perdido a mí misma estoy harta de equipaje,

mi bolso de noche de charol como una negra caja de píldoras,

mi marido y mi hija sonriendo desde la foto de familia;

sus sonrisas se me enganchan a la piel, pequeños garfios sonrientes.

 

He dejado a las cosas deslizarse, un carguero de treinta años

tozudamente aferrado a mi nombre y dirección.

Me han limpiado de mis asociaciones amorosas.

Asustada y desnuda sobre la camilla con almohada de plástico verde

vi mi juego de té, mis cajones de ropa blanca, mis libros

hundirse hasta desaparecer, y el agua cubrió mi cabeza

soy una monja ahora, nunca he sido tan pura.

 

No quería flores, solo quería

yacer con las manos vueltas hacia arriba y estar totalmente vacía.

Cuán libre es, no tienen idea de cuál libre es.

La paz es tan grande que te deslumbra,

Y no pide nada, una tarjeta de identificación, unas pocas chucherías.

Es a lo que los muertos se aferran finalmente; las imagino

cerrando su boca sobre ella, como una hostia.

 

Los tulipanes son, ante todo, demasiado rojos, me hieren.

Aun a través del papel de regalo los oía respirar

Ligeramente, a través de sus pañales blancos, como un horrible bebé.

Su rojo habla a mi herida, ella corresponde.

Sus asuntos: parecen flotar aunque me empujan hacia abajo,

trastornándome con sus súbditas lenguas y su color,

una docena de rojos lastres de plomo alrededor de mi cuello.

 

Nadie me vigilaba antes, ahora soy vigilada.

Los tulipanes se vuelven hacia mí, y la ventana detrás de mí

donde una vez al día la luz lentamente se ensancha y lentamente adelgaza,

y me veo, chata, ridícula, una sombra de papel recortado

entre el ojo del sol y los ojos de los tulipanes,

y no tengo rostro, he querido borrarme

los vívidos tulipanes se comen mi oxígeno.

 

Antes de que llegaran el aire era suficientemente calmo,

yendo y viviendo, respiración por respiración, sin ningún alboroto.

Entonces los tulipanes lo llenaron como un ruido fuerte.

Ahora el aire se enreda y se arremolina alrededor de ellos del mismo modo que un río

se enreda y se arremolina alrededor de un motor hundido rojo herrumbre.

Ellos concentran mi atención, que estaba feliz

jugando y descansando, sin comprometerse.

 

Las paredes, también, parecen estar calentándose.

Los tulipanes tendrían que estar entre rejas como animales peligrosos,

se están abriendo como la boca de un gran gato africano,

y soy consciente de mi corazón: abre y cierra

su bol de rojas flores por puro amor por mí.

El agua que pruebo es cálida y salada, como el mar,

y llega de un país tan lejano como la salud.

 

 

 

Olmo

 

Conozco el fondo, dice. Lo conozco por mi gran raíz profunda:

Es lo que temes.

Yo no lo temo: he estado allí.

 

¿Es el mar lo que oyes en mí,

Sus insatisfacciones?

¿O la voz de la nada que fue tu locura?

 

El amor es una sombra.

Cómo mientes y lloras tras él.

Escucha: ésos son sus cascos, se ha ido,

como un caballo.

 

Galoparé toda la noche, impetuosamente,

Hasta que tu cabeza sea una piedra, tu almohada el césped

Resonando, resonando.

 

¿O he de traerte el ruido de los venenos?

Ahora es la lluvia, esta alta quietud.

Y éste es su fruto: blanco hojalata, como arsénico.

 

He sufrido la atrocidad de los crepúsculos.

Abrasado hasta la raíz

Mis rojos filamentos arden y resisten, un puñado de alambres.

 

Ahora me rompo en pedazos que vuelan como garrotes.

Un viento de tamaña violencia

No tolerará espectadores: debo chillar.

 

La luna también es despiadada: ella me arrastraría

Cruelmente, ella que es árida.

Su esplendor me desgarra. O quizás la he atrapado.

 

La dejo. La dejo ir

Disminuida y plana, como después de una extirpación total.

Cómo tus malos sueños me poseen y enriquecen.

 

Estoy habitada por un grito.

Por las noches aletea

Buscando, con sus garras, algo para amar.

 

Me aterroriza esa cosa oscura

Que duerme en mi interior;

Todo el día siento sus suaves, plumosos giros, su malignidad.

 

Las nubes pasan y se dispersan.

¿Son ésas las caras del amor, esas pálidas irreparabilidades?

¿Es por eso que agito mi corazón?

 

Soy incapaz de más conocimiento.

¿Qué es eso, esta cara

Tan asesina en su estrangulación de ramas?

 

Su ácido beso de serpiente.

Petrifica la voluntad. Ésas son las aisladas, lentas culpas

Que matan, matan, matan.

 

 

 

El ahorcado

 

Por las raíces de mi pelo algún dios me atrapó.

Chisporroteo en sus varios azules como un profeta del desierto.

 

Las noches se cerraron de golpe como los párpados de un lagarto.

Un mundo de calvos blancos días en un cuenco sin sombras.

 

Un aburrimiento de buitre me clavó en este árbol.

Si él fuera yo, haría lo que hice.

 

 

 

Tulips

 

The tulips are too excitable, it is winter here.

Look how white everything is, how quiet, how snowed-in.

I am learning peacefulness, lying by myself quietly

As the light lies on these white walls, this bed, these hands.

I am nobody; I have nothing to do with explosions.

I have given my name and my day-clothes up to the nurses

And my history to the anesthetist and my body to surgeons.

 

They have propped my head between the pillow and the sheet-cuff

Like an eye between two white lids that will not shut.

Stupid pupil, it has to take everything in.

The nurses pass and pass, they are no trouble,

They pass the way gulls pass inland in their white caps,

Doing things with their hands, one just the same as another,

So it is impossible to tell how many there are.

 

My body is a pebble to them, they tend it as water

Tends to the pebbles it must run over, smoothing them gently.

They bring me numbness in their bright needles, they bring me sleep.

Now I have lost myself I am sick of baggage——

My patent leather overnight case like a black pillbox,

My husband and child smiling out of the family photo;

Their smiles catch onto my skin, little smiling hooks.

 

I have let things slip, a thirty-year-old cargo boat

stubbornly hanging on to my name and address.

They have swabbed me clear of my loving associations.

Scared and bare on the green plastic-pillowed trolley

I watched my teaset, my bureaus of linen, my books

Sink out of sight, and the water went over my head.

I am a nun now, I have never been so pure.

 

I didn’t want any flowers, I only wanted

To lie with my hands turned up and be utterly empty.

How free it is, you have no idea how free——

The peacefulness is so big it dazes you,

And it asks nothing, a name tag, a few trinkets.

It is what the dead close on, finally; I imagine them

Shutting their mouths on it, like a Communion tablet.

 

The tulips are too red in the first place, they hurt me.

Even through the gift paper I could hear them breathe

Lightly, through their white swaddlings, like an awful baby.

Their redness talks to my wound, it corresponds.

They are subtle : they seem to float, though they weigh me down,

Upsetting me with their sudden tongues and their color,

A dozen red lead sinkers round my neck.

 

Nobody watched me before, now I am watched.

The tulips turn to me, and the window behind me

Where once a day the light slowly widens and slowly thins,

And I see myself, flat, ridiculous, a cut-paper shadow

Between the eye of the sun and the eyes of the tulips,

And I have no face, I have wanted to efface myself.

The vivid tulips eat my oxygen.

 

Before they came the air was calm enough,

Coming and going, breath by breath, without any fuss.

Then the tulips filled it up like a loud noise.

Now the air snags and eddies round them the way a river

Snags and eddies round a sunken rust-red engine.

They concentrate my attention, that was happy

Playing and resting without committing itself.

 

The walls, also, seem to be warming themselves.

The tulips should be behind bars like dangerous animals;

They are opening like the mouth of some great African cat,

And I am aware of my heart: it opens and closes

Its bowl of red blooms out of sheer love of me.

The water I taste is warm and salt, like the sea,

And comes from a country far away as health.

 

 

 

Elm

 

I know the bottom, she says. I know it with my great tap root:

It is what you fear.

I do not fear it: I have been there.

 

Is it the sea you hear in me,

Its dissatisfactions?

Or the voice of nothing, that was your madness?

 

Love is a shadow.

How you lie and cry after it

Listen: these are its hooves: it has gone off, like a horse.

 

All night I shall gallop thus, impetuously,

Till your head is a stone, your pillow a little turf,

Echoing, echoing.

 

Or shall I bring you the sound of poisons?

This is rain now, this big hush.

And this is the fruit of it: tin-white, like arsenic.

 

I have suffered the atrocity of sunsets.

Scorched to the root

My red filaments burn and stand, a hand of wires.

 

Now I break up in pieces that fly about like clubs.

A wind of such violence

Will tolerate no bystanding: I must shriek.

 

The moon, also, is merciless: she would drag me

Cruelly, being barren.

Her radiance scathes me. Or perhaps I have caught her.

 

I let her go. I let her go

Diminished and flat, as after radical surgery.

How your bad dreams possess and endow me.

 

I am inhabited by a cry.

Nightly it flaps out

Looking, with its hooks, for something to love.

 

I am terrified by this dark thing

That sleeps in me;

All day I feel its soft, feathery turnings, its malignity.

 

Clouds pass and disperse.

Are those the faces of love, those pale irretrievables?

Is it for such I agitate my heart?

 

I am incapable of more knowledge.

What is this, this face

So murderous in its strangle of branches?——

 

Its snaky acids hiss.

It petrifies the will. These are the isolate, slow faults

That kill, that kill, that kill.

 

 

 

The Hanging Man

 

By the roots of my hair some god got hold of me.

I sizzled in his blue volts like a desert prophet.

 

The nights snapped out of sight like a lizard’s eyelid:

A world of bald white days in a shadeless socket.

 

A vulturous boredom pinned me in this tree.

If he were I, he would do what I did.

Paulina Vinderman Nació en Buenos Aires en 1944. Publicó los siguientes libros de poesía: «Los espejos y los puentes» (ed.Buenos Aires Sur, 1978), «La otra ciudad» (ed.Botella al Mar,1980), «La mirada de los héroes» (ed.Botella al Mar, 1982), «La balada de Cordelia» (Fundación Argentina para la poesía, 1984), «Rojo junio» (Literatura Americana Reunida, 1988) , «Escalera de incendio» (ed.Último Reino», 1994.) y «Bulgaria»(Libros de Alejandría, 1998). Obtuvo la Faja de Honor de la SADE (1988) el Tercer Premio Municipal Ciudad de Buenos Aires (bienio 1988-89) y el Premio Nacional Regional de la Secretaría de Cultura de la Nación,cuatrienio 93-96. Ha sido incluída en numerosas antologías y traducida al inglés, al italiano y al alemán. Ha colaborado(con poemas, artículos y reseñas literarias) en publicaciones del país y del exterior: La Nación (Bs. As.), La Prensa (Bs. As.), Clarín (Bs. As.), El Espectador (Bogotá, Colombia), Hora de Poesía (España), Babel (Bs. As.), Babel (Venezuela), Diario de Poesía (Bs. As.), Intramuros (Bs. As.), Hispamérica (USA), entre otras. Colaboró con Nina Anghelidis en la traducción al castellano de » Votos por Odiseo», de la poeta griega Iulita Iliopulo, próximo a ser editado por la Universidad de Granada, España.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *